America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

“Haití: La maldición blanca”, por Eduardo Galeano


Escuche aquí el artículo de Galeano (MP3)

El primer día de este año, la libertad cumplió dos siglos de vida en el mundo. Nadie se enteró, o casi nadie. Pocos días después, el país del cumpleaños, Haití, pasó a ocupar algún espacio en los medios de comunicación; pero no por el aniversario de la libertad universal, sino porque se desató allí un baño de sangre que acabó volteando al presidente Préval.

Haití fue el primer país donde se abolió la esclavitud. Sin embargo, las enciclopedias más difundidas y casi todos los textos de educación atribuyen a Inglaterra ese histórico honor.

Es verdad que un buen día cambió de opinión el imperio que había sido campeón mundial del tráfico negrero; pero la abolición británica ocurrió en 1807, tres años después de la revolución haitiana, y resultó tan poco convincente que en 1832 Inglaterra tuvo que volver a prohibir la esclavitud.

Nada tiene de nuevo el ninguneo de Haití. Desde hace dos siglos, sufre desprecio y castigo. Thomas Jefferson, prócer de la libertad y propietario de esclavos, advertía que de Haití provenía el mal ejemplo; y decía que había que “confinar la peste en esa isla”. Su país lo escuchó. Los Estados Unidos demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones.

Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia. Los dueños de los brazos negros se salvaron del haitianismo hasta 1888. Ese año, el Brasil abolió la esclavitud. Fue el último país en el mundo.

Haití ha vuelto a ser un país invisible, hasta la próxima carnicería. Mientras estuvo en las pantallas y en las páginas, a principios de este año, los medios trasmitieron confusión y violencia y confirmaron que los haitianos han nacido para hacer bien el mal y para hacer mal el bien.

Desde la revolución para acá, Haití sólo ha sido capaz de ofrecer tragedias. Era una colonia próspera y feliz y ahora es la nación más pobre del hemisferio occidental. Las revoluciones, concluyeron algunos especialistas, conducen al abismo. Y algunos dijeron, y otros sugirieron, que la tendencia haitiana al fratricidio proviene de la salvaje herencia que viene del África.

El mandato de los ancestros. La maldición negra, que empuja al crimen y al caos. De la maldición blanca, no se habló.

La Revolución Francesa había eliminado la esclavitud, pero Napoleón la había resucitado: –¿Cuál ha sido el régimen más próspero para las colonias? El anterior. Pues, que se restablezca–. Y, para reimplantar la esclavitud en Haití, envió más de cincuenta naves llenas de soldados. Los negros alzados vencieron a Francia y conquistaron la independencia nacional y la liberación de los esclavos. En 1804, heredaron una tierra arrasada por las devastadoras plantaciones de caña de azúcar y un país quemado por la guerra feroz. Y heredaron “la deuda francesa”. Francia cobró cara la humillación infligida a Napoleón Bonaparte.

A poco de nacer, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización gigantesca, por el daño que había hecho liberándose. Esa expiación del pecado de la libertad le costó 150 millones de francos oro. El nuevo país nació estrangulado por esa soga atada al pescuezo: una fortuna que actualmente equivaldría a 21,700 millones de dólares o a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final. Para entonces, ya Haití pertenecía a los bancos de los Estados Unidos.

A cambio de ese dineral, Francia reconoció oficialmente a la nueva nación. Ningún otro país la reconoció. Haití había nacido condenada a la soledad. Tampoco Simón Bolívar la reconoció, aunque le debía todo. Barcos, armas y soldados le había dado Haití en 1816, cuando Bolívar llegó a la isla, derrotado, y pidió amparo y ayuda. Todo le dio Haití, con la sola condición de que liberara a los esclavos, una idea que hasta entonces no se le había ocurrido. Después, el prócer triunfó en su guerra de independencia y expresó su gratitud enviando a Port-au-Prince una espada de regalo. De reconocimiento, ni hablar. En realidad, las colonias españolas que habían pasado a ser países independientes seguían teniendo esclavos, aunque algunas tuvieran, además, leyes que lo prohibían. Bolívar dictó la suya en 1821, pero la realidad no se dio por enterada. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela en 1854.

En 1915, los marines desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York.

El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restoranes y clubes exclusivos del poder extranjero. Los ocupantes no se atrevieron a restablecer la esclavitud, pero impusieron el trabajo forzado para las obras públicas. Y mataron mucho.

No fue fácil apagar los fuegos de la resistencia. El jefe guerrillero, Charlemagne Péralte, clavado en cruz contra una puerta, fue exhibido, para escarmiento, en la plaza pública. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia.

Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Y así, de dictadura en dictadura, de promesa en traición, se fueron sumando las desventuras y los años. Aristide, el cura rebelde, llegó a la presidencia en 1991. Duró pocos meses. El gobierno de los Estados Unidos ayudó a derribarlo, se lo llevó, lo sometió a tratamiento y una vez reciclado lo devolvió, en brazos de los marines, a la presidencia. Y otra vez ayudó a derribarlo, en este año 2004, y otra vez hubo matanza. Y otra vez volvieron los marines, que siempre regresan, como la gripe. Pero los expertos internacionales son mucho más devastadores que las tropas invasoras.

País sumiso a las órdenes del Banco Mundial y del Fondo Monetario, Haití había obedecido sus instrucciones sin chistar. Le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios. Ahora Haití importa todo su arroz desde los Estados Unidos, donde los expertos internacionales, que son gente bastante distraída, se han olvidado de prohibir los aranceles y subsidios que protegen la producción nacional.

En la frontera donde termina la República Dominicana y empieza Haití, hay un gran cartel que advierte: El mal paso. Al otro lado, está el infierno negro. Sangre y hambre, miseria, pestes. En ese infierno tan temido, todos son escultores. Los haitianos tienen la costumbre de recoger latas y fierros viejos y con antigua maestría, recortando y martillando, sus manos crean maravillas que se ofrecen en los mercados populares. Haití es un país arrojado al basural, por eterno castigo de su dignidad. Allí yace, como si fuera chatarra. Espera las manos de su gente.

Fuente-http://orhpositivo.wordpress.com/2010/01/24/haiti-la-maldicion-blanca-por-eduardo-galeano/

27/01/2010 Posted by | General, Historia, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Argentina – Institucionalidad


Por Alfredo Zaiat

“Oye, hijo, las cosas están de este modo,
la radio en mi cuarto me lo dice todo.
No preguntes más.”
Instituciones, Charly García, Sui Generis

En 1974, en un marco de tensión por la censura previa y presiones para cambiar letras y títulos de canciones, Sui Generis presentó el tercero de sus discos: Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. Eran años donde se cuestionaba a las organizaciones tradicionales y represivas de la sociedad, desde la propia familia hasta las estructuras conservadoras del poder. Esas banderas de rebeldía habían sido apropiadas por jóvenes y fuerzas políticas que aspiraban a cambiar la sociedad. Para ellos, hablar de instituciones significaba el proyecto de cambiarlas con el objetivo de transformarlas en instrumentos de liberación individual y, fundamentalmente, de alteración del orden político-económico. Más de treinta años han pasado desde ese tiempo de convulsiones sociales y de desafío a las instituciones, en un derrotero político que ha implicado una reformulación de los estudios de ese tema complejo. También en ese período se ha producido un retroceso en la batalla cultural donde las ideas conservadoras se han naturalizado registrando una notable penetración hasta en sectores insospechados. En particular en el abordaje de la cuestión económica, aunque también en ámbitos de la ciencia política. En los últimos años, cierta intelectualidad, grupos políticos y especialistas enrolados en el pensamiento heterodoxo o crítico han concentrado su atención en aspectos vinculados con lo que hoy ha instalado la corriente dominante como “la institucionalidad”. Se detienen con dedicación en ese aspecto, que no es una cuestión a ignorar para mejorar el espacio democrático, pero a nivel discursivo le han dedicado más relevancia que el contenido y la tendencia de un proceso económico y social. La actual etapa requiere un análisis más agudo para profundizar los cambios y de ese modo no caer en la trampa de las formalidades que imponen los límites de la institucionalidad conservadora. Formalidad que es adaptada a conveniencia por el establishment, como lo refleja la convalidación y el respaldo de una de las situaciones que debería generar incomodidad para aquellos preocupados por la calidad institucional: la anomia de un vicepresidente en ejercicio de la oposición.

El poder económico ha logrado instalar la idea de “institucionalidad” y su carencia en el presente período político. Esta característica merece traducirse porque incluso el actual gobierno comenzó su gestión hablando de que iba a satisfacer esa demanda. A esta altura resulta evidente que para el establishment no la ha cumplido, insatisfacción que lo resume en ese reclamo insistente respecto de la necesidad de definir “reglas de juego muy claras para el sector privado” o en la exigencia de mejorar “la calidad de la institucionalidad”. En esa concepción, por ejemplo, el fin del negocio especulativo con el aporte previsional de los trabajadores por parte de las AFJP ha sido una violación a la institucionalidad. No evaluaban de la misma manera cuando el nacimiento de las Administradoras arrasó con la sustentabilidad de la anterior institucionalidad del régimen previsional público. La visión parcial de esos acontecimientos deriva entonces en no considerar que el fin de las AFJP fue la creación de una “nueva” institucionalidad para defender el futuro previsional de los trabajadores, como así también el presente de los haberes de los jubilados.

Y no lo pueden interpretar de ese modo porque esos cambios han afectado uno de sus nichos de privilegios. Lo mismo sucede cuando el Estado ejerce su derecho de nombrar directores en compañías donde tiene una porción importante de acciones, paquete en manos de la Anses al administrar los activos recibidos cuando desaparecieron las AFJP. La preocupación sobre cómo se “cuidan” los recursos previsionales cuando la Anses financia proyectos de inversión o la universalización de la asignación familiar no se reitera, en cambio, cuando se evalúa la decisión política de designar directores que busca “custodiar” esas colocaciones financieras en esas empresas.

Las situaciones que enumera el poder económico acerca de la debilidad de las instituciones son varias. Además de la muerte de las AFJP, señala los procesos que derivaron en la estatización de empresas de servicios públicos privatizados; la actuación de la Secretaría de Comercio Interior en el control de precios (a pesar de su ineficiencia); la intervención del Estado en el sector agropecuario a través de retenciones a las exportaciones; las operaciones de financiamiento intrasector público; la defensa de trabajadores que buscan encuadrarse en gremios que protegen mejor sus derechos; iniciativas que pretenden generar competencia en el área de la comunicación en mercados monopólicos; la más reciente decisión de utilizar las reservas del Banco Central para integrar un fondo de garantía de pago de deudas, entre otras medidas. Esa resistencia, que rechaza una “nueva” institucionalidad, se reconoce en las ideas neoliberales. Para éstas, todo el orden institucional debe adecuarse o subordinarse a la lógica del libre mercado, lo que significa, de hecho, la instauración del mercado como “sociedad perfecta”.

Jorge Iván Vergara explica en Teorías conservadoras y teorías críticas de las instituciones sociales, publicado en Revista Ciencias Sociales Nº 11 (2001), que esa corriente “elabora una noción de institución cuasi-natural, que enfatiza su carácter de tradición histórica, pero la concibe como fijada y no sujeta a su transformación radical o reemplazo”. El chileno Iván Vergara señala que “se trata de una retórica que apoya la afirmación del orden establecido como el único viable o el mejor de todos los mundos posibles”. Antropólogo y doctor en Sociología, este especialista afirma que esa noción conservadora de instituciones acentúa el carácter de tradición, de permanencia y su “trascendencia” respecto de los individuos, basando su argumentación en términos de lo concreto y lo práctico.

Sin embargo, esas ideas no dan cuenta de la complejidad de la sociedad contemporánea, sus transformaciones y sus problemas. Y las corrientes reunidas en el arco de la centroizquierda deberían eludir ese sentido común conservador denominado “institucionalidad”. Su desafío no es menor porque al tiempo de cuestionarla debe buscar su transformación en el marco democrático, aspecto esencial que en décadas pasadas fue minimizado. Al respecto, Iván Vergara apunta que “las alternativas no se reducen a la aceptación del statu quo ni a su rechazo global. Tampoco pueden ser comprendidas como una opción entre el antiinstitucionalismo y la defensa de las instituciones vigentes”. “Se trata, entonces, de elaborar una concepción capaz de contribuir decisivamente a la comprensión de las instituciones en vías a su transformación democrática, no a su eliminación”, concluye. En un proceso complejo, donde en algunas áreas se ha avanzado en transformaciones y en otras se han mantenido estructuras inalteradas, el debate sobre una “nueva” institucionalidad tiene que apuntar a crearla en función de la defensa del interés de las mayorías sin caer en las trampas discursivas del establishment.

azaiat@pagina12.com.ar

20/12/2009 Posted by | General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , | 3 comentarios

Hay un niño en la calle – Armando Tejada Gomez


Para todos aquellos que quieren judicializar a los niños, sin ver que son los emergentes de la sociedad que los margina, que los explota  con políticas desiguales, donde lo único que interesa son  las ganacias de los poderosos, que no se cansan de pedir cambios, que cambios piden, cambios para ganar más.. porqué los pobres les sirven para hacer sus campañas desestabilizadoras…sí.sí..los usan en las declamaciones  políticas mediáticas….DEMASIADA HIPOCRESÍA.

Marianike


04/08/2009 Posted by | General, Poemas de Autor, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized, Videos | , , | 2 comentarios

Einstein… El Hombre


Einstein

SU LEGADO …

Ponga su mano en una estufa caliente por un minuto, y le parecerá como una hora. Siéntese con una muchacha bonita por una hora, y le parecerá un minuto. ¡Eso es relatividad!

Vivimos en el mundo cuando amamos. Sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida.

Pocos son los que ven con sus propios ojos y sienten con sus propios corazones.

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.

Un estómago vacío es un mal consejero.

Cientos de veces cada día, constato que mi vida interna y externa está basada en los trabajos de otros.

No sé como será la tercera guerra mundial, pero sé que la cuarta será con piedras y lanzas.

Si no fuera físico, sería probablemente músico. Pienso a menudo en música. Vivo mi sueño despierto en música. Veo mi vida en términos de la música… Consigo la mayoría de alegrías con la música.

Los problemas no se pueden solucionar en el mismo nivel del conocimiento que los creó.

Nunca consideres el estudio como una obligación sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravillosos mundo del saber.

Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre.

Yo nunca pienso en el futuro. Viene bastante rápido.

Intenta no volverte un hombre de éxito, sino volverte un hombre de valor.

La única cosa realmente valiosa es la intuición.

No creo en el libre albedrío. Las palabras de Schopenhauer `el hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede decidir qué es lo que quiere” me acompañan en todas las situaciones de mi vida y me reconcilian con las acciones de los demás… Esta conciencia de la falta de libertad me impide tomar a mis congeneres y a mi mismo demasiado en serio.

Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo.

El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados.

La debilidad de actitud se vuelve debilidad de carácter.

Quien crea que su propia vida y la de sus semejantes está privada de significado no es sólo infeliz, sino que apenas es capaz de vivir.

La palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices.

Triste época la nuestra. Es mas fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio.

La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

La imaginación es más importante que el conocimiento.

Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.

Aunque soy un típico solitario en mi vida diaria, mi conciencia de pertenecer a la invisible comunidad de los que luchan por la verdad, la belleza y la justicia me ha preservado de sentirme aislado.

La alegría de ver y entender es el más perfecto don de la naturaleza.

Si no deseas mucho hasta las cosas pequeñas te parecerán grandes

Al principio todos los pensamientos pertenecen al amor. Después, todo el amor pertenece a los pensamientos.

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

Cada día sabemos más y entendemos menos.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera.

Cuando me preguntaron sobre algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica yo sugerí la mejor de todas: La Paz.

La mayoría de la gente se avergüenza de la ropa raída y de los muebles destartalados, pero más debería ruborizarse de las ideas andrajosas y de las filosofías gastadas.

La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional una sirviente fiel. Hemos creado una sociedad que honra a los sirvientes y que ha olvidado los regalos.

Un hombre debe buscar lo que es y no lo que cree que debería ser.

La energía no se crea, siempre existe, y no se destruye, solamente se transforma por medio del pensamiento o voluntad de quien la maneja.

No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicarselo a tu abuela.

Lo único que interfiere con mi aprendizaje es mi educación.

Enviado por Cora

10/07/2009 Posted by | Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Medios de Comunicación


Medios de manipulaciòn

11/06/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

¿Cree usted en Dios, sí o no?


07-06-2009

Jorge Majfud

estocolmo.se

Me preguntan si creo en Dios y me advierten que necesitan sólo una frase. Dos a lo sumo. Es fácil, sí o no.

Lo siento, pero ¿por qué insiste usted en someterme a la tiranía de semejante pregunta? Si de verdad les interesa mi respuesta, tendrán que escucharme. Si no, buenas tardes. Nada se pierde.

La pregunta, como tantas otras, es tramposa. Me exige un claro si o un claro no. Tendría una de esas respuestas bien claras si el dios por el que se me pregunta estuviese tan claro y definido. ¿Le gusta usted Santiago? Perdone, ¿cuál Santiago? ¿Santiago de Compostela o Santiago de Chile? ¿Santiago del Estero o Santiago Matamoros?

Bueno, mire usted, mi mayor deseo es que Dios exista. Es lo único que le pido. Pero no cualquier dios. Parece que casi todos están de acuerdo en que Dios es uno solo, pero si es verdad habrá que reconocer que es un dios de múltiples personalidades, de múltiples religiones y de mutuos odios.

La verdad es que no puedo creer en un dios que calienta los corazones para la guerra y que infunde tanto temor que nadie es capaz de mover una coma. Por lo cual morir y matar por esa mentira es una práctica común; cuestionarlo una rara herejía. No puedo creer y menos puedo apoyar un dios que ordena masacrar pueblos, que está hecho a la medida y conveniencia de unas naciones sobre otras, de unas clases sociales sobre otras, de unos géneros sobre otros, de unas razas sobre otras. Un dios que para su diversión ha creado a unos hombres condenados desde el nacimiento y otros elegidos hasta la muerte y que, al mismo tiempo, se ufana de su universalidad y de su amor infinito.

¿Cómo creer en un dios tan egoísta, tan mezquino? Un dios criminal que condena la avaricia y la acumulación del dinero y premia a sus avaros elegidos con más riquezas materiales. ¿Cómo creer en un dios de corbata los domingos, que grita y se hincha las venas condenando a quienes no creen en semejantes aparato de guerra y dominación? ¿Cómo creer en un dios que en lugar de liberar somete, castiga y condena? ¿Cómo creer en un dios mezquino que necesita la política menor de algunos fieles para ganar votos? ¿Cómo creer en un dios mediocre que debe usar la burocracia en la tierra para administrar sus asuntos en el cielo? ¿Cómo creer en un dios que se deja manipular como un niño asustado en la noche y sirve cada día los intereses más repudiables sobre la tierra? ¿Cómo creer en un dios que dibuja misteriosas imágenes en las paredes húmedas para anunciar a la humanidad que estamos viviendo un tiempo de odios y de guerras? ¿Cómo creer en un dios que se comunica a través de charlatanes de esquina que prometen el cielo y amenazan con el infierno al que pasa, como si fuesen corredores de bienes raíces?

¿De qué dios estamos hablando cuando hablamos de Dios Único y Todopoderoso? ¿Es el mismo Dios que manda fanáticos a inmolarse en un mercado el mismo Dios que manda sus aviones a descargar el infierno sobre niños e inocentes en su nombre? Tal vez sí. Entonces, yo no creo en ese dios. Mejor dicho, no quiero creer que semejante criminal sea una fuerza sobrenatural. Porque bastante tenemos con nuestra propia maldad humana. Solo que la maldad humana no sería tan hipócrita si se dedicara a oprimir y a matar en su propio nombre y no en nombre de un dios creador y bondadoso.

Un Dios que permite que sus manipuladores, que no tienen paz en sus corazones hablen de la paz infinita de Dios mientras van condenando a quienes no tienen fe. A quines no tienen fe en esa trágica locura que le atribuyen cada día a Dios. Hombres y mujeres sin paz que se dicen elegidos por Dios y van proclamándolo por ahí porque no les resulta suficiente que Dios los haya elegido por su dudosas virtudes. Esos terroristas del alma que van amenazando con el infierno, con voces suaves o a los gritos a quienes se atreven a dudar de tanta locura.

Un Dios creador del Universo que debe acomodarse entre las estrechas paredes de casas consagradas y edificios sin maleficios levantados por el hombre, no para que Dios tenga un lugar en el mundo sino para tenerlo a Dios en un lugar. En un lugar propio, es decir, privatizado, controlado, circunscripto a unas ideas, a unos párrafos y al servicio de una secta de autoelegidos.

Luego la acusación clásica para todo aquel que dude de los reales atributos de Dios establecidos por la tradición es la de soberbia. Los furiosos predicadores, en cambio, no se detienen un instante a reflexionar sobre su infinita soberbia de pertenecer y hasta de guiar y administrar el selecto club de los elegidos del Creador.

Lo único que le pido a Dios es que exista. Pero cada vez que veo estas hordas celestiales me acuerdo de la historia, cierta o ficticia, del cacique Hatuey, condenado a la hoguera por el gobernador de Cuba, Diago Velásquez. Según el padre Bartolomé de las Casas, un sacerdote lo asistió en sus últimas horas tratando de ganarlo para el cielo si se convertía al cristianismo. El cacique le preguntó si se encontraría allí con los hombres blancos. “Si —respondió el cura—, porque ellos creen en Dios”. Lo que fue razón suficiente para que el rebelde desistiera de aceptar la nueva verdad.

Entonces, si Dios es ese ser que camina detrás de sus seguidores en trance, la verdad, no puedo creer en él. ¿Para qué habría el Creador de conferir razón crítica a sus creaturas y luego exigirles obediencia ciega, temblores alucinados, odios incontrolables? ¿Por qué habría Dios de preferir los creyentes a los pensantes? ¿Por qué la iluminación habría de ser la pérdida de la conciencia? ¿No será que la inocencia y la obediencia se llevan bien?

¿Y todo esto quiere decir que Dios no existe? No. ¿Quién soy yo para dar semejante respuesta? Solo me preguntaba si el creador del Universo realmente cabe en la cáscara de una nuez, en la cabeza de un misil.

Rebelión

07/06/2009 Posted by | General, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

Apuntes sobre la Revolución de Mayo – José Pablo Feinmann


Apuntes sobre la Revolución de Mayo

Jose Pablo Feinmann 1

Por José Pablo Feinmann

¡Cuántos puntos de vista hemos trazado sobre la Revolución de Mayo! ¿Tendrá sentido seguir discutiendo? ¿Qué discutimos? Puedo decir qué discutía yo en 1975 cuando escribí Filosofía y Nación y fui duro y crítico con Moreno y los suyos. Durante esos días, la organización político-militar Montoneros se había trenzado en una guerra aparatista –al margen de todo apoyo de masas; al margen, también, de todo intento de recurrir a ellas– con los grupos terroristas de la derecha del peronismo, respaldada por el aparato del Estado que presidía Isabel Martínez de Perón bajo los mandatos de José López Rega. Las discusiones que sosteníamos eran de superficie. No sé si en la Orga se discutiría algo o se sometería todo a la conducción de Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja. Años después, Perdía habría de reconocer que el “pasaje a la clandestinidad” fue el error más grande de la Orga. Fue uno de los tantos, pero determinó la militarización y el accionar violento, la criminalidad indiscriminada, el alejamiento total de las masas, de la población y, sobre todo, del sentimiento popular, que no era el de una guerra de muertes incesantes, muchas inexplicables, o de simples policías a los que –en su totalidad– se había condenado a morir donde se los encontrara. En esta coyuntura atroz se discutió la alternativa a la opción por los fierros, que, como siempre, fue la opción por la política. Pero no hay política en medio de las balas. Y tampoco hay masas ni población que se acerque a algo o que salga con cierta tranquilidad de su casa. Era, Montoneros, la vanguardia armada. No necesitaba del pueblo y el pueblo, para la vanguardia, siempre está al margen de la comprensión profunda de la historia. Puesto a escribir sobre la Revolución de Mayo no me fue difícil llegar a un trazado de historias con similitudes conceptuales, que ayudaran a la comprensión. Moreno y sus amigos eran la vanguardia ilustrada de Buenos Aires. No voy a comparar a Moreno y a Castelli con Firmenich y Perdía, pero la política se hace con los fierros o se hace con los pueblos. Moreno y Castelli no estaban extraviados y posiblemente fueran personajes trágicos, que le pedían a su tiempo algo que no podía entregarles. Grave error político. Un gran músico o un gran escritor puede –según suele decirse– “adelantarse a su tiempo”, pagará su gesto con la soledad y la incomprensión. Estos precios no los puede pagar un revolucionario. Salvo al costo de no hacer una revolución y quedar para la posteridad como un tipo bárbaro, lleno de buenas intenciones, pero fatalmente derrotado por mediocres que no volaban tan alto como él. ¿Pasó esto con Moreno?

Concedo, si quieren, que Moreno era un enemigo del Imperio Británico. Concedo que, en alta mar, según sugiere su hermano Manuel y afirman quienes hacen de Mariano un revolucionario, lo envenenó el capitán de la nave por órdenes del saavedrismo “reaccionario” o del mismísimo Imperio contra el que bravamente había luchado. Confieso que el Plan de operaciones es un gran texto político y que con gusto lo aplicaría hoy mismo en la Argentina. Imagínense: “Centralización de la economía en la esfera estatal, confiscaciones de las grandes fortunas, nacionalización de las minas, trabas a las importaciones suntuarias, control estatal sobre el crédito y las divisas, explotación por el Estado de la riqueza minera” (J. P. F., Filosofía y Nación, p. 36 de la edición de Legasa de 1986. El libro se publicó en 1982. Lo iba a publicar Amorrortu en 1976. Por supuesto no lo hizo). Y luego, en la parte económica del Plan, Moreno propone una de sus medidas más osadas: “Se verá que una cantidad de doscientos o trescientos millones de pesos, puestos en el centro del Estado para la fomentación de las artes, agricultura, navegación, etc., producirá en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesite para la conservación de sus habitantes, no hablando de aquellas manufacturas que, siendo como un vicio corrompido, son de un lujo excesivo e inútil, que debe evitarse principalmente porque son extranjeras y se venden a más oro de lo que pesan”. Sería fascinante traerlo a Moreno al presente argentino. Decirle, por ejemplo, que, en 2008, un gobierno nacional, democrático, perteneciente al partido de masas más grande del país y de América latina, intentó meter levemente su mano en el bolsillo de los señores de la tierra, no confiscarles su propiedades, no controlar el crédito, no nacionalizar nada, sino meramente retenerles un 3 por ciento de la renta de la que gozan y estalló la patria indignada. Tanto, que el gobierno tambaleó y si se mantuvo aún nadie sabe bien por qué, acaso porque esos mismos que quieren tirarlo tienen, a la vez, terror de gobernar el país con la gente que cuentan entre bobos traidores y malandras pendencieros.

Moreno parecía no comprender acabadamente una regla de oro de las revoluciones: nadie hace una revolución sin una base revolucionaria. Si pretendía ser un jacobino tenía que preguntarse –ante todo– si contaba con una burguesía revolucionaria. Jacobino sin burguesía gira locamente en el aire. Tenía, en Buenos Aires, a los que buscaban comerciar libremente con Gran Bretaña (y ya lo hacían a través del contrabando). A los comerciantes españoles, cada vez menos representativos. Y a los ganaderos bonaerenses, que buscaban exportar y miraban a los países del desarrollo europeo. Esto es tan sencillo que nada les ha costado verlo a Mariátegui, Milcíades Peña o José Luis Busaniche. El país tenía que salir de la órbita española. Había que echar de América a ese imperio decadente, inútil. El Plan tiene muchas concesiones a los ingleses. Si quieren no las vemos. Pero, ¿con qué poder pensaba Moreno hacer lo que proponía ese Plan? Puede conmovernos como Guevara en Bolivia. Pero no llevarnos a decir que la de Mayo fue una Revolución. Castelli puede conmovernos a orillas del lago Tiahuanaco, lugar al que convoca a las comunidades indígenas de la provincia de La Paz, a poca distancia del Titicaca. Claro que rechazamos la broma fascista de Hugo Wast que les hace decir a los indios una burrada infame como respuesta al discurso del orador de Mayo: “¿Qué preferís? ¿El Gobierno de los déspotas o el de los pueblos? Decidme vosotros qué queréis”. Y los indios: “¡Aguardiente, señor!”. Pero aun rechazando la injuria, la tomadura de pelo racista, era cierto que los indios no entendían el idioma de Castelli ni éste el de ellos. Es como Inti Peredo aprendiendo quechua en medio de la selva boliviana. O hablándoles a los campesinos de la Revolución Cubana. Lo que lleva a Guevara a confesarse que los campesinos lo miran con una mezcla de incredulidad y temor.

Lo que hizo Moreno fue introducir en el Plata la Razón Iluminista. Esta razón se centra en Buenos Aires y se desplegará desde ahí. Desde este punto de vista (salvo el interregno “bárbaro” de Rosas) será la razón occidental, la razón del tecnocapitalismo, la razón instrumental, la que triunfará en el Plata como triunfa en todo el mundo colonial. El único sentido lateral que hubo en este país ante esa racionalidad conquistadora fue el de las masas federales. (¿Por qué no Artigas antes que Moreno? ¿Por qué regalárselo a los uruguayos, si hasta muchos de ellos dicen que fue el más grande de los caudillos argentinos? ¿Por qué no Artigas, que era un líder de pueblos, un enemigo de portugueses y británicos y partidario de repartir las tierras a los pobres?) Y las masas federales fueron aniquiladas por el poder de Buenos Aires. Poder que –según nada menos que Alberdi– fue el que vino a centralizar la Revolución de Mayo estableciendo un reemplazo del coloniaje, no su sustitución. A partir de Mayo, Buenos Aires fue la metrópoli; las Provincias, la colonia. Esa lucha duró todo el siglo XIX y concluyó en el ’80, con la conquista del desierto y la federalización de Buenos Aires. Luego de aniquilar a los negros, a los gauchos y a los indios, Buenos Aires festeja el centenario de su revolución en 1910. Ahora, el Otro absoluto es nuevo y vino de afuera: es la chusma ultramarina. La opulenta capital también sabrá castigarla siempre que intente tomar o desordenar la casa.

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25/05/2009 Posted by | Historia, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Contextos – Horacio Verbitsky


ELECCIONES EN LA ARGENTINA, BRASIL, CHILE Y URUGUAY

En Brasil, Chile y Uruguay se aproximan las elecciones presidenciales y, salvo una hipotética nueva candidatura de Lula, lo más probable es un giro a la derecha. Eso no dejará de incidir en la política argentina, donde los comicios de junio no implicarían cambios drásticos. ¿Cómo serían los últimos años de CFK en un continente polarizado entre Chávez y Correa por un lado, José Serra, Piñera y Lacalle por otro?

Por Horacio Verbitsky

Las elecciones legislativas del 28 de junio ocurrirán en un complejo contexto regional en el que los gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay, con diverso grado de afinidad con la actual administración argentina, pondrán en juego su continuidad. Al día de hoy las previsiones más razonables señalan un giro a la derecha en todos esos países, con lo cual el último año del mandato presidencial de CFK transcurriría en un clima de creciente polarización entre esas nuevas gestiones con los consolidados regímenes de Venezuela y Ecuador. Lo que de esto derive incidirá a su vez en la estabilidad de los procesos políticos de los eslabones más débiles de la cadena regional, Paraguay y Bolivia, donde Fernando Lugo reza para que no sigan apareciendo hijos, y Evo Morales será reelecto en diciembre. Alvaro Uribe trata de obtener la habilitación en Colombia para intentar lo mismo dentro de un año. Esto ayuda a entender también lo que se pone en juego dentro de cinco semanas en la Argentina.

Lula, Dilma y Zé Serra

La clave, como de costumbre, es Brasil, donde el año próximo culminará el segundo período presidencial de Lula, cuya proyección no ha cesado de crecer, incluso entre sectores que mantienen reclamos insatisfechos. Lula nominó como candidata a sucederlo a su jefa de gabinete, la economista Dilma Rouseff. Pero hasta ahora su carisma no se transmite con facilidad a esta ex guerrillera y presa política durante la dictadura, quien perdería la presidencia frente a José Serra, el candidato derrotado en la última renovación del Poder Ejecutivo, quien por acuerdo o elección interna volverá a representar al PSDB. La semana pasada Dilma fue internada de urgencia por el dolor que le causaba el tratamiento químico que recibe a raíz de un cáncer linfático y se publicó una foto de escaso atractivo electoral, en la que ataja con la mano la peluca con que cubre la calvicie, para que no se la lleve el viento. Varios partidos de la coalición gobernante han preparado un proyecto de reforma constitucional que habilitaría un tercer periodo al frente del Poder Ejecutivo para el actual presidente. Lula, con la voz grave y pausada que emplea en mensajes breves y precisos, dijo que no había tercer período y que Dilma estaba curada y afrontaría en perfectas condiciones la campaña a partir de agosto. Por ahora, claro. Lula es el principal factor de equilibrio entre los distintos gobiernos y/o modelos de la región, como se demostró en la creación de la Unasur. Para la Argentina tiene un valor agregado único: nunca ha habido en Brasil un gobernante tan comprensivo de las necesidades y las posibilidades de la integración entre ambos países, merecedora de algunos sacrificios sectoriales. Esos intereses, que lo cuestionan por ello como pro-argentino, son los que representa Zé Serra: la poderosa industria paulista, cuya capacidad de abrir su mercado a la competencia y a cambio penetrar en el estadounidense, le hace ver al vecino rioplatense como un molesto rezagado que hay que llevar a cuestas. Nadie entiende mejor que Lula que la armonía con una Argentina más fuerte es un activo que Brasil capitaliza en su proyección al escenario global. A más tardar a fines de agosto, Lula deberá decidir si se allana al clamor reeleccionista, insiste con Dilma o abre un proceso sucesorio en busca de otro candidato para las presidenciales que se celebrarán en 2010. Esto es cualquier cosa menos fácil. La candidatura presidencial exitosa de un movimiento popular, a la que los grandes intereses y los medios de comunicación sólo se resignan cuando no tienen más alternativa, no se fabrica ni siquiera en pocos años, menos aún en meses. El propio Lula recién ganó la presidencia en su cuarto intento.

Tabaré, Pepe y el Cuqui

El mismo día en que Néstor Kirchner compita en la Argentina con el duhaldismo de pro y el aglomerado radical, el Frente Amplio uruguayo elegirá su candidato para suceder a Tabaré Vázquez. Las elecciones en dos vueltas serán en octubre y noviembre. Tabaré también se ilusionó con la idea de la reelección, pero la firme conducción frentista que ejerce José Mujica le hizo entender que no era posible. El también ex tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro usó un parangón brutal entre los presidentes salientes y aquellos perros que sólo pueden mirar con aire distraído al horizonte mientras a sus espaldas otros se hacen la fiesta. Perros putos, dijo primero. Homosexuales, corrigió luego en aras de la corrección política. Vázquez apoyó entonces a su ministro de Economía, Danilo Astori. Una vez que fracasaron los intentos para unir a ambos precandidatos en una fórmula común, y luego de la aprobación de una plataforma programática de la cual el electo no podrá apartarse, ambos se presentaron a la Convención frentista, en la que miles de delegados consagraron a Mujica. Astori quedó relegado al tercer puesto, detrás del intendente de Canelones, Marcos Carámbula. No obstante, en el hiperparticipativo proceso frentista aún falta la ratificación en elecciones internas. Los observadores más confiables dicen que Astori no tiene forma de ganar la candidatura, pero agregan que es casi imposible que Mujica logre imponerse en segunda vuelta al casi seguro candidato del Partido Nacional o Blanco, el ex presidente Cuqui Lacalle, adalid del neoliberalismo oriental, que presidió un gobierno casi tan corrupto como el de Carlos Menem en la Argentina.

Después de Bachelet

La Concertación de Partidos por la Democracia gobierna en Chile desde hace dos décadas, con los sucesivos presidentes democristianos Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz Tagle, y socialistas, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet. Este año Bachelet termina su mandato de cuatro sin posibilidad de reelección, con los índices de beneplácito más altos que se recuerden. Luego de su presidencia imperial Lagos sólo estaba dispuesto a postularse para un nuevo mandato si los partidos concertados lo designaban por aclamación, sin elecciones internas. Rechazada esta pretensión del candidato natural, surgió el nombre del ex ministro de Lagos, José Miguel Insulza, quien se abstuvo de competir porque el resultado no era seguro y prefirió conservar su cargo como secretario general de la OEA, con casi 20.000 dólares mensuales de sueldo, viáticos y casa en Washington, como cuentan con insidia sus decepcionados compañeros socialistas. El 5 de abril, Frei Ruiz Tagle venció en las primarias de la Concertación al jefe del Partido Radical, José Antonio Gómez. Frei ofrece una innovación etérea (dice que pondrá el acento en la política social, cosa que ya prometieron todos los candidatos y que sólo Bachelet cumplió) y otra tangible: abandonó su rígido peinado a la gomina por uno más flojo, con algún mechón al aire. Quienes intentan argumentar que no es el mismo que hace ocho años cuando dejó la presidencia, dicen que cambió cuando supo que su padre, el ex presidente de la década de 1960 Eduardo Frei Montalva, había sido asesinado por los envenenadores de la DINA, que se infiltraron en el hospital donde estaba internado. Los propios dirigentes de la Concertación reconocen que el favorito es el candidato de la derecha, Sebastián Piñera, una cruza de Carlos Bulgheroni con el Pato Galmarini. Consultor del Banco Mundial, iniciador del negocio de las tarjetas de crédito en su país, presidente del Citicorp en Chile, inversor financiero de alto riesgo, procesado por fraudes bancarios y grabado cuando convenía con un periodista destruir la carrera de otra candidata, hermano del ministro de Pinochet que destruyó el régimen estatal de jubilaciones pero opositor en el plebiscito de 1988, este emergente de la derecha liberal post pinochetista fue uno de los beneficiarios de las privatizaciones de la dictadura. Entre otras empresas, conduce LAN Chile y tiene participación en LAN Argentina, donde sus hombres de paja son los hijos de José Alfredo Martínez de Hoz y de Mariano Grondona. La Concertación no gana para sustos: un diputado socialista de apenas 36 años desconoció las internas e insiste en postularse como independiente, para lo cual debe llevar ante un escribano las firmas de 36.000 personas inscritas en el registro electoral pero que no militen en ningún partido. Sus apellidos complican la cosa: Marco Enríquez Ominami es hijo del asesinado líder del MIR Miguel Enríquez y fue adoptado por quien ocupó el ministerio de Economía con Aylwin. Casado con una popular animadora de televisión, filósofo, cineasta, especialista en medios y publicidad, cultiva un look flogger, hace campaña por Internet, es insolente y audaz. El senador Carlos Ominami escandalizó al partido socialista cuando se pronunció en apoyo de su hijo, que crece en las encuestas a razón de un punto por semana. Este lunes le atribuían una intención de voto del 15 por ciento. Si Piñera es el hombre de la derecha que se mueve hacia el centro democrático al estilo de Gianfranco Fini en Italia, la modernidad progresista de Enríquez-Ominami le alcanza para propiciar la despenalización del consumo de marihuana, el aborto y el matrimonio entre personas de cualquier sexo, pero sus propuestas económicas son neoliberales y contempla privatizar las empresas públicas que Pinochet perdonó. Cualquiera de los tres que se imponga, implicará un retroceso respecto del gobierno de Bachelet.

Equilibrios

Ningún análisis desinteresado sugiere cambios drásticos en las elecciones argentinas del último domingo de junio. Es probable que el gobierno pierda algunas bancas en la suma total y acaso también el quórum propio. Pero parece encaminarse hacia una cómoda victoria en el principal distrito, que concentra el 40 por ciento del padrón nacional, y la oposición quedará muy lejos de los 2/3 necesarios para superar el veto presidencial a cualquier táctica obstruccionista. El prudente manejo de la economía, que a partir de la crisis global hizo revalorizar la gestión de Bachelet en Chile, tiene un efecto menos nítido aquí, por el fuerte contenido derogatorio de la competencia política, basada en la aversión contra la presidente, a quien todos se afanan por aplicarle el golpe más bajo. Menos ostensible que la unidad mediática, la de la oposición política es apenas una conjetura que deberá verificarse después del 29 de junio. Una vez que agregó a Felipe Solá a su colección de trofeos, el hombre del Nextel lo relegó a una posición secundaria, para que recorra el interior de la provincia pero sin respaldo publicitario, que se limita a la gente como uno. El masoquista Solá, que se fue del oficialismo porque Kirchner no lo mimaba, está aprendiendo ahora lo que es el maltrato. En cualquier caso el gobierno no transitará del mismo modo sus próximos años según quienes gobiernen en Brasilia, Montevideo y Santiago. Si las peores hipótesis se confirmaran, el presidente venezolano Hugo Chávez, y detrás de sus huellas Rafael Correa en Ecuador, obtendrían un argumento de peso en su voluntad de expandir el modelo que el venezolano conduce desde hace una década: la capacidad de consolidar un régimen, basados en una gestión plebiscitaria, revalidada en las urnas, y sin excesivo cuidado por las formas republicanas, mientras Lula, Tabaré, Bachelet y tal vez los Kirchner se alejarían del poder sin dejar transformaciones irreversibles. Que Daniel Scioli aparezca como la sucesión posible lo dice casi todo. Aquel modelo del norte de Sudamérica debe ser tentador para estos gobernantes, aunque no parece de fácil aplicación en sociedades como las del cono sur. De Narváez y Macri sintonizan la misma frecuencia de Piñera o Uribe, de país atendido por sus dueños, o de hábiles gerentes políticos de los intereses creados, como Lacalle o el peruano Alan García.

Aló presidente

Durante su última visita, el teniente coronel Chávez postuló en público un presunto eje Caracas-Buenos Aires mientras no desiste de buscar la adhesión argentina al ALBA, sigla de su Acuerdo Bolivariano para las Américas. Para Chávez esto implica un recorte al poder de Brasil y la importancia del Mercosur. Esto no forma parte de las prioridades de CFK, quien también marcó distancia en la valoración del nuevo gobierno estadounidense. El exuberante Chávez pasa de decirle a Barack Obama que quiere ser su amigo a compararlo con George Bush y afirmar que nada ha cambiado, cosa que ni los hermanos Castro sostienen en Cuba. En forma simétrica, atacar a Chávez se ha convertido para la oposición argentina en otro modo de enfrentar a los Kirchner, como se ve en las insólitas declaraciones de la Unión Industrial y las asociaciones de banqueros y de empresarios sobre la estatización de empresas de Techint en Venezuela. La UIA, la ADEBA y la AEA, que integran el renacido lobby devaluacionista, llegan a llamar “empresa argentina” a la multinacional italiana de Milán y a exigir la intervención de la presidente, como si estuviera en juego el interés nacional. En realidad están presionando para que el Estado bobo, que recuperó el manejo de los fondos provisionales y de algunas empresas, no termine de despertar. A partir de la semana próxima los cancilleres comenzarán a llegar a Honduras para la Asamblea General de la OEA. La Argentina, Chile y Brasil, prepararon un documento de homenaje al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, por el medio siglo que cumple la Comisión Interamericana. Chávez presentó una nota al pie virulenta contra la Comisión, a la que califica como un organismo no imparcial, instrumento de la agresión imperialista contra la revolución bolivariana, que en abril de 2002 habría reconocido al gobierno surgido del fugaz golpe de Estado que depuso a Chávez. Eso no es cierto y la principal desmentida proviene del mismo Chávez, que al mes del golpe recibió a la Comisión en Caracas y les agradeció a sus miembros las gestiones realizadas por sus derechos conculcados. La Comisión había pedido informes por la situación de Chávez, ante una denuncia presentada por la ONG colombiana Minga, que defiende los derechos de comunidades indígenas y afrodescendientes. Para ello se dirigió al canciller de los golpistas, como lo hizo antes con las dictaduras de Pinochet y Videla en defensa de los perseguidos, lo cual no puede homologarse con el reconocimiento del gobierno, que es una decisión política que no compete a la CIDH. Venezuela amenaza ahora con abandonar la OEA o denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos, pero no sería apoyado por los principales países de la región, donde la Comisión cumplió un rol esencial en el apoyo a los pueblos durante las respectivas dictaduras. Tal vez Chávez sobreestime la importancia relativa de su país. La Asamblea General que sesionará en Honduras desde el 1 de junio será una nueva oportunidad para que la Argentina despliegue la estrategia flexible que CFK mostró en la cumbre presidencial de Trinidad-Tobago, donde criticó la exclusión de Cuba de la organización continental y reclamó su reingreso, pero al mismo tiempo planteó que debía analizarse el record del gobierno de ese país caribeño en materia de derechos humanos, cosa que también había admitido su nuevo presidente, aunque con toda probabilidad sus ópticas al respecto difieran. Del otro lado, el establishment cubano de Miami está en pie de guerra y el senador Mel Martínez advirtió sin sutileza que la readmisión de ese gobierno pondría en peligro el presupuesto de la OEA, cuyo principal sufragante es Washington. Pero en ese caso, la soledad estaría reservada al gobierno de los Estados Unidos, cosa que Hillary Rodham Clinton deberá ponderar antes de encontrarse con sus colegas americanos.

Página 12

24/05/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Objetivos interesados


Objetivos

Iván Lira – Rebeliòn

23/05/2009 Posted by | Humor, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

El liberalismo y las crisis: aprender y responder


23-05-2009

Juan Torres López y Alberto Garzón Espinosa

Altereconomía

La ideología liberal domina casi sin fisuras los ambientes sociales y, especialmente, los académicos. Aunque su visión de cómo pueden funcionar en realidad las cosas sociales está claramente fantaseada y los principios en los que se basa (el universo mercantil como orden natural de los seres humanos) no deberían casar muy bien con los anhelos fundamentales de las personas, lo cierto es que calado muy hondo en la sociedad y que actualmente no son pocos los ciudadanos de todas las clases sociales que no han interiorizado sus mismos principios y propuestas de actuación. Es la consecuencia de que su versión más impura y oportunista, pero la más combativa, el neoliberalismo de los últimos treinta años se haya impuesto tan generalizadamente frente a las ideologías progresistas.

El liberalismo se presenta públicamente como la gran ideología de la eficiencia, del equilibrio, de la competencia y de los mercados perfectos, … pero al materializarse en prácticas políticas concretas no ha hecho otra cosa que lo contrario de lo que dice defender.

En España lo vemos cada día en aquellas comunidades gobernadas por el PP, donde la Administración pública es el instrumento en el que toman forma las tramas de corrupción más amplias y groseras, las privatizaciones de los bienes públicos, las concesiones a los empresarios amiguetes y el acceso más sectario a los medios de comunicación desde donde se manipula y se engaña a la ciudadanía como en ningún otro sitio. Y en el resto del mundo los liberales siguen los mismos procedimientos. Lo hemos visto recientemente en la administración Bush, con las prácticas de socializar las pérdidas de los grandes bancos quebrados o a punto de hacerlo, mientras que durante años y años las ganancias fueron a parar a los accionistas privados y a los sueldos millonarios de los directivos.

El liberalismo realmente existente es, en realidad, una ideología a la hora de la verdad muy intervencionista en favor de los ricos y de aquellos para quien el fin, su fin, el afán de lucro, justifica los medios.

No debe extrañar, de hecho, que las contundentes y pioneras medidas de choque liberales tras la caída de la rentabilidad a finales de los años sesenta tuvieran que necesitar una dictadura para implantarse. Sólo en un contexto de autoritarismo y eliminación de disidentes, como en el Chile de Pinochet, los gurús de la ideología neoliberal, con Milton Friedman a la cabeza, pudieron llevar a la práctica sus políticas a favor de un mercado que solo resultaba libre en apariencia porque a la postre lo organizan en torno a grandes oligopolios, privatizando por doquier y repartiendo la riqueza nacional entre unas pocas manos privadas. La propia extensión del “libre mercado” por el mundo ha necesitado siempre de la sangrienta intervención del Estado y de sus ejércitos, y aunque el colonialismo es tal vez la mejor demostración de ello también las dos recientes guerras del golfo ilustran ejemplarmente este fenómeno.

Con las políticas liberales nunca han aparecido mercados equilibrados y perfectos sino más concentrados y oligárquicos, porque sencillamente se ha buscado desde siempre hacer dominante la ley de la selva, la norma de no tener norma, la legalización de la posibilidad de que los poderosos machaquen a los desfavorecidos.

Las continuas medidas privatizadoras y desreguladoras llevadas a cabo por gobiernos liberales han permitido a unas pocas pero grandes corporaciones alcanzar un poder extraordinario que supera en muchos casos al de los propios Estados. Hacen y deshacen a su antojo, sin apenas responsabilidades, y en sus manos queda el devenir de la economía mundial y de las millones de personas que la integran. Y todo en nombre de la libertad de elección, de la que solo los poderos gozan en sentido pleno.

Y precisamente por el carácter contradictorio de este sistema y de esta ideología dominante el resultado final siempre es el mismo: dramáticas crisis que arrasan con la exigua riqueza de los más desfavorecidos, el desempleo de la mayor parte de la población pero nunca de los responsables últimos de las crisis, y la acentuación de la pobreza, la desigualdad y el hambre en todo el mundo. La Gran Depresión que siguió al crack del 29 en Estados Unidos y la actual crisis económica, ya denominada por algunos como la Gran Recesión, son ejemplos claros de todo esto, pero no los únicos.

Desde que el neoliberalismo volvió a reorientar la economía mundial se han sucedido graves crisis a lo largo de todo el mundo: la crisis asiática, la crisis de las puntocom en EEUU, las crisis latinoamericanas que culminaron con el hundimiento de la economía Argentina… El liberalismo está en el origen de las más grandes sacudidas que ha sufrido la economía mundial. Nada como las políticas liberales para favorecer el beneficio pero nada tampoco como el liberalismo para provocar después crisis gigantescas.

Pero la vigencia del liberalismo a pesar de sus constantes fracasos es también algo sobre lo que conviene reflexionar.

Es la muestra de que la derecha sabe perfectamente lo que hay que hacer para poder gobernar en su interés: generar pensamiento, lograr la hegemonía ideológica y convicción social, civilizar a partir de sus principios morales.

Es verdad que, basado en la mentira y en la tergiversación de los hechos sociales, el liberalismo tiene esa enorme capacidad de regeneración y de legitimación gracias a los medios que ponen a su servicio los poderosos. Las miles de instituciones privadas, fundaciones y otras organizaciones que el neoliberalismo ha articulado mundialmente en torno a unas cuantas sencillas ideas han servido para que los poderosos pudieran dotarse de discursos legitimados socialmente con los cuales acrecentar su poder y dinero. Y con ellos la derecha ha aplastado sutilmente a toda la oposición.

Y eso es lo que debería servirnos de lección. Frente a esa dominación ideológica, la izquierda necesita despertar y comenzar a recuperar el espacio social del pensamiento y de los principios morales que guían la acción social que ha cedido a la derecha en las últimas décadas. Una tarea que tiene que comenzar por la denuncia sistemática de las falsedades del pensamiento liberal.

Es urgente que la izquierda dedique su tiempo y esfuerzo a desvelar las mentiras y falacias que componen el ideario liberal y explicar paralelamente a los ciudadanos los fenómenos sociales de forma clara y precisa, partiendo de conceptos elementales y bajando a la realidad.

De lo contrario, la salida a esta crisis, como en otras ocasiones, tomará será una vuelta de tuerca más, donde de nuevo los salarios serán los que padecerán las consecuencias y con ellos todos los trabajadores que necesitan de ellos en todo el mundo para subsistir.

Las gentes necesitadas, los desposeídos, las personas humildes, los trabajadores, las mujeres y los hombres de todo el mundo necesitan alternativas que pongan en pie un nuevo tipo de relaciones sociales y respuestas distintas, más justas e igualitarias, a los problemas que ha creado la dominación de los grandes capitalistas y financieros.

Pero nada de eso podrá alcanzarse sin el pensamiento, sin la reflexión constante, sin la inteligencia colectiva de partidos, sindicatos, organizaciones, movimientos y personas de todas las corrientes de izquierdas. De un pensamiento del que ha de nacer la denuncia, la movilización y la acción. Todo lo demás, es hoy día accesorio. Y la unidad de todas las izquierdas en ese objetivo un presupuesto esencial para poder avanzar.

23/05/2009 Posted by | Politica Internacional, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario