America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Indignados – Eduardo de la Serna * y Daniel Goldman **


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La Argentina reiteradamente se ve prostituida por falta de justicia.

El paradigmático “caso de Marita Verón” resulta el nuevo puñetazo en la herida de los más vulnerables. De manera contundente repudiamos el fallo judicial y esperamos que la Justicia abandone actitudes corporativas y “lave sus trapos en público”, como deben ser públicos los juicios y las sentencias. Abogamos porque los jueces de la vergüenza sean separados de sus cargos que ensucian y nos ensucian.

Sabemos fehacientemente que hay cosas que no pueden existir sin apoyos múltiples. Las redes de trata son un ejemplo de ello:

No podrían existir sin apoyo policial que les dé protección o avisos.

No podrían existir sin apoyo de “machos” que se desinteresan de la persona que tienen delante y a la que usan.

No podrían existir sin apoyo político que acelere “trámites” y “legalice” presencias.

No podrían existir sin apoyo económico que financie, traslade y esconda.

No podrían existir sin apoyo judicial, como ayer quedó comprobado.

Cuando la Justicia se compromete con las mafias poderosas nos preguntamos ¿qué beneficios reciben los jueces para no juzgar? ¿Cuántas veces más será secuestrada Marita Verón, ahora también por las redes de trata de la Justicia?

Soñamos otra Argentina.

Soñamos que el fallo de ayer sea una bisagra para la Justicia, la cual demasiadas veces ha demostrado ser vergonzosa, cómplice, mentirosa y corrupta.

Soñamos, sencillamente, que la Justicia sea justa.

¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor, los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho! (Isaías 5:22-23.)

“Justicia, justicia perseguirás” (Deut. 16:20).

* Presbítero del Movimiento de Sacerdotes en Opción por los Pobres.
** Rabino de la Comunidad Bet El.

Página 12

13/12/2012 Posted by | General, Justicia, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | Deja un comentario

La sentencia contra Marita o ésta es la justicia que tenemos por Mempo Giardinelli


mempo

Escribo esto con profunda bronca a la hora del cierre, quede claro. No quiero dejar pasar la furia que siento y que sé, me consta, veo y palpo que sienten en estas horas de dolor millones de ciudadanos y ciudadanas en todo el territorio nacional.

Para sorpresa y espanto del país entero (el país decente, digo, el que mayoritariamente no es corrupto) todos los acusados por el caso Marita Verón fueron absueltos en Tucumán en esta noche ominosa de la Argentina, en una decisión judicial obviamente sospechable de lisa y llana y flagrante corrupción.

Esta es la justicia (desde ahora la escribo con minúsculas) que tenemos. La que impera mayoritariamente en nuestro país. Unica institución republicana que no fue democratizada en serio desde la recuperación de la Democracia. Y que junto con sus socias, las malditas policías y los malditos servicios penitenciarios provinciales, son las únicas que conservan intactas todas las taras formales y esenciales que les inculcó la dictadura.

Porque la democracia significó profundos cambios institucionales en casi todos los órdenes: militares, educativos, de relaciones exteriores, de economía, de sociedad. Pero lo que no se tocó, ni se toca todavía, es lo que huele a podrido. Y este “fallo” –es un decir perfecto: fallo– está llenando de hedor a la Nación entera.

A sabiendas de que toda generalización es injusta y peligrosa –y en conocimiento de que hoy mismo se conoció el noble pronunciamiento de más de 200 jueces, fiscales y defensores públicos que emitieron un contracomunicado que desdice a ciertas catervas de jueces y camaristas viajeros a Miami por cuenta de empresarios, y a los lobbistas marrulleros del Colegio de la Magistratura y a los de esa de nombre imposible Comisión Nacional de Protección de la Independencia Judicial– yo me siento esta noche tentado de homologar esta maldita justicia a las malditas policías.

La que condena nuevamente a Marita Verón y nuevamente procura destruir a Susana Trimarco (pero a la que en realidad e involuntariamente enaltece) es la justicia que hay que cambiar de una vez y yo quiero ver si los opositores tendrán huevos para hacerlo, e incluso si el Gobierno los tendrá, todo sea dicho.

Cambiar de una vez los procedimientos y los plazos; cambiar de una vez el engolamiento y la pretendida santidad de los magistrados; cambiar los tratos y rótulos del siglo XIX para que las Señorías engoladas de hoy que no pagan impuestos empiecen a pagarlos como cualquiera de nosotros, que laburamos y sostenemos este país con esfuerzo y decencia. Y así acabar con mitos como el de la “familia judicial” y el de que los trapos sucios se lavan en casa.

Esa es la justicia que a mí, empleado durante cuatro años en el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia del Chaco y joven estudiante de Derecho en la Universidad Nacional del Nordeste –y lo digo por primera vez públicamente–, me llevó a abandonar cuando tenía 21 años la profesión que yo amaba y había elegido a los 16.

Hay que dar los nombres de estas tres “señorías” tucumanas de las que el mismísimo gobierno de José Alperovich sería bueno que dijese su opinión públicamente. Son ellos: Alberto Piedrabuena, Emilio Herrera Molina y Eduardo Romero Lascano. Yo no sé si sus conciencias, si las tienen, los podrán juzgar. Y no me importa. Pero nosotros, la ciudadanía, sí. En democracia y en paz, serena pero definitivamente, tenemos que condenarlos éticamente, a la vez que vincularlos con los mencionados colegios, juntas, consejos, asociaciones y demás grupos corporativos que sólo son puro lobby, para decirlo clarito.

No tienen vergüenza y esta noche en que celebran todos los miles de prostíbulos del país, y todos los proxenetas, y todos los mercaderes de carne humana, y todos los hijos de puta de la trata, y perdóneseme la furia textual, nosotros, los que sí tenemos vergüenza y somos la inmensa mayoría de este país atormentado, por eso puteamos. Por eso LOS puteamos. Con la misma fuerza y convicción con que abrazamos a Susana Trimarco y esperamos un día abrazar a Marita Verón y a todas las Maritas que fueron y seguirán siendo, por desdicha, gracias a estos infames protectores de tratantes de personas.

Malas noches, Argentina.
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13/12/2012 Posted by | General, Justicia, Reflexiones, Salud, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

CLAUSURAN OTRA FINCA RURAL POR TRABAJO ESCLAVO


Nidera es una multinacional de la cuál no hablan los medios Clarín y La Nación, claro ganan con sus publicidades,, Así son los medios independientes de los lectores, pero dependientes de las empresas colegas…

Marianike

Los trabajadores eran sometidos a tratos degradantes – El Argentino

En el campo, las espinas son para los trabajadores rurales

La Justicia allanó una estancia en San Pedro, donde 69 trabajadores eran presuntamente reducidos a condiciones de servidumbre. Detuvieron a un directivo de la empresa y a cuatro capataces.

Estamos prácticamente abandonados, esto no es justo”, dijo con rabia uno de los 69 hombres que trabajaba a destajo en la estancia La Luisa, ubicada en el paraje Beladrich, en San Pedro. En este campo de 400 hectáreas residía en forma temporal un grupo de campesinos santiagueños sometidos a condiciones de insalubridad, presumiblemente reducidos a servidumbre. El caso se enmarca en la investigación por hechos conexos con el delito de trata de personas en establecimientos rurales, que desde diciembre pasado encabeza el fiscal de la UFI 6 de San Nicolás, Rubén Darío Giagnorio. A partir de este trabajo del fiscal fue descubierta la explotación de obreros rurales efectuada por la multinacional Nidera –como reveló Página/12 el domingo pasado–. En este caso, la empresa infractora es Southern Seeds Production SA (SSP), con sede en Arrecifes. Uno de los dueños de la compañía, Alfredo Montealegre, quedó demorado, junto a cuatro capataces. Los cinco serán indagados hoy por el fiscal. Por su parte, el Ministerio de Trabajo bonaerense dejó clausurado el establecimiento.

Los trabajadores, que llegaron en dos tandas el 15 y el 29 de diciembre pasado, desfloraban maíz todos los días, durante 12 horas. Según constató Página/12 durante el operativo, para dormir contaban con unas 30 camas cuchetas ubicadas dentro de una carpa de lona. Además, no tenían baños ni luz. Los alimentos perecederos eran conservados a la intemperie. El agua para bañarse la trasladaban en tachos de agrotóxicos. “Desde que están allí jamás vieron un médico. Varios sufrieron diarrea y a uno lo afecta un tumor. Además, no sabían en qué lugar geográfico se encontraban”, dijo el fiscal a este diario. Todos habían sido traídos desde sus pueblos, en Santiago del Estero, con la promesa de buenas condiciones de trabajo, en comparación con las que los tienen acostumbrados.

