America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

LA SOLUCION EUROPEA DEL GRUPO AHHH….PARA LOS PROBLEMAS ARGENTINOS – Horacio Verbitsky


 

Barcelona

Por detrás de los candidatos del Grupo Ahhh… hay una trama de hombres del sector financiero, como González Fraga, Redrado, Amadeo y De Prat Gay, decididos a sustituir el populismo kirchnerista por las ortodoxas metas de inflación, con aumento de tasas de interés, reducción del gasto público y las retenciones, apreciación cambiaria y nuevo endeudamiento público. Son medidas similares a las que se están aplicando en Europa, de Grecia a Inglaterra, con resultados que la Argentina ya conoció.

 

CFK no está capacitada para gobernar, la sociedad se cansó de su autoritarismo y su soberbia, el país vive en el desorden, la inseguridad golpea a todas las clases sociales, la inflación corroe los ingresos populares, la corrupción ha llegado a niveles inauditos, pese a la favorable coyuntura internacional se está desaprovechando una ocasión única para el desarrollo, los derechos humanos son una cobertura para robar, el federalismo ha sido abolido a golpes de caja, la presidente está más atenta a los espejos que a las ventanas, los pocos colaboradores con quienes se comunica dicen que a ella no se le habla, se la escucha, los resultados de la Capital, Santa Fe y Córdoba son la primicia del derrumbe. Este es el alimento cotidiano desde hace más de tres años. Pocas veces el discurso político y mediático de oposición ha sido tan persistente y uniforme, con piezas intercambiables. Sin embargo, las únicas dudas para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias de hoy tal como las expresan analistas, encuestadores y políticos se reducen a determinar si Cristina obtendrá más del 40 por ciento de los votos y quién será el segundo candidato más votado detrás de ella. La incongruencia es indisimulable: o mañana de madrugada, cuando se disponga de un panorama nacional definido (ya que en Buenos Aires, Entre Ríos, San Luis y San Juan se eligen también candidaturas provinciales y municipales, ejecutivas y legislativas con múltiples listas y combinaciones posibles) se asistirá a una enorme sorpresa, o la vulgata del pensamiento único se revelará como una mera expresión de deseos y la sociedad dará la espalda a quienes se ofrecen como sus mejores intérpretes y desinteresados redentores.

Metas

En teoría todas las candidaturas presidenciales están en un pie de igualdad, y por primera vez hasta las fuerzas más pequeñas gozaron del mismo espacio, gratuito, en los mejores horarios de la televisión (más un plus para cada uno de acuerdo a los votos obtenidos en la elección anterior). Cada fuerza lo aprovechó como mejor pudo. Esta es una de las reformas debidas a la nueva ley de los partidos políticos y el régimen electoral, que tiende a reducir la incidencia del poder económico y de los aparatos partidarios. Pero en la práctica, las metas de cada uno son distintas. Podrían agruparse en tres franjas:

1

Cristina Fernández de Kirchner-Amado Boudou: superar el 40 por ciento de los votos válidos emitidos. Esto reforzaría su favoritismo para imponerse en las elecciones presidenciales, dentro de dos meses.

2

Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga, Eduardo Duhalde-Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá-José María Vernet y Hermes Binner-Norma Morandini: obtener el segundo lugar, con la esperanza de aglutinar todo el voto opositor en la primera vuelta presidencial.

3

Elisa Carrió-Adrián Pérez, Alcira Argumedo-Jorge Cardelli y José Saúl Wermus (Jorge Altamira)-Christian Castillo: llegar al 1,5 por ciento del padrón en la mayor cantidad posible de distritos, ya que ése es el piso que les permitiría presentarse en octubre con listas completas.

También en otras categorías, o entre una y otra, hay objetivos parciales:

Daniel Scioli aspira a mantener el record por el cual desde 1983 cada vez que la gobernación de Buenos Aires se puso en juego al mismo tiempo que el Poder Ejecutivo Nacional, el candidato bonaerense obtuvo más votos que el presidente de su misma lista. Esto no tiene mayor importancia para la obtención del cargo, que se adjudica por simple mayoría en vuelta única, sino como proyección política futura: pese a que en 2007 la diferencia no llegó al 2,5 por ciento, Scioli pudo jactarse de su aporte a la elección de Cristina. Distinto sería si los términos se invirtieran, hoy y/o en octubre.

José Manuel De la Sota tiene objetivos afines a los de Scioli. Si bien ya fue electo gobernador de Córdoba, hoy presentará una lista de candidatos a diputados que competirá con la única autorizada por la presidente, con el sello del Frente para la Victoria. Cada voto menos que recaude su lista respecto de los que él obtuvo el domingo pasado, lo alejará un paso de su propósito de proyectarse a la escena nacional, en el que pocos creen fuera de Córdoba.

Payadas y payasadas

Los cierres de campaña exacerbaron algunas características de cada candidato. La diputada Elisa Carrió dijo que la familia de Dios es tan grande que caben ella misma, “el payador, el payaso y Llambías” (sic), según la transcripción del azorado cronista de este diario, a quien le impactó el estruendoso silencio que se produjo. Para Alcira Argumedo, Proyecto Sur debería tomar conciencia de su fuerza y apelar al sentido del humor. No es un caso único. El ex senador Eduardo Duhalde, quien ya intentó llegar a la presidencia por elecciones hace doce años, dijo que le asombraba la cantidad de estúpidos que había en la Argentina y, al día siguiente, que el gobierno ofendió a los porteños al considerar que votaron mal. Como si el esfuerzo de la campaña le hubiera limado el superyó, dijo que no competía con Ricardo Alfonsín, Hermes Binner y Elisa Carrió, sino sólo con la presidente. “Con todo respeto”, aclaró. Por haber tenido hace cuarenta años un fugaz cargo en el sindicato municipal de Lomas de Zamora se proclamó el primer sindicalista presidente, antes que Lula. Podrán discutirlo el mes próximo, cuando el ex mandatario brasileño llegue al país con el propósito de apoyar a Cristina y, según dijo, explicarles a algunos amigos argentinos que en la actual coyuntura global y regional, no hay mejor perspectiva para los pueblos de Sudamérica que la reelección de CFK. La Argentina fue anfitrión y parte en la primera reunión del Consejo Sudamericano de Economía y Finanzas, que reúne a los ministros de Hacienda y a los presidentes de los bancos centrales para coordinar medidas defensivas. En la primera reunión, además del incremento y la desdolarización del comercio intrarregional, se analizaron tres recursos, alternativos o complementarios, aún está por verse: la ampliación del Fondo Latinoamericano de Reservas (Flare) que desde hace tres décadas integran Venezuela, Colombia, Uruguay, Ecuador, Perú, Bolivia y Costa Rica; el fortalecimiento de la Corporación Andina de Fomento, como propone desde hace años su presidente, el asombroso bailarín boliviano Enrique García; o la puesta en marcha del demorado Banco del Sur.

Un plan de negocios

Mucho antes de que se abriera el proceso electoral, Duhalde suscribió junto con el ex jefe de gabinete de Fernando de la Rúa, Rodolfo Terragno, un Plan del Bicentenario. En medio de una tibia sopa de generalidades contiene un solo trozo de carne: el plan de incentivos para la inversión transnacional elaborado por los secretarios de Energía de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y el propio Duhalde, los de la privatización de YPF, la exportación descontrolada de un recurso estratégico agotable y la disminución del horizonte de reservas. En diciembre de 2010, Duhalde y Terragno maquillaron este programa como un “Acuerdo de Gobernabilidad y Políticas Públicas” y se lo hicieron firmar también a Maurizio Macrì, Margarita Stolbizer, Hermes Binner y Ricardo Alfonsín. Al presentar el compromiso, Terragno fue explícito: su inspirador es el ex secretario de energía Daniel Montamat, quien plantea la necesidad de ofrecer al capital extranjero condiciones para una inversión de 7000 millones de dólares anuales en petróleo y gas. Con toda coherencia, la plataforma del Peronismo opositor que presenta Duhalde reivindica las reformas neoliberales realizadas cuando fue vicepresidente de Carlos Menem y rechaza medidas centrales del actual gobierno, como la recuperación del sistema previsional, el uso de sus recursos para dinamizar la inversión productiva y el empleo de una parte de las reservas excedentes para proseguir el desendeudamiento que inició Néstor Kirchner y que, por primera vez, pone a la Argentina a salvo del torbellino financiero global.

Calma radicales

Duhalde propone aplicar, en cambio, el esquema de metas de inflación, en desacuerdo con el cual Kirchner no renovó el mandato de Alfonso de Prat Gay al frente del Banco Central y lo sustituyó con Redrado, quien hoy acompaña al pesificador asimétrico de Lomas de Zamora. Coincide en esto con Javier González Fraga, jefe de los equipos económicos del duhaldista Movimiento Productivo Argentino y candidato a la vicepresidencia del radicalismo. JFG es uno de los más íntimos amigos personales de Eduardo Amadeo, candidato duhaldista a la gobernación bonaerense, y mentor intelectual de Alfonso de Prat Gay, a quien Alfonsín dijo que le gustaría tener como ministro de Economía. Este anuncio enfureció a Elisa Carrió porque “Ricardito”, como aún lo llamaba, sólo la notificó por los diarios de esta apertura del libro de pases, y ensombreció al estructuralista cepalino Adrián Ramos, que encabezaba el equipo económico de Alfonsín y se orientaba hacia otro esquema, de reformas graduales más atentas a la producción y el empleo. El temor de Alfonsín a la inflación se comprende sin necesidad de grandes explicaciones. Pero las propuestas de González Fraga y la trama de relaciones tejidas con Amadeo, De Prat Gay y Redrado, todos ellos hombres del sector financiero, muestran que las peleas del Grupo Ahhh… en el Congreso, no se trasladarían en forma necesaria y automática a un eventual gobierno de coalición que los incluiría, de posiciones bien vistas por el establishment. A esto se refería Francisco de Narváez cuando reveló que entre el Peornismo opositor y lo que queda de la UCR hay más conversaciones de las que se conocen, con vistas al futuro. JGF insiste en la flotación pura del tipo de cambio, la independencia del Banco Central y la reducción de las retenciones a la exportación de soja e hidrocarburos, que es como exponer a un niño desnudo a la granizada del viernes. Para reemplazar los ingresos que el Estado obtiene por las retenciones, postula reiniciar el ciclo del endeudamiento, aprovechando que luego de ocho años de kirchnerismo la deuda pública en dólares con acreedores privados es la más baja de la historia en relación con el Producto y una de las menores del mundo. Abandonar el esquema actual de flotación administrada de la moneda y reducir o eliminar retenciones a las exportaciones de commodities cuyos precios siguen en alza, conduciría a una apreciación del peso capaz de liquidar a breve plazo la reconstrucción industrial de estos años. Es cierto, como repiten CFK y su ministra Débora Giorgi, que la economía argentina es la única de América que no se reprimarizó, mérito significativo pero que también se explica porque su desindustrialización fue de una profundidad excepcional en la década de MenemDuhalde, Cavallo y De la Rúa. Pero aún moderando el entusiasmo, es inocultable el contraste con Brasil, donde se aplican las políticas que ilusionan a la oposición argentina. En el “país serio” del discurso alfonsinista, el encarecimiento de la moneda nacional debido a las exportaciones, sin los tipos de cambio diferenciales que aquí generan las retenciones, tiende a producir aumentos de precios internos, que se intentan contener con aumentos de tasas de interés. Pero esto a su vez promueve el ingreso de capitales especulativos y aumenta la deuda pública, al estilo de la convertibilidad argentina. Ese perfecto círculo vicioso, en el que también crecen las importaciones deteriora la producción nacional y el empleo, como también ocurre en Chile, otro modelo admirado por el arco que va de Alfonsín a Macri. La vituperada inflación argentina, que expresa la puja distributiva y no parece en riesgo de incrementarse más allá de los (decrecientes) niveles actuales, no ha afectado la productividad del trabajo ni la competitividad de la industria, ya que el costo laboral por unidad de producto está entre un 25 y un 50 por ciento por debajo del de 2001 (según se mida contra el dólar o contra el tipo de cambio real multilateral) (1). Esta constelación garantiza niveles de actividad y de empleo que ya desearía España.

Frente Antiinflacionario Progresista

Más notable es que también Hermes Binner, que no tiene nexos conocidos con el sistema financiero ni las grandes empresas, se incline por el mismo tipo de enfoque de metas de inflación. El acuerdo con González Fraga y De Narváez lo alejó de Alfonsín por razones políticas y, si se quiere, estéticas. Pero no implicó ninguna diferencia de fondo en materia económica. Por el contrario, entre ambos frentes predominan las coincidencias. “Hay que confiar en el capitalismo”, respondió el líder socialista cuando le preguntaron por las consecuencias de la crisis global que estalla hoy en Europa y Estados Unidos. Es difícil advertir qué tendría de progresista, para no hablar ya de socialista, la intención de enfriar la demanda mediante la suba de la tasa de interés y garantizar la sustentabilidad de la deuda mediante medidas fiscales, reducir la excesiva inversión pública y generar un clima beneficioso para la inversión privada, como propone. El GEN, que forma parte del FAP, presentó además un proyecto de ley de entidades financieras que, a diferencia del que elaboró el diputado Carlos Heller, sólo agrega algunas reglas de protección al usuario a la ley neoliberal vigente. Según el director del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo (CEFID-Ar), Guillermo Wierzba, de este modo el FAP replica “el programa de los abdicantes partidos socialistas europeos en el momento de su peor crisis” y tiende a producir “la chilenización de la economía argentina”. Tal vez Claudio Lozano o Humberto Tumini podrían explicar qué tiene este proyecto de progresista, pero están muy ocupados tratando de persuadir al electorado de que hoy no le renueve el voto de confianza a Cristina.

Página12

14/08/2011 Posted by | Economía, General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Argentina: “Perder no es el fin del mundo”


Ernesto Laclau

Ernesto Lacau

Foto: Pablo Stubrin.

04-06-2009 /

Asegura que el kirchnerismo no hará una mala elección aunque advierte que le falta definir un proyecto de país. Cuestiona a la oposición y dispara: “Después de las elecciones, empieza una lucha para ganar más espacios progresistas”.

Por Luz LaiciHay que decirlo: la política, en ocasiones, aburre. O provoca hasta el hartazgo. En un año que se preveía proselitista, el adelantamiento de las elecciones generó un estallido de peleas, declaraciones y simbología cruzada que, para el común de los mortales, expulsa un grito de basta y la necesidad de algo de cordura que pocas veces llega. Repasemos la lista: candidaturas testimoniales, impugnaciones, huevazos, chacareros frenéticos, presos que buscan saltar al Congreso, tilinguería, neoliberales desesperados por esquivar al Estado, empresarios con dedo acusador, manifestaciones por doquier, el caos o la nada. Y, claro, no nos olvidemos de Marcelo Tinelli y sus caricaturescos dirigentes que, de paso, aparecen en una fiesta con modelitos que bailan contentas y ligeras de ropa, como si el tiempo nos hubiera llevado de nuevo a los noventa. Sin escalas.

Pero… a quién culpar. ¿Cómo no relegar esas cuestiones a un segundo plano si, en el camino, hay que llegar a fin de mes o ver cómo se hace para mantener a los chicos en la escuela, con la paranoia de la gripe porcina dando vueltas? La reflexión de doña Rosa, además, no tarda en llegar: “Encima siempre son los mismos”.

Sin embargo, para Ernesto Laclau –uno de los intelectuales argentinos más reconocidos en el mundo, egresado de la UBA, profesor de la Universidad de Essex, donde llegó invitado por Eric Hobsbawn, coautor de Hegemonía y estrategia socialista y reciente director honorífico del Centro de Estudios del Discurso y las Identidades Sociopolíticas, de la UNSAM–, la respuesta se encuentra en lo profundo: “Todavía falta definir un proyecto de país”. Y aunque su definición parezca filosófica, cobra mayor sentido como una apelación al compromiso. “El panorama no es tan malo –afirma–. Hay que comprender que todas las medidas económicas que tomó el Gobierno fueron positivas. Como la estatización del sistema de capitalización jubilatorio. (Carlos) Menem y (Domingo) Cavallo construyeron un mecanismo que generó un déficit fiscal mayúsculo, cubierto con endeudamiento interno. Una especie de suicidio similar al impuesto por Martínez de Hoz, que estranguló a la industria. Releo esa historia y pienso que tuvimos criminales económicos y políticos que operaron para destruir el país. Hoy, por el contrario, eso está cambiando”.

–En su último libro, La razón populista, se mostró optimista porque “los pueblos latinoamericanos afirman con éxito su lucha emancipatoria”. ¿Considera al kirchnerismo como el motor del cambio en la Argentina?

–El kirchnerismo introdujo un poco de sentido común en el manejo de los factores económicos. La idea de una redistribución de la renta sobre la base de la famosa resolución 125 o la estatización del sistema jubilatorio fueron medidas de buen sentido. Y el pago de la deuda al FMI rompió la dependencia argentina.

–Menciona a las retenciones pero ese proyecto no logró avanzar en el Congreso…

–Pero eso no quita que lo que exigieron los ruralistas haya sido una cosa irracional. El actual gobierno quiso redistribuir el ingreso.

–Algunos movimientos sociales que apoyaban al kirchnerismo se alejaron por considerar que la redistribución era una cuenta pendiente. ¿Coincide con esta afirmación?

–Los movimientos sociales tienen razón: el Gobierno no fue demasiado lejos en ese campo. Pero la cuestión es ver cuál es la alternativa política, de carácter global, que estos movimientos presentan. No digo que sea el caso de Libres del Sur o Martín Sabbatella, que es un político honesto y progresista. Pero si empiezan a moverse por fuera de un espacio nacional popular como el kirchnerismo, pueden ser cooptados por la derecha. De hecho, (Raúl) Castells apoyó la movilización del campo, con protofascistas como Alfredo De Ángeli y la Argentina oligárquica que trataba de reagruparse. Ahora, si el Gobierno deja que se aparten demasiado, también estará perdiendo.

–¿Cómo analiza en este espacio la actitud del vicepresidente Julio Cobos?

–Cobos es un error histórico. Es un imbécil que ni sabe de qué lado sopla el viento. No creo que de ahí vaya a brotar la hierba.

–Aunque se perfile como uno de los referentes del radicalismo…

–Pero no creo que tenga futuro político. En el radicalismo lo volvieron a aceptar pero lo desprecian por buenos motivos y no creo que lo tomen muy en serio ni Gerardo Morales ni los históricos, como Ricardo Alfonsín. Pero tampoco veo a figuras de la derecha que se perfilen como grandes referentes. (Mauricio) Macri es una desilusión porque está encerrado en su propia cáscara. Y (Elisa) Carrió es una oportunista tal que a esta altura nadie la toma en serio. La única persona con cierta respetabilidad es Gabriela Michetti, pero no tiene volumen para ser líder histórica de un reagrupamiento.

–Al Gobierno le falta profundizar medidas y la oposición no perfila candidatos serios. ¿Somos un país inmaduro?

–No somos una democracia tan joven. Lo que pasa es que no hay un discurso opositor fuerte y el Gobierno, que sí es  coherente, no consiguió plasmar su discurso en una interpelación de masas eficaz. Estamos en el limbo. Lo preocupante es que el espectro político se desgrane y la gente pierda entusiasmo.

–¿Por qué?

–Porque si dejan de interesarse en lo político, lo que llega no es el caos sino la indiferencia.

–¿La presidenta no plasma ese discurso?

–Cristina es la única que podría plasmarlo. Sus políticas son objetivamente buenas pero tiene que dar un paso más, plasmar el discurso en un proyecto de país. Hoy la gente no conoce cuáles son las propuestas globales.

–¿Cuál es el motivo?

–Los medios de comunicación, por ejemplo, no aportan o lo hacen de forma negativa. Cada semana, por ejemplo, (Joaquín) Morales Solá mantiene un discurso frenético en contra de lo que se opone y La Nación presenta una ofensiva ideológica inequívoca. Pero ese discurso de la derecha todavía no está interpelando a la gente fuertemente. Tampoco el kirchnerismo.

–¿Y cómo revierten los K esta cuestión?

–Con un equilibrio que el kirchnerismo todavía no alcanzó. El tema está en que, por un lado, tiene que confiar en las viejas formas del aparato, como los señores del conurbano que fueron menemistas, duhaldistas y ahora son kirchneristas, para que el proyecto político sea viable. Y, por el otro, ciertas fuerzas que pertenecían a la experiencia histórica de la apertura kirchnerista como Barrios de Pie o Sabbatella se están abriendo del modelo. Si todo el proceso queda referido al PJ, el proyecto no tendrá viabilidad futura. Del mismo modo que si pasa a ser sólo ideológico. El discurso político que he desarrollado va más en el sentido de la transversalidad del Frente para la Victoria que en el sentido pejotista. Pero alcanzar esa estabilidad entre ambos definirá la posibilidad de la democracia argentina en los próximos años.

–Y a corto plazo, después del 28 de junio, ¿cómo vislumbra el panorama?

–Como un rompecabezas, con una situación nacional heterogénea. Pero no creo que vaya a ser una debacle para el Gobierno, que seguramente obtenga más del 30 por ciento de los votos. Perder la mayoría en el Congreso no es el fin del mundo. Al contrario, ahí empieza una guerra de posiciones, en el sentido gramsciano, para ganar más espacios progresistas. Acá cuestionan las candidaturas testimoniales cuando con ellas intentan mostrarle al país cuál es el proyecto de cambio. Es como el tema de la reelección indefinida. La cuestionan pero siempre puede haber otro candidato. Lo que sucede es que el sistema institucional siempre es corporativo e intenta mantener el statu quo. Pasó con el yrigoyenismo y el antipersonalismo de Alvear, a través del cual se reconstituía la derecha. Pasó con la oposición a Perón, porque los  conservadores no querían que predominara la voluntad popular. Cuando a mí me hablan de antipersonalismo, de oposición a la reelección y todo este tipo de cosas, saco el revólver porque lo que tratan de organizar a través de estos lemas es la traición nacional.

–¿Y quiénes representan hoy esa traición?

–¿Querés que te diga los nombres? Macri, Carrió, Cobos, Gerardo Morales, Stolbizer. La lista todavía es larga.

Veintitres

12/06/2009 Posted by | Politica Latinoamerica, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario