America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

La oposición envejece – Roberto Caballero


22.07.2012 |

Si no logra interpretar los cambios que se produjeron de los ’90 a esta parte, el antikirchnerismo seguirá declinando junto al país conservador. La encuesta de Ibarómetro y los nuevos valores de la sociedad argentina.

Por:

Roberto Caballero

Siguen siendo un misterio para el desolado universo opositor las razones que explican la supremacía política del kirchnerismo en la Argentina de hoy. Esa impotencia del arco anti-K, sin embargo, no es una buena noticia. La democracia necesita de algo más que la ceguera opositora. Es su lucidez la que está haciendo falta. Entre otras cosas, para advertir que la última década fue pródiga en cambios que merecen, al menos, ser interpretados si no quieren caer en el recurso de la satanización constante del oficialismo como único –y, a esta altura, también inocuo– aporte al debate. Es evidente que tratando de desgastar al kirchnerismo consumen su propia energía. La convergencia argumental entre, por ejemplo, el socialista Hermes Binner y el liberal-conservador Mauricio Macri, no daña al oficialismo: desorienta a los propios. Que Hugo Moyano coincida con el Momo Venegas y este, a su vez, se abrace con Hugo Biolcati en la Sociedad Rural, no acumula en un proyecto alternativo. Son señales que entusiasman mucho a los diarios hegemónicos, pero que hacia abajo no producen nada. No hay euforia entre los socialistas porque Binner coincida con Macri, ni entre los moyanistas se palmean orgullosos porque Venegas alabe al camionero. Es así de simple: hay sumas que como resultado dan cero. Es difícil que cambien, porque el kirchnerismo suscita un apoyo masivo que empuja a los opositores a la propia automarginación. Pero no se trata, solamente, de la iniciativa política del partido gobernante. No es la cadena oficial ni ningún atajo episódico lo que explica esto que ocurre. Es la escasa voluntad por asumir y entender que el viejo orden de las cosas ya no existe como tal y que uno nuevo, a los tumbos pero irreprimible, se viene construyendo colectivamente en todos estos años.
Por caso, en la última edición de la revista Veintitrés se publica una reveladora encuesta de Ibarómetro, comandada por el sociólogo Ignacio Ramírez. Es un relevamiento minucioso realizado entre noviembre de 2011 y junio de 2012, sobre 1000 casos en Capital Federal, Primer y Segundo Cordón del GBA. Los resultados reflejan un cambio de valores en la sociedad que son los mismos que el kirchnerismo contiene como “ecosistema cultural” –así lo define el sociólogo Ramírez–, en rotunda oposición a los que hegemonizaron la década de los ’90. A continuación, un breve resumen, que contempla a los que no saben ni contestan:

* Sobre el rol del Estado en la economía: el 76,3% de los consultados dice que tiene que ser “activo” y sólo el 11,3% sostiene que no debe intervenir.

* Sobre las alianzas políticas y económicas del país: el 64,6% opina que deben ser con “América Latina” y el 17,6% con los “Estados Unidos”.

* Sobre los juicios por violación a los Derechos Humanos: el 68% afirma que “deben continuar”, y el 18,8% piensa lo contrario.

* Sobre la participación de los jóvenes en la política: el 58,4% ve a las nuevas generaciones “más involucradas en política” y le “parece bien”, mientras que el 25,2% no ve mayor involucramiento juvenil y al 2,6% le “parece mal” el aluvión participativo.

* Sobre el interés en general en la política: el 23,7% dice que le interesa “mucho”, el 33% “poco”, el 26,9% “bastante” y el 14% “nada”.

* Sobre la frecuencia con la que se conversa de política: el 41,7% dice que “algunas veces”, el 26,4% “siempre”, el 21,4% “raramente” y el 9,1% “nunca”.

* Sobre la Ley de Medios de la democracia: el 43,6% ve como “positivo” su implementación, mientras que un 17% considera que es “negativa”.

* Sobre la influencia de los medios en general: el 69% sostiene que es “mucha” o “bastante”; el 61% cree que las noticias que dan los principales medios están influenciadas por “intereses comerciales” y “organizaciones poderosas”, y el 34% afirma que los periodistas están condicionados por las empresas en las que trabajan.

Si los ’90 fueron el paisaje calendario del fin de las ideologías, la despolitización, la reconciliación entre víctimas y victimarios, y la no-intervención estatal en la economía, el paisaje actual es su exacto opuesto. El nuevo tiempo trae aparejados nuevos valores que fueron internalizados por la sociedad. Se está operando un cambio cultural que va a terminar cristalizando en un paradigma que no será neoliberal, entre otras cosas porque el Consenso de Washington dejó de ser el consenso hegemónico planetario. ¿Es el kirchnerismo el que propone este vuelco radical? ¿O simplemente asume esos valores como propios? Un poco y un poco. El neoliberalismo en la Argentina fracasó de modo impiadoso y el emergente político desacralizador de los valores que lo instituyeron como pensamiento único durante más de una década, aquí y ahora, se llama kirchnerismo. Este decide sobre la ola. Y decide bastante parecido a lo que una vigorosa mayoría social pretende. Así se entiende el 54% de octubre pasado, aun con los problemas y el desgaste natural de gestión.
¿Por qué la alternativa provino desde el mismo kirchnerismo y no de la oposición, después de ocho años intensos? La enseñanza que dejaron los festejos del Bicentenario es que la realidad deseada por la oposición política y mediática no existe más allá de las primeras 15 páginas del diario Clarín y de las editoriales previsibles de La Nación. Es inédito lo que sucedió y sucede: el oligopolio continúa manejando la agenda de los periodistas –aun la de algunos kirchneristas–, pero su incidencia en la agenda pública hoy es relativa. Quizá porque sus ideas son las ideas que vinieron a ser suplantadas por las nuevas ideas que abraza la sociedad del Bicentenario.
Volviendo al ejemplo de 2010: se suponía que la sociedad estaba enojada con lo que pasaba. Los políticos opositores se peleaban para pescar adhesiones en el amplio y vasto océano del antikirchnerismo social que reflejaban los diarios, y nada de eso ocurrió. No había caña y no había agua. Al contrario, la gente quería ganar la calle y festejar, como lo hizo. Y un tiempo después, Cristina arrasó en las urnas, sacándole casi 40 puntos al segundo inmediato.
En tanto y en cuanto la oposición no registre que se produjeron cambios que no tienen retorno, el mismo escenario puede repetirse. Si no sale de su ensimismamiento y comienza a leer que la geografía social y cultural ya no es la misma, va a fracasar todas las veces que lo intente. En eso, valdría que observen a Beatriz Sarlo, no cuando habla desde los prejuicios, sino cuando sale a investigar por cuenta propia lo que sucede allí abajo, donde ocurre lo que no entiende. Su crónica sobre un viejo acto kirchnerista en Ferro, donde hablaron Emilio Pérsico, Hugo Moyano, Daniel Scioli y Néstor Kirchner es de antología. Su descripción es rigurosa. Se puede ser antikirchnerista e inteligente. Ella encontró verdadera militancia donde otros sólo veían clientelismo. No importa lo que después diga en Radio Mitre con el codo: vale lo que dejó por escrito con su mano. Con valentía. La misma valentía intelectual que debiera tener la oposición si dejara de una vez por todas el relato autoflagelante y volviera a tener algo de voluntad de poder. Las tribulaciones de los opinadores tristes del antikirchnerismo, enfermos a su vez de retórica salvacionista, crean un clima casi surrealista. Como si los problemas los tuviera el kirchnerismo y no los que se le oponen sin poder vencerlo.
En un punto, hay que decirlo, son eficaces. En la generación de intrigas, por ejemplo: a Moyano y a Scioli les agitaron fantasías narcisistas, jugaron con cartas prestadas y después quedaron pedaleando en el aire. El ex motonauta, al menos, supo meter reversa. Al camionero, en cambio, se le trabó la caja. La de cambios.
Es preocupante. La oposición no está viendo algunas cosas obvias. Una: hay más verdad en Tecnópolis y en las caras de los que pasean entre sus stands que en los estudios de TN y América TV. Dos: la sociedad no quiere volver a los ’90, nunca más. La encuesta del sociólogo Ramírez tiene un apartado que ilumina el escenario donde se juega la política en serio. Se les pregunta a los encuestados si son felices: el 32,1% confiesa que es “muy feliz”, el 33,3% dice que es “bastante feliz”, el 24,8 % asume que es “poco feliz” y el 7,3% que es “nada feliz”.
Haría bien el antikirchnerismo en mensurar estos datos si quiere abandonar el testimonialismo. Y la amargura, de paso. En definitiva, si no quiere envejecer y declinar junto con el país conservador.
Y haría mejor el kirchnerismo en no dormirse en los laureles. Aunque en este caso, es improbable que su hiperactiva conductora los deje.

Tiempo Argentino

24/07/2012 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

“Negar los cambios es una lectura injusta” – Adrián Paenza


“Negar los cambios es una lectura injusta” | Revista Veintitrés.

Foto: Pablo Stubrin

Obviamente no está todo bien, pero hay tantas cosas que están mejor y las tantas cosas son tan significativas y tocan la vida de tanta gente… Puede importar o no, a mí me importa.

05/11/2011 Posted by | Ciencia y Tecnología, Economía, General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Vientos del Sur – Eduardo Anguita (Interesante análisis del momento actual)


04.09.2011

Cristina Fernández de Kirchner mira al Sur desde el Sur. Son muchas las miradas que, por estos años, entendieron que los cambios de paradigmas vienen enganchados con la emergencia del sur. Ese proceso que tiene como protagonista principal a China –aunque esté al norte de la línea del Ecuador como otros países del sur– suma a otras naciones, empresas y entidades de lo más diversas. El inicio de la era Sabella de la Selección Argentina viene atada a estos vientos del sur. Su debut con Venezuela fue en Calcuta, una ciudad ubicada al este del territorio indio, cercano a la China. La otrora ciudad de la pobreza extrema hoy está subida al motor de una de las economías emergentes más fuertes del Globo. El equipo capitaneado por Lionel Messi se moverá algo más al este para mudarse a Bangladesh, otrora llamado Pakistán oriental, merced a las divisiones geográficas pergeñadas por el Imperio Británico de “dividir para reinar” una vez que debieron abandonar India como territorio colonial.

Allí, en la ciudad de Dacca, los albicelestes se medirán con Nigeria, el país más poblado de África, ex colonia británica, hoy con una economía emergente gracias al petróleo. Desde hace unos años, como en otras naciones africanas, la principal nación extranjera es China, tanto en comercio como en inversiones directas.

El fútbol, aquel invento inglés y con las ligas europeas por encima de las asiáticas, africanas o suramericanas, está avisando que los vientos vienen del Sur. El último Mundial en Sudáfrica, pese a las denuncias mediáticas de que se trataba de un país inseguro. El próximo en Brasil, la gran locomotora de esta región y principal socio político y comercial de la Argentina. El país futbolero sabe que la Fifa es una multinacional que tiene más afiliados que la mismísima ONU y que no sólo genera negocios sino que la diplomacia deportiva tiene hoy tanta o más potencia que los tanques mediáticos del sistema.

Y, hablando de medios, Clarín y La Nación se llamaron a silencio sobre el artículo publicado el viernes en The New York Times sobre la Argentina. En efecto, con la firma del editorialista Ian Mount, ese diario sugirió al presidente norteamericano Barack Obama tomar lecciones de cómo los gobiernos de Néstor y Cristina afrontaron la recuperación. “Argentina ha recobrado su prosperidad gracias a inteligentes medidas económicas”, dice el editorial y destaca que el Gobierno “intervino para mantener el valor bajo de su moneda, lo que impulsó la industria local haciendo las exportaciones argentinas más baratas afuera mientras mantenía las importaciones más caras”. Hay que observar que este artículo salió al día siguiente del discurso de la Presidenta con motivo del Día de la Industria, que tuvo un escenario histórico y una presencia del empresariado que aplaudió de pie a una dirigente política que jamás cedió a presiones corporativas. Por ejemplo, a las presiones de los sectores de la industria automotriz cuando querían un dólar más caro todavía. Con la actual cotización ($4,20) de la divisa norteamericana, las automotrices son el sector que más creció en estos ocho años. Hoy Argentina recuperó su capacidad de exportación automotriz y también sostiene un tejido de autopartistas radicados en el país. Ni hablar de la maquinaria agrícola, una industria potente otrora devastada en los noventa y que creció con alto nivel de financiamiento venezolano.

Entre las “valerosas lecciones” de estas latitudes sureñas subraya que “el recorte extremo de gasto público en una economía estancada sólo hará inhibir el crecimiento”. Cabe recordar que la salida de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía hace ya seis años era porque quería enfriar la economía. Néstor Kirchner decidió que de ningún modo se iba a desalentar el consumo interno porque era uno de los pilares del modelo. En ese sentido, el artículo de Mount señala que otra de “las lecciones que nos da Argentina es que el gasto gubernamental para promover la industria y programas de infraestructura para crear empleo no convierte a un país en una especie de parodia soviética”.

Tecnoindustria. La celebración del Día de la Industria es, quizá, una muestra de los cambios profundos que explican por qué los vientos soplan distintos en el sur. Esta semana, la mexicana Alicia Bárcena, extraordinaria secretaria ejecutiva de Cepal, hizo público un informe que también fue olímpicamente ignorado por Clarín y La Nación, cuyo único interés es tratar de encontrar explicaciones de por qué Argentina no está blindada ante la crisis europea y norteamericana. La única verdad es que ellos quieren ser el factor que reste potencia a la marcha de la economía. El informe de Cepal afirma que el valor de las exportaciones de bienes de América latina y el Caribe se estima en el orden del 27% durante este 2011, en coincidencia con el aumento registrado durante 2010. La expansión se explica por un aumento del 9% en el volumen exportado mientras que el 18% restante se debe al aumento en los precios de los productos exportados por la región. Vale recordar que durante décadas, uno de los grandes problemas era que las exportaciones de productos primarios tenían precios decrecientes mientras que los productos industriales aumentaban. Eso se llamó el deterioro de los términos de intercambio. Un mundo con 6.000 millones de habitantes y un aumento creciente de alimentos, minerales, gas y petróleo modificó drásticamente los precios relativos. El superávit comercial 2011 de América latina es de 80.000 millones de dólares.

Un dato que probablemente asombre a los editores de la prensa opositora y que aún no tomó estado público es que los representantes de los mandatarios de los países que integran Unasur se reunieron el miércoles pasado en Río de Janeiro para dar curso a los estudios preliminares de un plan de largo aliento de la inversión pública regional. La creación del Banco del Sur podría ir acompañada de un plan de obras por la friolera de 110 mil millones de dólares.

Tan importante como esto es advertir que el intercambio no es Norte-Sur como en otros tiempos, sino Sur-Sur, encabezado por China y el resto de Asia emergente. La integración comercial de estas regiones no se hace con aquella fórmula colonial de que Inglaterra se lleva el cuero de las pampas para que luego los gauchos se pongan botas elaboradas en Manchester. Una pequeña muestra de cómo son las relaciones actuales está en la radicación de una planta de la multinacional china Lenovo en Tierra del Fuego. Tercera o cuarta en la fabricación de computadoras a nivel mundial y primera en la región Asia-Pacífico, Lenovo montó una pequeña planta y el viernes entregó la primera unidad fabricada en el país. En la misma dirección va la instalación en San Juan de una empresa canadiense RIM para fabricar los teléfonos BlackBerry.

Cuatro años más. La Presidenta hace tiempo que advierte la necesidad de posicionar al país para la creciente integración con socios como China e India. Estos países lograron avances tecnológicos, financieros y comerciales que les permiten exportar productos de altísimo valor agregado. De allí que la cena del jueves en Tecnópolis no tuvo nada de acto de campaña. Por el contrario, fue el discurso de una líder de Estado a los hombres de negocios, muchos de los cuales son principales beneficiarios de estos ocho años y, sin embargo, han preferido mirar al Norte en vez de percibir y ver las oportunidades crecientes que da el Sur. “Tenemos que ser todos lo suficientemente inteligentes –dijo Cristina– para no arruinar las bases del desarrollo argentino, que hemos construido con tanto esfuerzo”, y se trataba de una apelación a mantener el proceso de redistribución del ingreso a través de las negociaciones colectivas de trabajo, y de allí la presencia fundamental del titular de la CGT, Hugo Moyano, en el encuentro y no sólo del presidente de la UIA, José Ignacio De Mendiguren. Estaba, en solitario, el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, quien tuvo que recoger piola con su desprecio al pueblo tras las elecciones del 14 de agosto. Es cierto, como dicen por lo bajo los que coinciden con Biolcati, en el sentido de que muchos empresarios –o la gran mayoría– invierten en soja y no sólo los de la Sociedad Rural. Pero el gran problema no es dónde obtienen rédito rápido. El problema es si se trata de negocios accesorios que en un sistema capitalista no pueden prohibirse por decreto. El tema, tal como lo planteó la Presidenta es si estos empresarios saben que les conviene invertir más en el país. “Necesitamos mas inversión. Yo sé que la inversión requiere confiabilidad. Yo quiero darles la certeza de que estas políticas que hemos implementado desde 2003 no sólo las vamos a mantener, sino también a profundizar”. De allí que, entre las metas para 2020, planteó la necesidad de llevar la inversión al 28% del 23% nada despreciable que hay en la actualidad. También planteó otras metas perfectamente alcanzables como la duplicación del producto industrial y la disminución del desempleo al 5%.

El país vive otro clima. Un clima que difícilmente puede registrarse en el relato de los medios de comunicación opositores. La Presidenta hizo referencia al Rastrojero y al Pulqui, orgullos argentinos de los cincuenta. Esas páginas de logros en productos argentinos fueron literalmente sepultadas por la contrarrevolución que desplazó a Juan Perón en septiembre de 1955. Casi un año después, sin ninguna exigencia que no fuera un alineamiento ideológico, Aramburu y Rojas firmaron la inclusión del país a la órbita del FMI. Por supuesto, un hecho aplaudido por los hombres de negocios de entonces y por la prensa reaccionaria que aplaudía una dictadura y hoy son el eje opositor a un gobierno democrático.

Las oportunidades que brinda el sur quizá permitan disimular el oportunismo de ir tras la ganancia. La hipocresía forma parte de la búsqueda del beneficio. La Argentina puede blindarse ante la crisis externa, aun aceptando toda la precariedad que significa una metáfora semejante ante una crisis cuya profundidad todavía es desconocida. También puede tener un desarrollo de la inversión pública de los niveles extraordinarios registrados en los últimos ocho años. Y puede mostrar la fortaleza de un pueblo que acompaña y es sujeto activo del cambio. También, como planteó Cristina, necesita de un empresariado que se juegue en esta etapa. Porque la llamada burguesía nacional fue, en cada intento de crecimiento con equidad, un factor que sumó su esfuerzo y que luego fue perseguida por aquellos regímenes anticonstitucionales que se asociaban con empresarios sin sentido nacional ni respeto por los derechos del pueblo. Hoy, más que nunca, esos hombres de negocios pueden mirar el Sur y actuar en consecuencia. Es decir, apostar por la Argentina y por esta integración impresionante que tiene la región.

Miradas al Sur

05/09/2011 Posted by | Agricultura yGanadería, Ciencia y Tecnología, Economía, General, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El caballero Macri por Sandra Russo


Aunque esté actuando, aunque sólo forme parte de una estrategia electoral, qué genial sería extraerle algunos gestos a la foto de Mauricio Macri de hoy, para incluirlos en la película de lo que resta de este año. La amabilidad, la cortesía, la voluntad de cooperación. O quizá ni siquiera tanto. Con el respeto institucional, o qué digo, al menos con el respeto por el electorado –un sentimiento republicano que descubren él y los grandes medios recién ahora, cuando hablan del electorado “normal”, el propio–, alcanzaría.

Los contundentes casi veinte puntos de ventaja, que si no se pueden revertir, como machacan incansablemente técnicos y políticos, lo dejarán instalado cuatro años más en el gobierno de Buenos Aires, han hecho de Macri una seda. Se lo ve mucho más compuesto y expositor de su ánimo no confrontativo en relación con “esta señora de acá enfrente”. Teniendo en cuenta que un porcentaje importante de los porteños votó o votará a CFK, que Macri actúe a partir de ahora con un espíritu de colaboración y no de choque constante sería un alivio para muchos y mejoraría la calidad de vida en la ciudad, donde lo que se ha polarizado es la base, la calle, el clima general.

Un día después de que Macri le twitteara a la Presidenta su congratulación por el nieto en camino, una prueba más en pocas horas de su voluntad conciliadora y caballeresca, fue la inauguración de Tecnópolis en Villa Martelli. De esa muestra fueron privados los porteños el año pasado porque el jefe de Gobierno no quiso cortar un fin de semana la avenida Figueroa Alcorta. Ese fin de semana él se casaba, y además ahí se afirmó como el señor del territorio. La cosa pasó en los grandes medios sin pena ni gloria, como tantas otras que se taparon o directamente se pergeñaron entre el gobierno porteño y el Grupo Clarín, ya convertido en el exclusivo proveedor de wifi y las netbooks más caras del mercado en las escuelas públicas porteñas.

Las urnas le han dado la razón al asesor Durán Barba, quizás el verdadero dueño de la victoria del PRO. La lluvia no fue sólo de globos, fue de votos, y parece confirmar su teoría de que al “elector medio” le preocupa más si deja embarazada a su novia que si la Argentina paga su deuda externa.

Es verdad que hay que hacer cierto camino mental para advertir que de cómo le vaya a uno con sus noviazgos, con sus embarazos, con su potencia y su frustración personal, depende en buena parte del país en el que vive y de su política. “Lo personal es político”, gritaban las esclarecidas feministas del siglo pasado, ya avivadas de que nuestra intimidad más honda y nuestras vivencias individuales, sentimentales o familiares están atravesadas por discursos de poder. Pero a los candidatos asesorados les va mejor cuando la gente no anda pensando tanto.

Ya que Macri quería hablar de sexo en la campaña, podría uno hasta preguntarse qué fue de la potencia sexual de los desocupados de los ’90, o qué estará pasando ahora con la energía sexual de los ciudadanos griegos, que nos recuerdan a nosotros mismos en la pesadilla del corralito. Vaya si se puede hablar del neoliberalismo y su ataque a la felicidad de las grandes mayorías. Pero estos razonamientos son demasiado rebuscados, diría Durán Barba, con los resultados de la primera vuelta ya en la mano: la mayoría de los porteños no se hacen estas preguntas ni son alentados a hacérselas, porque a nadie en los grandes medios se le ocurriría alentarlos para que lo hicieran. Esas preguntas nunca formarán parte de sus agendas.

No obstante, si el tono conciliador de Macri fuera algo más que una pose, todos lo disfrutaríamos y hasta podríamos cambiar nuestra imagen de él. Si ese nuevo Macri ganador estuviera de verdad dispuesto a gobernar para los que lo votaron y los que no, como se presume que hace un buen gobernante, por qué no abrirse a una nueva etapa en la que la ciudad y la nación pudieran llevar adelante sus proyectos y acuerdos, como sucede con todas las jurisdicciones del país. Podríamos reenfocarlo y creer, por ejemplo, que aquella prohibición para que Tecnópolis fuera instalada dos días en el centro porteño fue un error que no se repetiría. Después de todo, Macri privó a propios y a ajenos de un disfrute popular que hubiese podido compartir hasta en un palco, y lo que exhibe la megamuestra es el progreso argentino en materia tecnológica y científica, algo que excede cualquier interés partidario. ¿Por qué no asociarse en eso? Lastima el sentido común que el jefe de Gobierno de una ciudad no esté interesado en que los ciudadanos accedan a los avances que hay en su propio país, a las posibilidades y las concreciones que tienen lugar en el país al que pertenece esa ciudad.

Uno sin embargo no puede ver en el gesto más que máscara. Legisladores de Mauricio Macri recibieron directivas para frenar en el Concejo Deliberante de Vicente López la habilitación de Tecnópolis, y obligaron al intendente radical Enrique “Japonés” García a permitirlo por decreto. Es decir: intentaron hasta último momento boicotear la exposición.

Donde empiezan los hechos terminan las palabras. Incluso las palabras sin contenido, las palabras sin raíz y sobre todo, las palabras de burda circunstancia.

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16/07/2011 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | 1 comentario