Los campesinos no podían salir de la estancia porque corrían riesgo de que todos perdieran el empleo. Si utilizaban más alimentos de los que tenían asignados –una bolsa de 25 pesos por día, les decían los capataces– se les descontaba el excedente del sueldo, que era de 1100 pesos por hectárea desflorada. Los cálculos de los trabajadores indican que eso requiere de ocho días de trabajo. Pero dicen que entre los descuentos alcanzarían a sacar entre 500 y 800 pesos por hectárea. Todo eso según los cálculos, ya que hasta ahora no habían cobrado nada. También debían pagarse los pilotos, guantes o calzado que necesitan para realizar su tarea.

El fiscal se acercó al establecimiento poco antes de las seis de la mañana. Alertados por los procedimientos previos, los dueños se llevaron del lugar a dos menores que estaban en la actividad –que ya estarían en sus casas, en Santiago, según sus familiares–. “También pusieron, en la madrugada (de ayer) un baño químico y compraron faroles a kerosene”, relataron los trabajadores a Página/12. Todo el resto se mantuvo igual.

Abrumado por el cuadro que encontró, el funcionario judicial sostuvo: “El objetivo es que la gente se vaya a Santiago con la plata que le deben”. Y recalcó: “La víctima no debe seguir trabajando con el victimario”.

Con la llegada de Giagnorio comenzó a intervenir un equipo de la Policía de Investigaciones bonaerense, que se dedicó a recabar datos de los empleados y empleadores. Además se dispusieron móviles para llevar a las personas con afecciones de salud a un centro sanitario de San Pedro. Por su parte, el Ministerio de Trabajo provincial también hizo sus actas, en las que dejó constancia de las irregularidades en materia sanitaria.

Organizados en ronda, los trabajadores agrarios hablaron con este diario. “La empresa se aprovecha. Ni siquiera nos dan pilotín para trabajar los días de lluvia. Si querés uno te lo venden a 160 pesos”, precisó Carlos. “Allá (en Santiago del Estero), cuando te contratan, te prometen de todo; llegas acá y no hay nada”, se quejó otro. También aseguraron que no pueden irse de la finca. “Si se escapa uno, paga la cuadrilla”, era la amenaza patronal. Más allá de los cuatro capataces que coordinaban los grupos de trabajo, nunca veían a los dueños de la empresa. Sólo iba todos los días un proveedor a llevar las bolsas con comida, que incluían fideos, arroz, salsa de tomate, pan, cebollas y papas. También les daban carne, que debían mantener en antiguas fiambreras, que sólo sirven de protección ante las moscas.

Los capataces que ahora se encuentran demorados son Víctor Barreto, Elio Ullua, Héctor Herrera e Isamel Ibarra. Ellos trabajaban en el campo, pero eran el aparente nexo con los dueños de SSP, ya que por los relatos de los campesinos estas personas los reclutaban en sus lugares de residencia. Estos hombres les prometieron trabajo en la desflora de maíz, pero con condiciones más dignas de las que resultaron.

El viceministro de Trabajo de la provincia, Carlos Molina, encabezó el procedimiento de esa cartera en La Luisa. “Esto se tiene que cortar”, manifestó el funcionario. Admitió, sin embargo, que la operatividad del ministerio es insuficiente para esa campaña. “Somos conscientes de que con nuestra capacidad es muy difícil llegar a descubrir estos casos. Hay que estimular las denuncias.” Molina atribuyó la proliferación de esta modalidad de empleo precario a los “muchos años en los que todo se libró al mercado”.

Luego de que Trabajo relevara a los empleados precarizados, el establecimiento quedó clausurado “porque incumple las normas de seguridad e higiene”. Respecto del registro de los trabajadores, la empresa tiene hasta el jueves de la semana próxima para presentar toda la documentación al ministerio. Hoy se realizará una audiencia en la sede regional de San Pedro de la cartera laboral para intentar que la empresa pague a los trabajadores los salarios por lo realizado hasta la fecha. Luego el ministerio se encargará de que los jornaleros cuenten con un micro que los traslade a su provincia. Por otra parte, el fiscal avanza en la causa penal que involucra a los dueños de la empresa y a los reclutadores. “Las penas para este tipo de delito van de tres a quince años de prisión”, explicó Giagnorio.

Con el operativo casi consumado, se hizo presente Mario Bentolila, un abogado que dijo representar a SSP. “Los trabajadores están todos legalmente registrados y sus salarios están por encima del convenio sindical”, le dijo a Página/12 el letrado. Bentolila intentó negociar con el fiscal y el viceministro de Trabajo la continuidad de las actividades de La Luisa. “En cuatro días se pierde la siembra. Necesitamos con urgencia la mano de obra.” De forma contundente, el fiscal le respondió: “Me parece importante la pérdida económica para que no vuelva a ocurrir. La empresa tiene una enorme ganancia superior a lo que debiera por la explotación que realizan de los trabajadores. Si el negocio no les sirve, que cierren”.

Página 12

 

06/01/2011 Posted by | Economía, General, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , | 1 comentario

El medio es el mensaje – Eduardo Anguita


 

eanguita@miradasalsur.com

El nombramiento de Garré en Seguridad fue una muestra de la iniciativa tomada por la Presidenta. (TELAM)

     

Los desmanes provocados por grupos perfectamente organizados quedan como un emergente del intento de cambiar el rumbo de la Argentina. La patota sindical que mató a Mariano Ferreyra fue un alerta de que hay grupos de poder de la derecha dispuestos a cualquier cosa. Por suerte, la Justicia actuó. Más grave fue lo del Parque Indoamericano, porque allí manos traviesas lograron que algunos jefes de la Policía Federal asumieran el trabajo sucio de tirotear a personas desarmadas y cobrarse dos vidas. La Presidenta fue, en este caso, la que tomó la iniciativa y creó un área de Seguridad, poniendo a Nilda Garré al frente de un ministerio difícil de manejar.
El desafío de observar y controlar a estos grupos será un tema de principal interés en este año electoral. Pueden hacer daño, pueden asustar e, incluso, pueden mantener ciertas adhesiones sociales. No hay que perderlos de vista: el matonaje y los crímenes de bandas con anclaje en la política van asociados al discurso de la mano dura. Y ese discurso tiene muchos adeptos. La mayoría de los medios masivos –incluidos algunos como C5N que cuentan con simpatías en el oficialismo– intoxican televidentes. Distorsionan, recortan la realidad, repiten imágenes de violencia. Pero lo grave no es que ellos lo hagan sino que una buena parte de la sociedad reclame y demande esa ideología facha.
La derecha se quedó, a fin de año, sin candidatos para disputarle a Cristina Kirchner las elecciones de octubre. Les queda recurrir al daño. Quieren sostener una base social que añore el discurso autoritario como un horrible espejo de reconocimiento social. En vez de la sociedad de derechos –que efectivamente permite mejorar posiciones en una sociedad capitalista–, el discurso violento y autoritario crea un espejismo muy eficaz. Funciona, simplificadamente, así: el desprecio al bolita o al villero es porque se supone estar un escalón arriba y, entonces, situarse del lado del más fuerte. Además, descargar la alienación sobre ese tipo que llegó de un país pobre, hace que uno se sienta potente.
No alcanza con una ley de medios ni con un Ministerio de Seguridad. Es imposible conjurar esto sobre la base de medidas. Se trata de un hecho cultural profundo. Esa ideología facha, más irracional que consciente, aparece en la superficie cuando algunos poderosos sienten que pierden terreno.
Este fin de año tuvo, para algunos de esos sectores, muy malas noticias. Por eso traman pequeñas conspiraciones y alimentan violencia montada sobre operaciones artificiales que nada tienen que ver con los problemas sociales que, por supuesto, existen en una Argentina que tiene profundas inequidades. Se sienten incómodos muchos genocidas porque la Justicia dio pasos firmes. Se sienten solos personajes como Eduardo Duhalde, que ocupa un lugar marginal en el juego del poder político legal. Se siente jaqueado Héctor Magnetto, que ya no tiene ni medidas cautelares que le den alguna pobre cobertura judicial a las flagrantes ilegalidades de Cablevisión y Fibertel, entre otras cosas. Pero, por detrás de estas figuras más visibles, hay una trama delicada de grandes intereses empresariales y corporativos que siempre alientan la mano dura como un reaseguro de sus privilegios económicos o de grupo. A veces, desde el periodismo, se pueden desnudar algunas maniobras fraudulentas de las grandes cerealeras. Sin embargo, por más que hasta la Afip o la Oncaa den muestras de la inmoralidad de sus maniobras, difícilmente los ejecutivos de esas empresas terminen en la cárcel. Lo mismo pasa con las zonas grises de delitos como la trata de personas o el narcotráfico. Se pueden publicar algunos artículos que muestren vínculos entre jefes de fuerzas policiales y grupos del crimen organizado, pero tampoco la Justicia llega hasta el caracú con esas bandas.
La denuncia periodística tiene una eficacia notable, al menos para ciertos sectores de la sociedad, entre los que se encuentran los funcionarios públicos. Incluidos algunos de la Justicia. De todos modos, también hay que reconocerlo, quienes pueden publicar saben o suponen los límites que tienen. Las empresas de medios no son ajenas a los juegos de poder. Por un lado su negocio es hacer público mucho de lo que pasa. Por el otro, son parte importante de los juegos de intereses y callan cosas. No existe la empresa de comunicación como un hecho ajeno al juego de poder. Es un emergente de ese juego y, al mismo tiempo, un jugador importante. El viernes pasado se cumplieron 30 años de la muerte de Marshall McLuhan, un pensador clave para los que se formaron en la comunicación social. No era comunicólogo. Era estudioso de la literatura clásica inglesa. Sabía mucho más de William Shakespeare que del mundillo de la televisión. Quizá por eso pudo tener la distancia para entender que la era del hombre tipográfico llegaba a su fin. McLuhan advirtió que vivíamos una transformación profunda en el modo de percibir y conceptualizar la información. La aldea global es, en su visión, mucho más que una anticipación de la globalización. Advierte sobre el rol de la imagen en la cultura humana. La imprenta forjó –por apenas cinco siglos– un humano lector racional. Los medios basados en la imagen recuperan al hombre tribal, el que por decenas de siglos interpretaba el mundo y tomaba decisiones a través de códigos visuales y sonoros exentos de la lógica cartesiana y la escritura alfabética.
“El medio es el mensaje” es una frase de McLuhan que se repite a menudo. La comunicación humana es mucho más que los medios. Los medios son mucho más que las empresas comerciales de info-entretenimiento. Esta etapa de la Argentina mostró cuánto más pesa la identidad histórica que las tapas de los diarios o los zócalos de los noticieros. Millones de personas salieron a las calles en las fiestas del Bicentenario. Se está construyendo algo profundo donde juegan un rol decisivo la educación, el arte y el debate público. Pero, a no engañarse, lo más valioso es que el decir va de la mano con el cambiar estructuras de injusticia. Profundas estructuras de inequidad. Y estos años interesantes vale la pena vivirlos y disfrutarlos para poder avanzar en esa dirección. Aunque pongan trabas. Aunque tiren tiros. Los cambios son para sociedades valientes. De eso se trata este 2011.

Miradas al Sur

02/01/2011 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Lucha contra la pobreza… ¿o contra la injusticia?


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Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Desde hace ya algunos años se ha establecido como parte del discurso “políticamente correcto” en todo el mundo hablar de la lucha contra la pobreza. Se presenta la iniciativa como algo loable, digno, altamente meritorio, con lo cual nadie podría estar en desacuerdo. Los más diversos sectores, desde gobiernos de derecha hasta el Vaticano, desde la Madre Teresa de Calcuta hasta los magnates de los listados de la revista Forbes, todos coinciden en que la pobreza es algo contra lo cual debe actuarse.

Incluso el Banco Mundial, organismo que ha dado más que suficientes pruebas de servir sólo a los intereses de los grandes capitales del Norte en detrimento de las mayoritarias masas pauperizadas del Sur, levanta airado su voz contra este flagelo, y desde el año 2002 basa sus estrategias de asistencia a los países más necesitados en sus “Documentos de estrategia de lucha contra la pobreza”.

Podríamos estar tentados de creer que todo esto es cierto, que efectivamente hay, desde los poderes que rigen la marcha de la humanidad, una marcada preocupación por terminar con esta lacra de la pobreza. Pero: o bien la cuestión no está correctamente planteada, o bien no hay ningún interés real en cambiar nada. O peor aún (y esto pareciera lo más cercano a la verdad): la estructura misma del sistema social no permite en realidad esa lucha, porque es desde el inicio una lucha perdida.

Como siempre en las experiencias humanas no hay negros y blancos absolutos. La realidad es, en todo caso, mucho más multicolor, más plena de matices contradictorios, y por tanto, compleja. Habrá quien honestamente cree que se puede luchar contra este mal en sí mismo que representa la pobreza. Habrá -hablábamos de la Madre Teresa más arriba, por ejemplo- quien da sus mejores esfuerzos a través de acciones concretas creyendo firmemente que por medio de un voluntarismo a prueba de balas se pueden cambiar estructuras profundas; y en consecuencia no faltarán quienes trabajarán denodadamente para tapar algunos agujeros por aquí y por allá. Pero sabemos que la caridad, en cualquiera de sus variantes, no puede ir muy lejos: lo más que puede lograr es ser un bálsamo parcial en algunas situaciones puntuales. La pretendida “lucha” contra la pobreza no puede ser, por tanto, resolver algunos casos puntuales. La historia de la humanidad y de sus transformaciones profundas es algo más que una familia que se ganó la lotería y salió de su favela.

Buena parte de las acciones emprendidas para luchar contra la pobreza se engloban en esto: son actividades voluntaristas convencidas que es posible modificar procesos históricos a través de la buena acción, la “buena práctica”, como ha pasado a ser moda designarla. Y ahí está la caridad asistencialista dando sus limosnas toda vez que le sea posible. Lo curioso (o quizá, mejor dicho: patético) es que esa corriente, esa intervención contra la pobreza, nunca vemos que surja de grupos de pobres hacia otros pobres. Es siempre una ratificación de quién es el menesteroso -con su mano suplicante- y quién es el que, “desde arriba”, puede dejar caer una moneda. En otros términos: el circuito de la beneficencia no sirve, no puede servir jamás, para sacar de pobre a nadie. Sirve, en todo caso, para ratificar las diferencias, los lugares establecidos: es el señor respetable quien concede una gracia al pordiosero en la puerta de la iglesia, limosna con la que, sin ningún lugar a dudas, no cambiará la situación de base. Si el indigente levanta la voz y reclama el por qué de su histórica exclusión, inmediatamente pasa a ser un rebelde, un loco, un desadaptado, y ahí están las distintas instituciones preservadoras del “bien común” (policía, manicomio, escuadrones de la muerte) que se encargarán de neutralizarlo adecuadamente, o eliminarlo si fuera el caso.

Otro tanto sucede en términos de colectivos, de grandes grupos sociales: es impensable que un habitante del famélico Sur vaya a algún país europeo o a Estados Unidos para “ayudarle” a sus habitantes a salir de sus atolladeros por la actual crisis económica, mientras ya pasó a ser un lugar común que la población negra del África, por ejemplo, reciba alimentos arrojados desde un avión, o que en cualquier punto de la “exótica” Latinoamérica se encuentren trabajadores de alguna organización no gubernamental del Norte construyendo una escuela o ayudando a establecer un pozo de agua. Más allá de las reales buenas intenciones en juego, esos esfuerzos, con ya 50 años de venir haciéndose, nunca han sacado de la pobreza a nadie. Y en todo caso, si hubo modificaciones, no pasaron de ser ejemplos aislados, individuales. Las sociedades del Sur siguieron tan explotadas como siempre. Y vale aquí citar palabras de una dirigente indígena guatemalteca que, en medio de las democracias de baja intensidad que vive la región luego de las dictaduras de décadas pasadas y con planes neoliberales de empobrecimiento de las grandes mayorías, dijo con razón que “nunca tuvimos tantos derechos humanos como ahora, pero tampoco nunca tuvimos tanta hambre como ahora”. Ayuda a luchar contra la pobreza: sí. Pero si ese “pobrerío” va más allá de la dádiva y quiere ser dueño de su propio destino, si levanta la voz y quiere decidir por sí mismo, ahí están las fuerzas de seguridad, los marines, las picanas eléctricas.

Por tanto la caridad, en ninguna de sus variantes, es un camino válido para plantearse cambiar la pobreza en el mundo. Por cierto que sin la más mínima duda, la situación actual debe cambiar. Según datos de Naciones Unidas, hoy día en nuestro planeta 1.300 millones de personas viven con menos de un dólar diario (950 en Asia, 220 en África, y 110 en América Latina y el Caribe); hay 1.000 millones de analfabetos; 1.200 millones viven sin agua potable. El hambre sigue siendo la principal causa de muerte: come en promedio más carne roja un perrito hogareño del Norte que un habitante del Sur. En la sociedad de la información, ahora que pasó a ser una frase casi obligada aquello de “el internet está cambiando nuestras vidas”, la mitad de la población mundial está a no menos de una hora de marcha del teléfono más cercano y cerca de 1.000 millones están sin acceso, no ya a internet, sino a energía eléctrica. Hay alrededor de 200 millones de desempleados y ocho de cada diez trabajadores no gozan de protección adecuada y suficiente. Lacras como la esclavitud (¡esclavitud!, en pleno siglo XXI… se habla de casi 30 millones de personas a nivel global), la explotación infantil o el turismo sexual continúan siendo algo frecuente. El derecho sindical ha pasado a ser rémora del pasado. La situación de las mujeres trabajadoras es peor aún: además de todas las explotaciones mencionadas sufren más aún por su condición de género, siempre expuestas al acoso sexual, con más carga laboral (jornadas fuera y dentro de sus casas), eternamente desvalorizadas. Pero lo más trágico es que, según esos datos, puede verse que el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares -selecto grupo que cabe en un Boeing 747, rubiecitos, bien alimentados y seguramente también preocupados por esa “lucha contra la pobreza” para la que destinan algunos millones de dólares de sus fundaciones- supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el 45% de la población mundial. Con esos datos en la mano no pueden caber dudas que la situación actual es tremendamente injusta y que la pobreza no tiene más explicación que la mala distribución de la riqueza. No es un destino instintivo, definitivamente. Y aunque Aristóteles Sócrates Onassis o Diego Armando Maradona hayan salido de pobres, eso no es la regla sino la más radical excepción.

La cuestión, entonces, pasa por ver cómo se combate ese flagelo de la pobreza. ¿Cómo se da esa lucha?

Ahí está la cuestión de fondo: la pobreza no es sino el síntoma visible de una situación de injusticia social de base. En ese sentido “pobreza” significa no ser capaz de controlar la propia vida, ser absolutamente vulnerable a la voluntad de otros, rebajarse para conseguir sus fines propios, empezando por el más elemental de sobrevivir. Junto a ello, la pobreza significa no tener la oportunidad de una vida mejor en el futuro, estar condenado a seguir siendo pobre, con lo que la vida no tiene mayor atractivo más allá de poder asegurar la animalesca sobrevivencia, si es que se logra.

Combatir contra la pobreza es un imposible, porque de entrada se está apuntando mal el objetivo. Llegó a decirse -tal como lo hizo algún sacerdote miembro de una organización caritativa de ayuda a los más pobres del mundo, la población en situación de pobreza extrema, los que viven con menos de un dólar diario- que “hay que despolitizar la lucha contra la pobreza”. Ello es imposible porque no hay lucha más política que ésta.

La pobreza no es sino la expresión descarnada de la injustica de fondo en que está basada nuestra sociedad planetaria. El capitalismo, en tanto sistema dominante, no quiere ni puede superar todo esto (y es obvio que no tiene la más mínima voluntad siquiera de planteárselo). Por tanto, luchar contra la pobreza en esos marcos no puede pasar de una -en el mejor de los casos- rimbombante declaración políticamente correcta, pero que no tiene la más remota posibilidad de transformarse en hechos concretos. Si alguna lucha es posible, aunque cueste horrores, es la lucha contra la injusticia. Aunque estos pasados años hayan sido de retroceso en esta lucha, aunque últimamente se hayan perdido derechos sociales conquistados con profundos combates durante los primeros años del siglo XX, aunque la represión y la derechización de los años 80 del pasado siglo aún están presentes y provocando miedo, la lucha sigue abierta. Pero no es la pobreza el objetivo final, como no lo podrían ser, por ejemplo, los niños de la calle, o la delincuencia juvenil. Esos son los síntomas visibles. La lucha ha sido y continúa siendo la lucha por la justicia.

ARGENPRESS

08/04/2009 Posted by | Politica Internacional, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario