America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Los dueños del relato salvaje -por Roberto Caballero


Los dueños del relato salvaje

Quiénes son los economistas más consultados en la radio y la TV argentinas para fabricar, desde la hegemonía comunicacional, las expectativas de todos. Manipulación, reinvención y nostalgias de los 

Ránking - Melconián, D
Ránking – Melconián, D
 

En plena crisis con los fondos buitre, la consultora Ejes de Comunicación relevó cuáles fueron los especialistas en economía más consultados en la radio y la televisión del país, durante julio y agosto. Aunque parezca sorprendente, una década después de heterodoxia kirchnerista con índices más o menos favorables en la materia, la interpretación de los escenarios financieros y el manejo de las expectativas económicas sigue claramente hegemonizado por nostálgicos de los ’90. En algunos casos se trata de ex funcionarios de malos gobiernos. En otros, de columnistas habituales del diario conservador La Nación. Y, los menos, son críticos con mayor o menor saña de las decisiones oficiales.

Aunque difundido de manera incompleta, el estudio de Ejes señala que el más solicitado por los medios relevados fue Carlos Melconian: apareció 40 veces en programas de radios y televisión, entre los que se destacan los de Radio Mitre (ocho veces), de Canal 26 (siete), de FM Millenium y de La Red (cinco veces en cada una). En todos ellos, valga la aclaración aunque sea obvia, Melconian –de quien unas líneas más abajo se adosa una minibiografía– dijo que había que pagarles a los fondos según el fallo de Thomas Griesa.

Segundo en el podio, increíblemente, aparece Agustín D’Atellis, un kirchnerista. Participó de 31 programas, con Canal 26 a la cabeza (cinco oportunidades), CN23 (cuatro), Radio 10 y Del Plata (tres). En todos ellos, D’Attellis salió a decir que no había que preocuparse por el fallo Griesa, que éste no debía afectar la vida cotidiana de la gente y que no estaba de acuerdo con sentarse a negociar y pagar, ya que el impacto sería gravísimo.

La incidencia de la concentración en la formación de precios ha significado, entre 2001 y 2010, que los precios de las industrias oligopólicas (Ramas Altamente Concentradas) se incrementaran un 7,6% por encima del promedio sectorial.
El primero, un liberal. El segundo, un kirchnerista. Pero acá es donde se rompe toda fantasía de equilibrio entre miradas antagónicas y comienza el proceso de concentración que va a terminar direccionando la opinión en un sentido único. Porque el tercer lugar fue compartido por José Luis Espert y Daniel Artana, ambos con 22 apariciones. Espert, muy crítico del kirchnerismo y del peronismo en general, participó sobre todo en emisiones de Radio El Mundo (siete veces), de Canal 26 y de FM Identidad (tres). Siempre recomendando pagarles a los buitres y hablando de default. Artana, a su turno, espada mediática de FIEL, se destacó en sus irrupciones en FM Millenium y Radio Mitre (cuatro veces), y en Radio El Mundo, FM Identidad y Rivadavia (tres). En todos los casos, pidió sentarse con los buitres a negociar. Los siguientes fueron Orlando Ferreres, Aldo Pignanelli, Ricardo Delgado, Matías Tombolini, Martín Tetaz, Guillermo Nielsen y Nicolás Dujovne.

Lo que sigue son breves biografías que permiten saber desde qué lugar hablan los más requeridos por los medios relevados por Ejes, a la hora de explicar qué es lo que sucede en materia económica.

Carlos Melconian: militante entusiasta de la gestión cavallo-menemista en el pasado, hoy es una de las principales espadas económicas del macrismo, partido del que fue candidato. Sobre los años ’90, dejó dicho: “Se trató del período más prolongado y de mayor expansión económica” de la historia. En homenaje a la década perdida, escribió el libro Recuperar la ilusión, donde añora la Convertibilidad. Según el periodista financiero Maximiliano Montenegro -ex Página/12, actual Canal 26-, “fue uno de los principales responsables de legalizar el proceso de estatización de la deuda externa privada, que ideó Domingo Cavallo como presidente del Banco Central de la dictadura. Según consta en los documentos oficiales –siempre según Montenegro–, el joven Melconian, como jefe del Departamento de Deuda Externa de esa entidad, archivó las investigaciones sobre fraudes cometidos por multinacionales y grupos económicos locales con los seguros de cambio a principios de los ’80. El equipo de auditores del Central había detectado autopréstamos, créditos ficticios y otras maniobras dolosas por 6000 millones de dólares. Sin embargo, esas operaciones cuestionadas fueron registradas como legítimas y cargadas a la deuda pública argentina con la invaluable colaboración de Carlos Melconian”. Jorge Lanata, antes de trabajar en el Grupo Clarín S.A., lo cuestionó en su programa por fugar 2,3 millones de dólares al exterior. En las elecciones del 2003, Menem lo tenía en carpeta como ministro de Economía en un eventual retorno suyo a la Casa Rosada. Hábil comunicador, descontracturado en sus formas, suele pasearse por los canales de TV dando cátedra neoliberal, como si no tuviera pasado. Lo hace, semanalmente, como columnista del programa de Marcelo Longobardi, por Radio Mitre, del Grupo Clarín S.A., que tiene la mitad del share de la AM metropolitana.

Agustín D’Atellis: proviene de La Gran Makro. Es especialista en Macroeconomía y Finanzas y profesor de la UBA y la Universidad de Moreno. Junto a Fernanda Vallejos, Alejandro Robba, Andrés Asiain (a quien una funcionaria del PRO en la UBA le quitó recientemente su cátedra) y Santiago Fraschina, integra el grupo de jóvenes expertos que adscriben al modelo económico de la última década.

José Luis Espert: está denunciado ante la UFI 4 de Pergamino, especializada en “violencia de género”, por publicar un tuit donde llamó “hija de puta” a Florencia Kirchner, hija de la presidenta. Tiene un máster en Economía en la Universidad del CEMA. Trabajó junto a Miguel Angel Broda, y fue socio de José María Dagnino Pastore –ministro de Economía de dos dictaduras, la de Onganía y la de Bignone– y Adolfo Sturzenneger –padre de Federico– en la consultora Econométrica S.A. Según la Fundación Libertad y Progreso, liderada por el ex menemista Aldo Abram y Manuel Solanet –secretario de Hacienda de Martínez de Hoz–, es “un apasionado defensor del libre mercado”. El sitio servicial Urgente 24 recogió con algarabía una propuesta suya, de hace muy poquito: “Hay que echar empleados públicos y bajar sueldos.” Escribe en La Nación.

Daniel Artana: hombre de FIEL –fundación financiada por Telefónica y Telecom, entre otras empresas–, fue funcionario en Economía durante la efímera gestión de Ricardo López Murphy, junto a Solanet. Antes de asumir como virtual viceministro de Economía de la Alianza, declaraba: “Si uno mira los números del desempleo en la Argentina, se ve que está concentrado en la gente de baja calificación. Y no es agradable lo que voy a decir, pero es de sentido económico: si el desempleo es muy alto es porque los salarios son muy altos. ¿Qué es lo que pone un piso allí? Que tenemos gente de muy baja calificación empleada en los sectores públicos provinciales y municipales y ganando sueldos que son el doble de lo que les paga el sector privado en esa misma provincia por 48 horas semanales en empleos similares. Lo que impide generar los puestos de trabajo es que está todo el mundo esperando la beca del Estado.” Escribe en La Nación.

Orlando Ferreres: ex secretario de Coordinación Económica durante el primer gobierno de Menem, cargo al que llegó de la mano del entonces Grupo Bunge & Born. Actualmente se desempeña en su consultora, Orlando Ferrreres & Asociados. En 2012, dejó por escrito: “El populismo se caracteriza, principalmente, por generar altas expectativas de consumo a la población con el objetivo de obtener más votos en las elecciones, sin embargo, dichas expectativas van más allá de lo posible. Este tipo de comportamiento genera crisis periódicas, crisis que llegan cuando las promesas consumistas ya no pueden cumplirse dado que las inversiones en infraestructura, energía e industrias no fueron hechas a tiempo. Últimamente, con la democracia de masas, como lo que interesa son los votos, al igual que una empresa que actúa en un mercado de un bien o servicio, lo que se procura por encima de todo es ganar mercado, para lo que hay que obtener un mayor ‘market share’, mayor porcentaje de votos, al menos más de 40%, mucho mejor 45% y sino todo lo que se pueda, arriba de 51%. Hacer ilusionar a la gente es fácil, lo difícil es cumplir en el largo plazo”. Pregunta incómoda para Ferreres: ¿El problema, entonces, es la democracia? Escribe en La Nación. 

Aldo Pignanelli: De viejo vínculo con el justicialismo, integró el directorio del Banco Provincia de Buenos Aires desde 1987 al ’89. Fue subsecretario de Asuntos Municipales de Buenos Aires (1989-1991) y asesor del Directorio del Banco de Formosa (1992-1997). También se desempeñó como secretario de Economía de la Municipalidad de Moreno en los años 1986-1987. En 2002, de la mano de Eduardo Duhalde, llegó a presidir el BCRA, del que fue vicepresidente desde el ’97, los años convertibles, según dice su propio CV. Más tarde tuvo que irse peleado con el entonces ministro Roberto Lavagna. Hoy integra el equipo económico del diputado Sergio Massa, junto a Lavagna.

Ricardo Delgado: titular de Analytica, trabajó en Ecolatina, la consultora de la familia Lavagna. Premiado por la empresa Arcor en el ’93 por “su estudio del impacto de la desregulación económica en la competitividad industrial” y por el Grupo Roggio en el ’98 “por el análisis de los efectos de inversión en infraestructura sobre el desarrollo regional”. Autor de un libro recomendable, La herencia, 30 años de Economía Argentina en Democracia. El periodista Marcelo Zlotogwiazda sostuvo: “Este libro está muy bien escrito, a pesar de que los economistas no se caracterizan por su habilidad con la pluma. La sensación se va generando a medida que uno avanza en la lectura, pero al terminar el libro uno tiene un sabor amargo, porque cuando uno ve en perspectiva estos 30 años advierte que hubo muy poco crecimiento, inferior a países de la zona, generando una sociedad fracturada. En los últimos 30 años, tuvimos dos hiperinflaciones, dos confiscaciones de depósitos, la mayor transferencia de activos y el default más grande de la historia y la crisis del 2001.” Delgado era, hasta no hace mucho, el principal referente económico del massismo, después de una etapa en la que trabajó con Francisco De Narváez. Su figura quedó opacada por las de Martín Redrado, Lavagna, Pignanelli y De Mendiguren.

Matías Tombolini: se graduó como economista en la UBA en 2001. Es integrante del Centro de Iniciativas y Políticas del Socialismo para Buenos Aires, que preside Roy Cortina. Se desempeñó asesor legislativo del Bloque del Partido Socialista en la Legislatura, y participó como orador en eventos del PSOE en Argentina. Entre los años 2004 y 2007 fue funcionario en distintas áreas del gobierno porteño. No es neoliberal, pero tampoco un adherente a las políticas oficiales.

Martín Tetaz: profesor de la Universidad de La Plata, se presenta en su blog como “investigador especializado en Economía del Comportamiento”. Autor del libro Psychonomics, la economía está en tu mente, le escribe cartas al ministro Axel Kicillof, donde le dice: “Estimado Axel (…) te quisiera hacer algunos comentarios. Me gustaría empezar con la crisis del 2011 que desembocó en el cepo.

Tanto en la entrevista que te hizo Página como en la que te efectuó Victor Hugo, hablas de una corrida bancaria y cambiaria preelectoral. Te quiero recordar que no hubo corrida bancaria y que los depósitos del sector privado en pesos, si bien crecieron menos que lo que lo venían haciendo, subieron nominalmente (1862 millones en septiembre y 3512 en octubre). Sí hubo corrida cambiaria, pero a diferencia de lo que vos decís, no fue electoral. 

La prueba de ello es que persistió en noviembre luego que las elecciones habían pasado y el gobierno cosechó un espectacular apoyo político, casi sin precedentes.” Sigue, es interesante. Lo que no se entiende bien es por qué en el primer párrafo niega una corrida que, dos párrafos más abajo, confirma en su existencia. Hace dos semanas, consultado por las reformas a la Ley de Abastecimiento, pronosticó que la Argentina tomaba el camino de Venezuela.

Guillermo Nielsen: Surgido de FIEL, actualmente es el presidente de Strategic Investments S.A y se presenta en su CV como “asesor económico-financiero de corporaciones”. Fue director de ANSES en el 2000 y secretario de Finanzas del Ministerio de Economía y Producción, entre mayo del 2002 y diciembre 2005. Suele recordar que su gestión fue clave para resolver el primer canje de la deuda. En el ámbito privado, se desempeñó en el Grupo Macri, donde llegó a gerente de Creaurban S.A. y estuvo a cargo del planeamiento estratégico de SOCMA entre el ’95 y el ’97. Antes había trabajado en Campbell Soup/Swift-Armour S.A. En junio de este año, vaticinó que la Corte de Justicia de los Estados Unidos apoyaría a la Argentina en el pleito con los houldouts. Eso no pasó. Ahora dice que hay que pagarleS a los buitres como sea. Igual que Macri.

Nicolás Dujovne: durante una década, trabajó como economista jefe del Banco Galicia. Llegó a ser, con 32 años, delegado ante el BCRA del Ministerio de Economía que dirigía José Luis Machinea. En el 2000, viajó a Washington para participar de un seminario del FMI donde se analizó la posible dolarización de la economía. Allí defendió la Convertibilidad y dijo que, en los ’90, la Argentina fue el país que más creció en Latinoamérica. También, que nuestro país trataba de bajar su riesgo soberano en la vieja forma: “Mediante el ajuste fiscal y la continuidad de reformas estructurales.” Hace poco, en una amigable charla con Mariano Grondona, explicó que “los buitres son como los tiburones, cuando se comen a una persona no son ni buenos ni malos: tienen hambre”. El inefable Mariano, sentenció: “Entonces pagamos o pagamos.” Hoy, Dujovne escribe seguido en La Nación.

Se puede concluir que, si no fuera por D’Atellis, la economía de los argentinos estaría contada en su totalidad por especialistas que no comulgan con las ideas del gobierno ni con las del ministro del área, Axel Kicillof. Es lo contrario a lo que sucedía en los ’90, cuando en la mayoría de los programas de la radio y la televisión, los expertos repetían casi como mantra los conceptos del entonces poderoso Domingo Cavallo.

¿Por qué antes los economistas que aparecían en pantalla o en el éter eran oficialistas y ahora son casi todos opositores?

¿Es porque Cavallo acertaba en todo y Kicillof se equivoca en todo?

Quizá las minibiografías anteriores respondan a esta pregunta con alguna precisión. Durante una década, los críticos de hoy, los fabricantes del mal humor y las certezas pesimistas que nos rodean convencieron a todo un país de que el peso valía lo mismo que un dólar. Un relato salvajemente ficcional –más que cualquier cosa que haya dicho el viejo Indec de esta década-, que los grupos económicos aprovecharon para seguir concentrando riqueza hasta que todo estalló por los aires. Los que creyeron, terminaron pagando la crisis.

Los dueños de aquel dogma falso que generó desocupación a mansalva, hiperendeudamiento, destrucción del aparato productivo y exclusión social siguen siendo los dueños del relato económico. Son los más buscados por los medios hegemónicos, los más interesados por hablar y conforman, en los hechos, una cadena de interpretación monopólica, de la que es muy difícil zafar. Que el Estado es malo, que el mercado todo lo resuelve, que el gobierno negocia mal con los acreedores, que la Ley de Abastecimiento es inconstitucional, que hay que devaluar, que hay que bajar la presión tributaria al campo, que hay que achicar el déficit, que la política es populista, que hay que despedir empleados estatales, sacar subsidios y dejar de invertir en ciencia y tecnología porque es gasto, como dijo Macri, esta semana, advirtiéndoles a los científicos que se viene la hora del detergente y la esponja para lavar los platos otra vez.

¿Será que el país de la economía concentrada depende de la palabra monopolizada?

¿Qué sucederá el día que haya cinco neoliberales, cinco D’Atellis y cinco que no piensen una cosa ni la otra, de cara a los micrófonos y las cámaras, en igualdad de condiciones, para contarnos lo que pasa?

Viviremos en una democracia de verdad, sin monopolios. Mientras tanto, habrá que bancarse que los grupos económicos sean los dueños del relato y del sentido de las cosas que pasan.

Hasta que las cosas que pasen, los pongan en su lugar.

Concentran la palabra, también la economía

Una reciente investigación de dos especialistas del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), Hernán Letcher y Julia Strada, descubre las verdaderas razones de la “125 judicial” que el Grupo de los Seis prepara para rechazar el paquete de leyes que busca regular democráticamente las relaciones entre producción y consumo; entre ellas, la que cuenta con media sanción senatorial para modificar la vieja Ley de Abastecimiento.

Letcher y Strada concluyen que la resistencia del establishment “está ligada a la posibilidad de perder privilegios a partir de una mayor regulación estatal en la economía, en este caso tratándose de las cadenas de producción-industrialización-comercialización”.

“El reclamo del poder, con variaciones de estilo y sofisticaciones –continúa el estudio–, cae en el lugar común del establishment económico: el problema es la intervención estatal en la economía, lo que se refleja en el desaliento de la inversión. La solución implica que el Estado deje de arbitrar el ‘partido económico’ y permita que los capitales y los bienes fluyan libremente. De ese modo, habrá inversión, empleo y crecimiento. Ya lo habían planteado meses atrás en el Foro de Convergencia Empresaria, a través del documento ‘Bases para la formulación política del Estado’, donde dos propuestas resaltaban en el apartado ‘económico’ de esta paradigmática declaración de principios: la ‘remoción de los factores que desalientan las inversiones’ y la ‘eliminación de los factores que desalientan, restringen o prohíben las exportaciones’.”

“La primera reflexión es que la ley apunta a equiparar entre quienes tienen poder y privilegios, con quienes no lo tienen”, señalan los autores. Y luego, describen el grado de concentración logrado por los que se oponen a las regulaciones:

En Argentina hay 700 mil empresas chicas y medianas. Y sólo 5000 grandes. La estructura de la economía presenta un funcionamiento condicionado por los grandes oligopolios formadores de precios. El mercado alimenticio es un ejemplo de ello:

* En el caso de la cerveza, las multinacionales Quilmes, CICSA Y CASA Isenbeck se reparten el mercado a través de las marcas Quilmes, Schneider, Heineken, Stella Artois, Brahma, Warsteiner, entre otras.

* En yerba mate el 50% depende de Las Marías, Hreñuk SA, Molinos Río de la Plata y La Cachuera.

* El 78% de los enlatados los produce Arcor.

* El 80% del aceite comestible es acaparado por Molinos Río de la Plata y AGD de Urquía.

* El 75% de la azúcar blanca la produce Ledesma –del empresario procesado por delitos de lesa humanidad, Pedro Blaquier–.

* Dos empresas (Bagley Argentina, grupo Arcor) y la multinacional Kraft controlan el 60% del mercado de galletitas.

* En panificados, Bimbo, multinacional de capitales mexicanos controla el 80% de la producción  a través de las marcas Fargo, Bimbo y Lactal.

* Dos empresas de capital nacional (Mastellone/La Serenísima y Sancor) controlan el 82% de la producción de leche

* Coca Cola y Pepsi controlan el 82% del mercado de gaseosas.

* Cuatro empresas multinacionales (Unilever, Johnson & Son, Procter & Gamble y Reckit Benckiser) controlan el 83% del mercado de productos de limpieza (jabón en polvo, lavandina, desodorantes, detergente, etc).

En la comercialización, la situación no es muy distinta:  

* El Grupo Inc. S. A. (conformado por Carrefour, Día y Carrefour Express) con 600 bocas de expendio en todo el país registró una facturación anual aproximada de 16 mil millones de pesos. Le sigue Cencosud S.A. (Jumbo, Disco y SuperVEA) de origen chileno, con 280 bocas y una facturación de 9700 millones de pesos. COTO CICSA, con 113 bocas facturó 5400 millones. Walmart Argentina S.A (Walmart, Changomás y Changomás Express) con 61 bocas de expendio facturó 4000 millones. Finalmente, el Grupo S.A, Importadora y Exportadora de la Patagonia (donde se encuentra La Anónima, Quijote y Best), con 112 puntos de venta, también rondó los 4000 millones de facturación anual.

La incidencia de la concentración en la formación de precios ha significado, entre 2001 y 2010, que los precios de las industrias oligopólicas (Ramas Altamente Concentradas) se incrementaran un 7,6% por encima del promedio sectorial, mientras que los precios de las Ramas Medianamente Concentradas y las Ramas Escasamente Concentradas retrocedieron un 10% respecto a la media fabril. Asimismo, en el período 2007-2010, las RAC explicaron el 63% del incremento de precios mientras que las RMC y las REC explicaron el 23 y el 12%”.

En el caso de otros rubros, que tienen que ver con los insumos difundidos, el escenario también muestra enorme concentración:

* Siderar, del Grupo Techint –Rocca–, controla la producción de chapas del país.

* Dow Argentina, de capitales norteamericanos, controla toda la producción de polietileno, insumo clave para la industria plástica.

* Dak Americas, de capitales mexicanos, controla toda la producción de PET, otro insumo clave para la industria plástica, como las botellas de gaseosa.

* Aluar, de capitales argentinos, controla toda la producción de aluminio.

* Cuatro empresas (las multinacionales Loma Negra, Holcim y Avellaneda y la empresa de capital nacional Petroquímica Comodoro Rivadavia) controlan la producción de cemento”.

Los que quieran obtener el muy buen trabajo de Letcher y Strada –que no son invitados demasiado seguido para opinar por los grupos de comunicación concentrados–, pueden escribirles al siguiente correo: <info@centrocepa.com.ar>.

Infonews

14/09/2014 Posted by | Daniel Artana, Josè Luis Espert | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Peligro… intelectuales “orgánicos” al acecho! – Ricardo Foster


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A propósito de la Carta 16, “Encrucijadas del futuro”, del colectivo Carta Abierta, han surgido una serie de notas periodísticas que buscan descalificar el esfuerzo de este grupo por sostener su intervención política sin resignar el debate de ideas. Desde Carlos Pagni en La Nación hasta Eduardo Aulicino en Clarín ese ha sido el tono. Van entonces estas reflexiones que vuelvo a ofrecerle al lector que enhebran con otras anteriores que no se detienen en las “críticas” de estos periodistas sino que buscan dar cuenta del lugar de los intelectuales en la escena pública y de las corrientes de profundo antiintelectualismo que se perciben en nuestra sociedad y, particularmente, en ciertos medios de comunicación. Lo escrito hace algunos pocos años sigue cobrando relevancia allí donde cada pronunciamiento de Carta Abierta o de algunos de sus miembros genera la avalancha de respuestas vidriosas de quienes prefieren, una vez más, la interpretación reduccionista y prejuiciosa al debate serio de ideas. Allí está la Carta 16 publicada esta semana y allí también están las retóricas de la descalificación que emanan de algunas plumas relevantes del poder mediático. Que juzgue el lector.

Todo se discute, con más furia y descalificaciones que con argumentos, en la Argentina actual. Hemos atravesado con diversas intensidades cuestiones significativas o que adquirieron significación a partir de su visibilidad pública. Cuestiones que no imaginábamos que podían ocupar el centro de la escena y que, en muchos casos, habían permanecido al margen gracias a las estrategias de ocultamiento y ninguneo de quienes detentaron (y que todavía detentan) el poder de decidir qué es visible y que no (¿alguien imaginaba, no demasiados años atrás, que se discutiría el rol de los medios de comunicación o la política de derechos humanos, que se debatirían en el Parlamento los derechos de las minorías sexuales o la política de reestatización de la energía hidrocarburífera, que se disputaría la renta agraria o que se debatiría una reforma del sistema judicial? ¿Alguien, instalado en la década del ’90, y en sus paradigmas hegemónicos, siquiera pensaba que a partir del 2003 íbamos a reabrir discusiones que parecían definitivamente saldadas a favor del neoliberalismo? ¿Creíamos, más allá de nuestros deseos, que lograríamos sortear las trampas del fin de la historia y la muerte de las ideologías con las que se intentó clausurar para siempre cualquier posibilidad de transformación de la realidad a favor de las mayorías populares? ¿Veíamos en el horizonte el “regreso” de los intelectuales al centro de la escena política después de haber declarado su defunción al calor de una época signada por la despolitización, el pragmatismo de mercado, la simplificación mediática y el consensualismo gerencial? ¿Utopizamos siquiera la actualidad sudamericana y la cristalización de nuevos derechos que incluyen un lugar relevante a los pueblos originarios y a experiencias popular democráticas que recorren países como Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina, o más bien padecíamos el síntoma de la resignación?). Seríamos hipócritas o mentirosos si dijésemos que todo eso estaba presente en lo que se discutía o se alcanzaba a pensar en las décadas que cerraron el siglo pasado. En el mejor de los casos buscábamos proteger saberes y tradiciones en desuso y amenazadas con ser convertidas en piezas de museo mientras avanzaba brutal y hegemónica la ideología del liberal capitalismo que, de manera inmisericorde, decretaba lo que merecía permanecer y lo que debía ser arrojado al tacho de los desperdicios más allá de toda legitimidad.

¿Intelectuales? En los ’90 ocupaban el borde del borde, eran apenas la expresión de un resto arqueológico que remitía a otra época del mundo. Ahora, cuando por esas locas sorpresas de esa misma historia a la que se había decretado finalizada y decrépita, regresan los intelectuales, los mismos que se congratulaban de su inutilidad y de su volatilización sin ruidos ni conflictos, se sienten con el extraño derecho a determinar qué es y qué debería ser un “intelectual crítico”. Dan cátedra, desde el lugar que ocupan en los medios de comunicación concentrados, de lo que debería ser la “ética del intelectual”, de su historia de permanente “confrontación con el poder, cualquiera sea”, de su “irrenunciable autonomía”, todo en nombre de un virtuosismo antagónico al de aquellos “seudointelectuales orgánicos al gobierno” que han “traicionado” el genuino espíritu volteriano de quienes siempre deberían permanecer al margen de todo poder (cuando el intelectual toma partido por las mayorías se convierte, mutatis mutandis, en un traidor a esa pureza de origen que lo debe mantener apartado de cualquier tentación política; pero cuando se ofrece como el tribuno del ideal republicano, el garante de la legitimidad democrática forjada en los talleres del liberalismo y en esquivo justificador, porque de eso es preferible no hablar, del omnisciente poder económico corporativo, regresa, impoluto, sobre esa esencia fabulosa del genuino intelectual capaz de sostener su independencia y de pensar por cuenta propia sin que nadie le pague por lo que hace).

El cinismo de aquellos que festejaban el ostracismo del intelectual crítico no tiene límites; de aquellos que, desde siempre, opusieron al “lenguaje alambicado y barroco” de los intelectuales el “lenguaje llano y directo de los comunicadores sociales”, lo alto contra lo bajo, lo elitista contra lo popular y masivo, lo enredado y confuso contra lo directo y simple. Son los que se dedican, desde los artefactos comunicacionales del poder mediático, a denostar a “quienes escriben difícil” utilizando los mismos recursos, pero exponencialmente degradados, de la demagogia populista a la que tanto critican. Extraña paradoja que vuelve a poner las cosas en su lugar. Ellos quieren intelectuales distantes, neutrales ante la lucha política decisiva, cultores de una autonomía encristalada, críticos de todo, virginales, asépticos, almas bellas que puedan expresar sus preocupaciones por el medio ambiente, por la minería, por los pueblos originarios y su indignación ante las opacidades de la política y de la gestión estatal, místicos del pensar desasido, críticos de toda idea anacrónica de “compromiso” y fervorosos habitantes de paisajes alejados de cualquier contaminación plebeya de la historia. Ese es el “intelectual” que añoran, ese que nada significa y al que nadie le presta atención. Un intelectual tan “radicalizado” que su palabra carezca de audibilidad o que simplemente pueda convertirse en un florero en el living del poder mediático. Mejor escuchar hablar de la “revolución” como un futuro vago que dar la batalla, acá y ahora, contra las injusticias del sistema aunque eso se haga asumiendo limitaciones y contradicciones pero reconociendo aquello que efectivamente provoca y cuestiona el poder del capital. Hay momentos de la historia en los que ser revolucionario supone embarrar las ideas emancipadoras con el barro de un plebeyismo político que asume el rasgo, diría Cooke, de lo “maldito” e insoportable.

Pero también abominaron, y lo siguen haciendo, de cualquier rigurosidad conceptual o de cualquier exigencia que supere el umbral de lo fácil de digerir. Desde siempre han subestimado a los ciudadanos y, desde siempre, han intentado, por la vía de la ironía grotesca y el desprecio, desvalorizar aquellas escrituras que se alejan del nivel zócalo en el que suelen moverse y del que nunca alcanzan a salir en su estrategia comunicacional de impacto espectacular y amarillista plagada de golpes bajos y de frases huecas. Mejor insultar que argumentar, mejor descalificar que construir alguna idea. Lo soez suele acompañar la falta de solidez y el vacío en el que se mueven, un vacío que sólo buscan llenar lanzando improperios y revistiendo sus acusaciones espectaculares de seudo investigaciones cuya rigurosidad siempre carece de toda demostración. Los “otros”, los intelectuales “orgánicos”, los que han “vendido el alma al diablo” por algunas monedas, los carentes de convicciones y lamebotas del poder de turno, deberían aprender –eso nos dicen los escribas de la derecha que han descubierto la esencia del “intelectual autónomo” sin siquiera sonrojarse ni sentir un poco de vergüenza ni preocuparse por recorrer la compleja trama de la historia y de sus protagonistas– de tan ilustres periodistas que, eso sí, vuelven a ofrecerse como los grandes virtuosos de estos tiempos canallas. Nada de leer a Kafka o a Borges, a Hegel o a Mariátegui, a Thomas Mann o a Marechal, a Benjamin o a Casullo, a Marx o a León Rozitchner, a Juan José Saer o a Nietzsche que escriben demasiado difícil y oscuro y se niegan a dejarse engullir como una papilla de fácil digestión. Mejor leer a nuestras plumas mediáticas que le hacen tanto bien al idioma y a la crítica de la realidad. ¡Viva la simplificación del mundo! Esa parece ser la consigna de estos cruzados antiintelectualistas que, ante una frase que exige un mínimo de reflexión y, tal vez, horror de los horrores, de relectura, amenazan con llevar su mano a la cartuchera para desenfundar el arma del sentido común telemático.

“Los intelectuales esconden la corrupción”, así se escribe en un artículo de La Nación, y lo hacen, sigue el articulista, utilizando los falsos recursos de un estilo barroco, gongoriano e indescifrable propio de los autores de las cartas abiertas, verdaderos hipócritas que buscan disimular lo indisimulable. Difícil caer más bajo, salvo que se utilice a mansalva un medio de comunicación, como lo hace el mascarón de proa del Grupo Clarín, para decir del otro aborrecido que es “un hijo de puta”. Los finos, pulidos y democráticos intelectuales de la oposición (pienso en Kovadloff, Sebreli, Romero, Gregorich, etcétera) no se sienten ofendidos ante las diatribas antiintelectuales y los insultos contra otros intelectuales propalados por el último héroe del “periodismo independiente”. ¿No ven allí un límite y un ejercicio de violencia retórica clausurante de cualquier forma de convivencia democrática y oscuro signo de otras formas de violencia? ¿Y su espíritu crítico? ¿Y su enérgica autonomía de intereses políticos o corporativos? ¿O, acaso, no sienten en esos insultos que se esté cayendo en recursos cloacales y en la invalidación de posiciones que no son las propias convirtiendo a la democracia en un pellejo vacío?

Debates enconados, aquellos que marcaron lo mejor de esta década pese a los intentos por silenciarlos o volverlos invisibles, que fueron desnudando lo que permanecía oculto o que le devolvieron potencia a lo que parecía ausentado de la realidad por vetusto o anacrónico. Debates, todos, influidos por la vertiginosidad de un tiempo decididamente inclinado hacia una fuerte presencia de lo político; de un tiempo de conflictos y disputas como hacía décadas que no vivíamos y que han sacudido los ánimos hasta un punto en el que la confrontación de ideas se ha convertido, bajo la forma de una transmutación alucinada y patológica, para ciertos sectores mediático-opositores, en incontenible manifestación de odio, resentimiento y descalificación del otro. Algunos han decidido rebasar todas las fronteras de la convivencia democrática eligiendo como punto de fuego de sus intervenciones la más furiosa colección de insultos e improperios que apuntan, casi siempre, a demonizar a sus adversarios o simplemente a arrojarlos al territorio cenagoso de la sospecha ética. Aquello que debería enriquecer la vida política y cultural de una sociedad termina convirtiéndose, para ciertos medios de comunicación y actores relevantes de las fuerzas de oposición, en una excusa perfecta para desparramar, con absoluta impudicia, una colección de infamias e injurias que no hacen otra cosa que invalidar la necesidad y la importancia de lo que se busca debatir.

En verdad, su objetivo es arrojar todo al lodo de una historia inclasificable que nos ha transformado, eso piensan y dicen, en un país arruinado y desquiciado por quienes se han ocupado, en estos 11 años, de tomar decisiones antagónicas a las necesidades de la genuina vida republicana. Lejos de todo debate, que exige argumentos y respeto del otro, sacan de las cloacas del idioma una sarta de improperios que desnudan su oscura agresividad y su visceral incapacidad para desplegar qué es lo que verdaderamente piensan, salvo que lo “real” de su discurso, lo inconfesado de su “verdad”, sea precisamente aquello que asume la forma del insulto y la descalificación más groseras.

En el asedio que intentan contra un gobierno legitimado por el voto popular y por la defensa irrestricta de las garantías constitucionales, no existen, ni pueden existir, límites ni prevenciones que tengan como objetivo mantener las discusiones y las diferencias en el interior de las fronteras del reconocimiento democrático del otro. No, para ellos ese “otro” es el peor de los enemigos, el oscuro portador de una corrupción ontológica, el demagogo que lo único que busca es capturar la conciencia de las masas para ponerla al servicio de su proyecto totalitario. Su deseo insaciable de poder se entreteje con bóvedas secretas repletas de oro y dinero acumulados desde las estrategias del desfalco y la impunidad administrativas. Son, para periodistas y opositores, “ladrones”, “pichones de führer”, “corruptos”, “autoritarios”, “destructores de la república”, “resentidos y revanchistas”, “monstruos que lucran con el sacrificio de los argentinos”, “impostores que utilizan causas justas para fines inconfesables”, “cómplices de oscuros negociados” y, por si no alcanzare, posibles “émulos del Tercer Reich” porque, gracias a las eruditas investigaciones de los editorialistas del diario fundado por Mitre, ahora sabemos que nuestro país va en camino de asemejarse a la Alemania que emanó de ese terrible año de 1933 en que Hitler alcanzó la cumbre del poder. Todo vale a la hora de ir contra esa “mafia que ha capturado el Estado” y que ha dañado, eso argumentan con arbitrariedades impresentables, la convivencia entre argentinos.

Ellos son, también lo dicen una y otra vez, los ardientes defensores de “reglas de juego” que hagan viable el debate público al mismo tiempo que descargan sin ningún remordimiento una batería de insultos promotores de una violencia como no conocía el país desde tiempos infaustos en los que el “otro” era descalificado hasta el punto de negarle su derecho a la existencia. Las acusaciones permanentes, implacables y bulímicas tienen como objetivo declarado desgastar públicamente al gobierno y a quienes lo defienden propalando, a los cuatro vientos, una mezcla de denuncias seriales, groserías de vodevil, patoteadas discursivas y anuncios apocalípticos que nos colocan frente al abismo de una corrupción infinita. Ellos, los puros, los independientes y los virtuosos de la república perdida estarán allí para rescatarnos de tanto envilecimiento.

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04/06/2014 Posted by | Educación, General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario