America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

Imperdible sincericidio de Carriò con Lanata, sobre la oposiciòn


Màs claro imposible, funcionales a corporaciones y no a favor del pueblo. Esto demuestra a las claras quienes son los opositores al kirchnerismo : Un medio de comunicaciòn que maneja como tìteres a los polìticos, que solo salen a criticar todo, sin propuestas claras y a hacer permanentemente operaciones polìticas, tergiversando e inventando hechos con sistemàticas mentiras.

Marianike

23/10/2014 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Mauricio Macri y la fatiga opositora – Roberto Caballero


Cristina Fernández de Kirchner retiene poder aun dentro del PJ y el Frente para la Victoria manda en los pronósticos. El cambio del líder del PRO, las razones de Martín Sabbatella y el dolor por Luciano Arruga.
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Aunque parezca argumento de ficción, la fatiga política que envuelve hoy al antikirchnerismo es mucho mayor que el cansancio acumulado por el kirchnerismo en todos estos años de gestión turbulenta. Las distintas oposiciones hicieron de todo, tuvieron de su lado a la mayor cadena de agitación y propaganda de la que se tenga memoria y se convencieron más de una vez de que podían festejar el fin de un ciclo y el advenimiento de sus horas felices y, sin embargo, las encuestas les vaticinan un pedregoso y aún amargo camino hacia el 2015.

Al menos por ahora, los números reflejan una tendencia que descorazona al más entusiasmado de los antikirchneristas: a un año de las elecciones, el Frente para la Victoria (FPV) tiene un núcleo duro de votantes a escala nacional que va del 30 al 35% de los consultados, y ninguno de sus solitarios adversarios se proyecta por encima del 26% de las preferencias. Es un panorama agobiante. Más si se tiene en cuenta que, cuando las urnas hablen, en sólo doce meses, el candidato que logre el 40% de los votos y saque una ventaja del 10% sobre el segundo será el próximo presidente de los argentinos durante cuatro años.

No es sencillo leer la realidad por fuera de los diarios que ya sabemos. Pero para la oposición, aunque les resulte una herejía, se torna indispensable, si quieren ir por algo más de lo que ya tienen.
El giro copernicano de Mauricio Macri en las últimas horas responde a esta realidad desoladora. Si vapuleando la AUH, oponiéndose a la estatización de YPF y criticando el satélite Arsat 1, apenas supera el 16%, siempre según las encuestas que maneja su equipo de campaña, ¿cómo hace para, al menos, conseguir otro 15% que lo ponga en condiciones de disputar un balotaje con el FPV?

Con Jaime Durán Barba alejado como consultor maquiavélico, Macri decidió ahora dejarse llevar por su instinto. Huele mejor que nadie, aunque más no sea por su minúscula experiencia de estadista metropolitano, que el humor social irritado no implica un desconocimiento a planes oficiales que hoy forman parte de un patrimonio social transversal e irreversible. Por eso, y porque para él una encuesta –más que las convicciones ideológicas–, es la base para el diseño de un programa electoral, en pocos días salió a elogiar la AUH, a decir que YPF y las AFJP seguirían siendo estatales bajo su hipotético gobierno y que el satélite Arsat 1 es un logro científico y tecnológico valioso, cuando hace dos semanas había dicho lo contrario ante la CAME.

Recordar que todos estos proyectos contaron con la negativa de su bloque parlamentario es sólo un breve ejercicio de memoria. Hay un sentido común en la sociedad que supone cambios, pero no todos los cambios radicales que propone en bloque el antikirchnerismo fogoneado por Clarín y La Nación.

En verdad, la realidad no es como los diarios desean que sea. Hay matices, deseos complejos, hibridaciones, que el editor o titulero, signado por la simplificación del oficio, no logra evidenciar. Macri se dio cuenta de eso. Habrá que ver si le alcanza para llegar a la final o a ver desde la segunda bandeja de la tribuna lo que sucede el año próximo.

Sergio Massa atraviesa una situación parecida. A diferencia del jefe macrista, sabe desde el comienzo que una parte del voto bonaerense que lo acompañó el año pasado votaría a un candidato kirchnerista en elecciones presidenciales. Lector minucioso del trabajo de los consultores, armó una oferta anclada en la seguridad –de la que ya no habla, del mismo modo que renunció a la comisión de Legislación Penal-, que tiene un techo.

Es cierto: es el tema que más preocuparía al electorado de la provincia de Buenos Aires, y podría sumársele el de Córdoba, Mendoza y Santa Fe. Pero no mucho más que eso, que es mucho, aunque insuficiente para alcanzar el 30% que lo ponga a discutir en serio con la fuerza del FPV estructurada a nivel nacional.

El “Operativo Garrochas”, como su equipo bautizó al presunto pase en bandada de gobernadores, intendentes y dirigentes del peronismo tradicional al Frente Renovador, no ocurrió ni en el volumen ni en la calidad esperada. Por el contrario, las últimas fotos que cosechó son junto a radicales como Gerardo Morales, que pusieron en crisis no al FPV sino al FAUNEN, el otro espacio opositor a la deriva, bajo el síndrome de fatiga que produce el kirchnerismo con Cristina Kirchner timoneando la iniciativa política nacional.

Dos de las grandes peleas que impulsa el oficialismo, contra los fondos buitre y contra el oligopolio Clarín, que quería que el gobierno le firmara la adecuación trucha que había presentado ante la AFSCA, cuentan con una adhesión social que no se refleja en las tapas de los diarios favoritos que leen los asesores de Macri y Massa. No son, como podría pensarse, banderas que dejan contento al núcleo duro y nada más.

Una encuesta que leen con pavor en las oficinas de Héctor Magnetto, por ejemplo, revela que la mayoría de la sociedad está de acuerdo con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y que comparte la idea de que la concentración empresarial en el rubro es el principal condicionante a la libertad de expresión. Tampoco escapa a cualquier aprendiz de analista político que la lucha contra los buitres goza de una legitimidad social extendida que incluye a sectores que son críticos del gobierno por cuestiones como la inflación o cuyo malhumor está atado transitoriamente a asuntos de bolsillo o expectativas financieras.

Pero la fatiga política opositora tiene otros ingredientes. En el mejor de los casos, es decir, con una alianza que logre juntar los votos indispensables para forzar un balotaje, los que especulan con un gran envase de antikirchnerismo social que supere el voto duro oficial, al estilo del voto antimenemista del 2003, eluden incluir en su análisis deseado que Carlos Menem sacó el 25% de los votos, que a su vez era el techo de imagen positiva de su liderazgo en aquel momento, que tenía una imagen negativa del 75%. ¿Cuál es la imagen positiva de Cristina hoy? En todos los casos, la mida quien la mida, encuestadores oficialistas u opositores, y se mida contra lo que se mida, Cristina tiene una imagen positiva en la sociedad que es superior a lo que, en teoría, cosecharía en votos la marca FPV. Algunos hablan del 40% y otros del 45 por ciento.

En el medio, Clarín, La Nación y Paul Singer agotaron el stock de denuncias horripilantes que podrían lastimarla en el prime time de la televisión y en los juzgados de los Estados Unidos. Después del Lázarogate, después del Cristóbalgate, después de llevar a tribunales a Amado Boudou, la imagen de la conductora del kirchnerismo sigue estando por arriba de cualquiera de los otros liderazgos que le hablan a la sociedad sobre el rumbo que deben tomar las cosas. No es un detalle menor. El cansancio opositor se explica por esto mismo.

Cuando Jorge Lanata, a través del personaje que actúa para el Grupo Clarín S.A., dice que todo el antikirchnerismo junto no logra llenar un balde de bosta, certifica dos cosas: una, que Héctor Magnetto y el Foro de la Convergencia Empresarial están disconformes con las performances de los candidatos que vienen apoyando; y dos, que están presos del nerviosismo, porque para estas fechas del 2014, después de lo ocurrido en octubre pasado con Massa, de la devaluación de enero y del trabajo para decretar un default general, la presidenta sigue contando con los reflejos necesarios para retener poder en vez de perderlo. Se les incendiaron los manuales con los que analizaban la realidad política del país. Sus balances son los de aquel que se quema, grita y pide socorro, no los del que medita de manera sensata.

La amenaza de un diciembre violento, un clásico de temporada, se reduce a la exigencia de un bono que agita, paradójicamente, la Unión Industrial Argentina, que reúne a los empresarios que cuando se sientan en la mesa paritaria dicen no tener plata para cubrir la exigencia obrera. Y tiene como vocero a Hugo Moyano, quien acaba de decir que va a apoyar a un futuro gobierno porque va a tener que aplicar un fuerte ajuste en la economía. Con tan delirante apuesta de convergencia síndico–empresaria para el caos, ¿todavía hay alguien que se pregunta por qué Cristina tiene mejor imagen que sus fanatizados detractores? Cuando pasen las fiestas, las elecciones están a la vuelta de la esquina. Más de 30 años de democracia ininterrumpida le enseñaron a la sociedad que las tensiones se dirimen en las urnas, territorio que únicamente las corporaciones ven con recelo militante.

Ante este panorama, convendría no perder de vista lo que ocurre en el propio FPV, escenario que conjuga hoy las tensiones esenciales del porvenir político. Es un espacio que se divide entre los peronistas feudales que apuestan a perdurar apoyando lo que Cristina diga que hay que apoyar, aunque deban apretarse la nariz después de ver que Massa no despega, los kirchneristas duros que apoyarán lo que Cristina decida sin siquiera cuestionárselo y los kirchneristas críticos que quisieron heredar antes de tiempo y se dieron cuenta de que una cosa es el pronóstico basado en el deseo y otra la realidad, como demostró el acto de Argentinos Juniors donde habló Máximo Kirchner.

Por ahora, la encuestología dominante asigna a Daniel Scioli las mejores chances para erigirse en la figura aglutinadora del espacio oficialista. Sin ninguna duda, si Cristina se decidiera por él, el futuro político podría teñirse del color de las mandarinas. A Scioli le hace falta eso: que Cristina lo bendiga. Solo no puede y con el Papa tan lejos no le alcanza.

En su versión Pimpinela de las cosas, el naranja zodiacal “renueva la ilusión de la vida y tiene virtudes antidepresivas”. Es “la energía, la felicidad, la atracción y la creatividad”. Todo muy lindo, pero la política es más que Osho. Exige gestos, algunos magullones, levantar cada tanto la voz, no sólo buenas apariencias.

El problema de Scioli es que un sector de sus asesores todavía no comprendió que él tiene que elegir entre ser la Dilma o el José Serra del 2010. Y tiene que elegir bien, sin equivocarse, si quiere ser presidente. En Brasil hace cuatro años ganó el “lulismo”, no la ola Dilma.

El acto por el Día de la Lealtad en Moreno, que reunió al PJ, y donde habló Scioli fustigando a los que quieren derogar a la AUH y la estatización de YPF, muestra que el gobernador bonaerense, de una gestión opaca, a veces, si quiere, puede brillar. Lástima que es la excepción y no la regla, si no el panorama estaría mucho más claro para todos. También demostró que la gravitación de Cristina dentro del universo pejotista, contra todos los pronósticos, sigue siendo alta, casi excluyente.

Volviendo a la fatiga opositora, no debe ser fácil de digerir la lectura de las encuestas y sus números esquivos, y tampoco la sucesión de actos militantes (Luna Park, Ferro, Argentinos Juniors, Atlanta) que el kirchnerismo viene desplegando en este último tiempo.

No es sencillo leer la realidad por fuera de los diarios que ya sabemos. Pero para la oposición, aunque les resulte una herejía, se torna indispensable, si quieren ir por algo más de lo que ya tienen.

Macri logró verlo y cambió su discurso. Un poco por fatiga, otro tanto por vocación de poder. Aunque no le alcance, lo muestra con ambición. Del mundo opositor es el único que advirtió que el kirchnerismo gobierna el sentido común de muchas cosas.

Cosas que ya no tienen vuelta atrás.

Las mentiras de Clarín

Como un gladiador solitario, en los entretiempos del Fútbol Para Todos, el titular de la AFSCA, Martín Sabbatella, respondió ayer la estrategia mendaz del Grupo Clarín S.A. para violar la Ley de Medios de la democracia.

Sabbatella se cargó sobre sus espaldas una decisión para nada sencilla: rechazar la adecuación voluntaria del grupo que regentea Héctor Magnetto. No tenía muchas opciones, en verdad: avalar una adecuación trucha del mayor oligopolio hubiera sido herir de muerte el espíritu antimonopólico de una norma democrática y apoyada por la mayoría de la sociedad, según las encuestas que lee el propio Grupo Clarín S.A.

Había vínculos societarios ilegales y contratos ilegales entre vendedores y compradores. Lo dicho: una apuesta trucha para burlarse de la ley tan trabajosamente aprobada. Para el que tenga dudas, puede consultar el texto completo de la LSCA.

Si se hubiera hecho una cosa distinta a la que hizo Sabbatella, tratando de evitar la judicialización del caso, el kirchnerismo se habría condenado a la impotencia y nuestra democracia, al maquillaje. Nunca menos.

De satélites y dolores

El cuerpo de Luciano Arruga apareció un día después de que el Estado lanzara al espacio un satélite de producción nacional, único en su tipo, que lo coloca en el selecto club de los países que pueden concretar una hazaña así.

Es difícil congeniar la idea de un Estado que puede hacer eso y, a la vez, durante casi seis años no identificar un cuerpo enterrado como NN, después de un presunto accidente de tránsito, perteneciente a un joven por el cual hubo campañas en medios de todo el país en lo que se sospechaba –y aún se sospecha, para que se vea la situación de incertidumbre generada– fue un caso de violencia institucional.

Que una ONG como el CELS, representante de los deudos de Luciano, haya presentado un hábeas corpus que aceleró la identificación, debería sonrojar a todos los que queremos un Estado democrático, ágil y eficiente. El sistema judicial bonaerense, la policía de Daniel Scioli, pero también todo el sistema institucional debería responder por la desidia que muestra un Estado –el Poder Judicial, sobre todo– peor que cómplice: abúlico e indolente.

Lo del satélite es una proeza que demuestra que los argentinos estamos llamados a hacer grandes cosas, pese a lo que digan Clarín y La Nación.

El caso Arruga es una vergüenza, sin justificaciones.

Una cosa nos remite al futuro. La otra, al pasado horrible.

INFONEWS

22/10/2014 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | 1 Comentario

Gracias Nèstor, gracias Cristina, gracias cientìficos argentinos!


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18/10/2014 Posted by | Ciencia y Tecnología, General, Industrias, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

SÀTELITES – Luis Bruschtein


NÈSTOR Y CRISTINA NUNCA DIJERON LO QUE IBAN A HACER, PERO HICIERON Y HACEN PERMANENTEMENTE, TAL VEZ CON ALGUNOS ERRORES, EN CAMBIO DE LA OPOSICIÒN SOLO SE RECIBEN CRÌTICAS, NEGACIÒN A DEBATIR RETIRÀNDOSE DEL CONGRESO, TODO ESTO SIN FUNDAMENTOS, RESPONDIENDO PERMANENTEMENTE A INDICACIONES DE LAS CORPORACIONES MEDIÀTICAS, SIN CREATIVIDAD PROPIA…POR ESO CONSIDERO QUE NO SON CREÌBLES!!
MARIANIKE

SÀTELITES

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Por Luis Bruschtein

El satélite dejó su estela en una campaña sin propuestas. El Arsat-1 instaló la ciencia y la tecnología en la agenda política. El Gobierno recogió lo que había sembrado cuando diseñó convocatorias para el retorno de científicos, el programa satelital y de radares, el programa nuclear, la creación de un ministerio y la organización de la feria más popular del país en Tecnópolis y otras medidas que ubican claramente esta cuestión entre sus prioridades y con resultados visibles. Y la oposición otra vez quedó dando vueltas en el vacío.

El Gobierno tiene un programa de hecho, que es el modelo. Los programas no constituyen el único argumento de un partido en campaña, pero son una condición obligatoria. Los políticos de la oposición los evitan porque recortan sus respaldos, por lo cual prefieren las generalidades y las promesas. Tratan de organizar sus discursos según las encuestas. Y no les va bien.

Una encuesta de Graciela Römer dijo que el 70 por ciento quería cambiar todo: desde la política económica hasta las sociales y las de derechos humanos. Otra encuesta posterior de Fidanza dijo que el 40 por ciento quiere continuidad con cambio. Y así van saliendo. Desde los medios opositores o los mismos políticos mandan hacer alguna de estas encuestas y después actúan en función de lo que ellos mismos mandaron recopilar.

En estas encuestas depende de cómo se hacen las preguntas. Todo el mundo quiere estar mejor de lo que está, incluso los kirchneristas. Entonces todos quieren cambiar. Pero la mayoría les tiene miedo a los cambios. Por eso, Rodin hizo El pensador. Entre la continuidad y el cambio, la sociedad sería ese señor sentado que duda y piensa. Las encuestas preparan el clima y también lo miden, o al revés. Y los políticos, sobre todo desde la oposición, sin muchos resultados, tratan de no desorientarse en esa neblina.

Aparece la encuesta de Römer y se oponen a todo, ni siquiera se presentan a discutir en el Parlamento. Clarín publica una lista de las leyes que deben derogar y ellos anuncian que van a derogar las leyes aprobadas “en forma autoritaria” por el kirchnerismo. No se entiende cuál autoritarismo es mayor que decir eso o que ausentarse del recinto porque van a perder la votación. Son actos de violencia política y esencialmente no son democráticos.

Después sale la encuesta de Fidanza y hay que alinearse. Ya no sirve oponerse a todo. Ahora hay que ser selectivo: esta ley sí y aquella no. Hay otra encuesta que afirma que el electorado opositor quiere que sus candidatos se unifiquen para ganar. Y aparecen fórmulas insólitas: derechistas con supuestos izquierdistas, neoliberales con supuestos proestatistas o lo que sea, arrastrando a los socios de estas alianzas detrás de otras alianzas con quienes algunos de ellos han sido visceralmente adversarios. Y así, el socialista Hermes Binner sale en defensa de los mercados y las corporaciones y Pino Solanas tiene que aclarar que no será socio de Macri y se barajan dúos como Sanz-Macri, Macri-Sanz, Cobos-Macri, Massa-Gerardo Morales y algunas otras variables que se reproducen hacia abajo en las provincias.

Y asi aparecen otras encuestas donde surge que cuando se hacen estas alianzas se pierden más votos de los que se ganan. De la noche a la mañana se acaba la fiebre de los dúos de fantasía. En todo ese proceso no se les cayó una sola idea. Nadie dijo una sola palabra de lo que harán si son gobierno. Se han pasado varias semanas de campaña discutiendo entre ellos y referenciándose con lo que hace el oficialismo.

El Gobierno no puede prometer lo que no va a hacer porque, justamente, está gobernando; está obligado a cumplir lo que prometa. La oposición puede decir que acabará con la inflación, los buitres, las retenciones, el Impuesto a las Ganancias y la inseguridad de la noche a la mañana, porque hablar es gratis. Ninguno dice cómo lo hará. Los índices más altos de inseguridad –en Santa Fe y Rosario– se verifican en los distritos gobernados por la oposición; el economista que según Massa terminará con la inflación en cien días es Martín Redrado, un Chicago Boy de los ’90 al que Néstor Kirchner tuvo totalmente controlado cuando pasó por el Central, y que fue despedido cuando quiso actuar por su cuenta. Y los famosos jueces de las puertas giratorias y los fallos irritantes son en su mayoría opositores. Los jueces históricos fueron nombrados en negociaciones entre peronistas y radicales y provienen de sus filas más conservadoras. En las últimas elecciones judiciales, las dos terceras partes de los magistrados votaron listas antikirchneristas, o sea que los jueces que controlan la administración de justicia que tanto cuestionan los medios opositores son de la oposición y en muchos casos están directamente ligados a esas corrientes políticas. No se entiende cómo la oposición cuestiona las decisiones judiciales de los jueces que simpatizan o militan en sus filas.

El Gobierno no puede hacer promesas huecas, está obligado a gestionar y mostrar hechos y encima pasa por un momento difícil de la economía. La mayoría estaría arrinconado, soportando el chorro de encuestas que buscan enterrarlo más todavía. Pero es como el Chapulín Colorado (no contaban con mi astucia) y transformó a su favor una situación adversa como es el conflicto con los fondos buitre. A poco de empezar, Massa estaba con el cassette de la primera encuesta de Römer y salió a decir que “los verdaderos buitres son los impuestos internos”. Le salió una frase bien neoliberal, los buitres serían otro invento del Gobierno, nada de continuidad con cambios. Y encima están los wikileaks y el recuerdo de su fallida visita a la embajada norteamericana para hablar mal de Néstor Kirchner. Es un tema que le hace agua.

Salió otra encuesta de la misma Römer: cuando empezó el conflicto con los buitres, la posición del Gobierno tenía 27 por ciento de respaldo, y al promediar, ya la apoyaba más del cincuenta por ciento. Massa recogió línea, se puso menos neo, pero igual le echó la culpa de todo a la Casa Rosada. Cuando se desprende de sus asesores, el discurso del tigrense tiende a ser más neo todavía y se ubica con comodidad junto al de Macri.

La mayoría de la oposición se muestra indolente con el discurso de los medios opositores que amplifican y exageran lo que ellos quieren oír y hasta les dicen lo que deben hacer. El episodio de Binner con Lanata, aceptando que él y los demás opositores son un balde de bosta, parece surrealista y termina siendo hiperrealista. La sumisión ante el insulto y la grosería delata la dependencia absoluta a ese discurso y deja la impresión de que serían esos medios los que gobernarían si ganasen esos candidatos.

De la tendencia al cambio absoluto, las encuestas se corrieron ahora a una tendencia al “cambio con continuidad” o viceversa. En consecuencia, se corren los que estaban en el oposicionismo cerrado y surgen declaraciones insólitas como que el macrismo no tocará la nacionalización de YPF, con la que nunca estuvo de acuerdo. Y que también dejará la Asignación Universal por Hijo, que existe gracias a la reestatización de las AFJP, a la que se opuso. Quiere ser una demostración de civilismo pero resulta demagógica cuando antes había dicho que todo será revisado.

Las encuestas que desvelan a los radicales los ponen muy por detrás de Massa y Macri, que son los dos únicos candidatos proclamados. Siempre son más favorecidos los candidatos proclamados que los potenciales. Esas encuestas sirven poco hasta que todos se pongan en campaña. Ni la alianza de radicales, socialistas y otras fuerzas tiene candidato ni lo tiene el kirchnerismo, pese a lo cual, en esas encuestas, está a la par de los que ya están en campaña.

Los niveles más bajos de imagen del Gobierno en estas encuestas rondan el piso del 30 por ciento. Pero tiene saltos que pasan el 50 por ciento en el conflicto con los buitres. Y supera incluso esa cifra con el lanzamiento del satélite. Son altas las dos cotas, la de piso y la más alta, pero lo más importante es que no hay una percepción estática, como festejan los medios opositores. En esa relación, el humor de la sociedad es cambiante, lo cual es bueno para el Gobierno aunque sería mejor si el nivel de imagen estuviera alto en forma permanente, cosa que tampoco sucede. En gran medida esa variabilidad está muy relacionada con las expectativas sobre la economía y con la capacidad del gobierno de proyectar tranquilidad.

En cuanto a los contenidos, los discursos que se han escuchado muestran a un gobierno centrado en sus políticas sociales, de derechos humanos y de integración latinoamericana y a una oposición bastante homogénea en todo lo contrario. El Gobierno pone contenidos y la oposición los rechaza, pero no tiene discurso propio y se muestra muy dependiente del discurso de las corporaciones mediáticas.

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18/10/2014 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , | 2 comentarios

Orgullo argentino – 16 de OCT. [Transmisión completa]. Lanzamiento del Primer Satélite Argentino. ARSAT-1.


17/10/2014 Posted by | Economía, General, Medios de Comunicaciòn, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , , , | Deja un comentario

15 de OCT. Cristina Fernández realizó anuncios en Desarrollo Social y Salud en Tecnópolis


16/10/2014 Posted by | Economía, General, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , , | Deja un comentario

Las razones del triunfo – Atilio Boròn


Las razones del triunfo

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Por Atilio A. Boron *
La aplastante victoria de Evo Morales tiene una explicación muy sencilla: ganó porque su gobierno ha sido, sin duda alguna, el mejor de la convulsionada historia de Bolivia. “Mejor” quiere decir, por supuesto, que hizo realidad la gran promesa, tantas veces incumplida, de toda democracia: garantizar el bienestar material y espiritual de las grandes mayorías nacionales, de esa heterogénea masa plebeya oprimida, explotada y humillada por siglos. No se exagera un ápice si se dice que Evo es el parteaguas de la historia boliviana: hay una Bolivia antes de su gobierno y otra, distinta y mejor, a partir de su llegada al Palacio Quemado. Esta nueva Bolivia, cristalizada en el Estado Plurinacional, enterró definitivamente a la otra: colonial, racista, elitista, que nada ni nadie podrá resucitar.

Un error frecuente es atribuir esta verdadera proeza histórica a la buena fortuna económica que se habría derramado sobre Bolivia a partir de los “vientos de cola” de la economía mundial, ignorando que poco después del ascenso de Evo al gobierno aquélla entraría en un ciclo recesivo del cual todavía hoy no ha salido. Sin duda que su gobierno ha hecho un acertado manejo de la política económica, pero lo que a nuestro juicio es esencial para explicar su extraordinario liderazgo ha sido el hecho de que con Evo se desencadena una verdadera revolución política y social cuyo signo más sobresaliente es la instauración, por primera vez en la historia boliviana, de un gobierno de los movimientos sociales.

El MAS no es un partido en sentido estricto sino una gran coalición de organizaciones populares de diverso tipo que a lo largo de estos años se fue ampliando hasta incorporar a su hegemonía a sectores “clasemedieros” que en el pasado se habían opuesto fervorosamente al líder cocalero. Por eso no sorprende que en el proceso revolucionario boliviano (recordar que la revolución siempre es un proceso, jamás un acto) se hayan puesto de manifiesto numerosas contradicciones que Alvaro García Linera, el compañero de fórmula de Evo, las interpretara como las tensiones creativas propias de toda revolución. Ninguna está exenta de contradicciones, como todo lo que vive, pero lo que distingue la gestión de Evo fue el hecho de que las fue resolviendo correctamente, fortaleciendo el bloque popular y reafirmando su predominio en el ámbito del Estado. Un presidente que cuando se equivocó –por ejemplo durante el “gasolinazo” de diciembre del 2010– admitió su error y tras escuchar la voz de las organizaciones populares anuló el aumento de los combustibles decretado pocos días antes. Esa infrecuente sensibilidad para oír la voz del pueblo y responder en consecuencia es lo que explica que Evo haya conseguido lo que Lula y Dilma no lograron: transformar su mayoría electoral en hegemonía política, esto es, en capacidad para forjar un nuevo bloque histórico y construir alianzas cada vez más amplias pero siempre bajo la dirección del pueblo organizado en los movimientos sociales.

Obviamente que lo anterior no podría haberse sustentado tan sólo en la habilidad política de Evo o en la fascinación de un relato que exaltase la epopeya de los pueblos originarios. Sin un adecuado anclaje en la vida material todo aquello se habría desvanecido sin dejar rastros. Pero se combinó con muy significativos logros económicos que le aportaron las condiciones necesarias para construir la hegemonía política que ayer hizo posible su arrolladora victoria. El PIB pasó de 9525 millones de dólares en 2005 a 30.381 en 2013, y el PIB per cápita saltó de 1010 a 2757 dólares entre esos mismos años. La clave de este crecimiento –¡y de esta distribución!– sin precedentes en la historia boliviana se encuentra en la nacionalización de los hidrocarburos. Si en el pasado el reparto de la renta gasífera y petrolera dejaba en manos de las transnacionales el 82 por ciento de lo producido mientras que el Estado captaba apenas el 18 por ciento restante, con Evo esa relación se invirtió y ahora la parte del león queda en manos del fisco. No sorprende por lo tanto que un país que tenía déficit crónicos en las cuentas fiscales haya terminado el año 2013 con 14.430 millones de dólares en reservas internacionales (contra los 1714 millones de que disponía en 2005). Para calibrar el significado de esta cifra basta decir que las mismas equivalen al 47 por ciento del PIB, de lejos el porcentaje más alto de América latina. En línea con todo lo anterior, la extrema pobreza bajó del 39 por ciento en el 2005 al 18 por ciento en 2013, y existe la meta de erradicarla por completo para el año 2025.

Con el resultado de ayer Evo continuará en el Palacio Quemado hasta el 2020, momento en que su proyecto refundacional habrá pasado el punto de no retorno. Queda por confirmar si retiene la mayoría de los dos tercios en el Congreso, lo que haría posible aprobar una reforma constitucional que le abriría la posibilidad de una re-reelección indefinida. Ante esto no faltarán quienes pongan el grito en el cielo acusando al presidente boliviano de dictador o de pretender perpetuarse en el poder. Voces hipócritas y falsamente democráticas que jamás manifestaron esa preocupación por los 16 años de gestión de Helmut Kohl en Alemania, o los 14 del lobbista de las transnacionales españolas, Felipe González. Lo que en Europa es una virtud, prueba inapelable de previsibilidad o estabilidad política, en el caso de Bolivia se convierte en un vicio intolerable que desnuda la supuesta esencia despótica del proyecto del MAS. Nada nuevo: hay una moral para los europeos y otra para los indios. Así de simple.

* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

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13/10/2014 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , | Deja un comentario

12 de Octubre – Día de la Diversidad Cultural – LA MALDICIÒN DE MALINCHE


LA MALDICIÒN DE MALINCHE

Del mar los vieron llegar
mis hermanos emplumados
eran los hombres barbados
que la profecía esperada
Se oyó la voz del monarca
de que el dios había llegado
y les abrimos las puertas
por temor a lo ignorado.
Iban montados en bestias
como demonios del mal
iban con fuego en las manos
y cubiertos de metal.

Sólo el valor de unos cuantos
les opuso resistencia
y al mirar correr la sangre
se llenaron de verguenza.
Porque los dioses ni comen
ni gozan con lo robado
y cuando nos dimos cuenta
ya todo estaba acabado.
En ese error entregamos
la grandeza del pasado
y en ese error nos quedamos
300 años esclavos.
Se nos quedó el maleficio
de brindar al extranjero
nuestra fe, nuestra cultura
nuestro pan, nuestro dinero.

Hoy les seguimos cambiando
oro por cuentas de vidrios
y damos nuestra riquezas
por sus espejos con brillos.
Hoy en pleno siglo XX
nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa
y los llamamos amigos.
Pero si llega cansado
un indio de andar la sierra
lo humillamos y lo vemos
como extraño por su tierra.

Tú, hipocrita que te muestras
humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio
con tus hermanos del pueblo.
Oh, maldicion de Malinche
enfermedad del presente
cuándo dejarás mi tierra
cuando harás libre a mi gente.

12/10/2014 Posted by | Arte, Educación, General, Historia, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized, Videos | , | Deja un comentario

Los desafíos de Rousseff – Atilio A. Boròn


Los desafíos de Rousseff

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Por Atilio A. Boron
Se complica el escenario en Brasil, por varias razones.

Uno, porque Dilma tuvo la peor votación en la primera vuelta electoral desde que el PT triunfara en las presidenciales del 2002. En la primera vuelta de ese año Lula obtuvo 45,4 por ciento de los votos, y 48,6 por ciento en 2006. En el 2010 Dilma recogió –favorecida por el alto nivel de aprobación de Lula– el 46,8 por ciento del voto popular. El domingo pasado, en cambio, apenas si recogió el 41,5 por ciento. El salto para llegar a la mayoría absoluta será ahora más largo y habrá que ver de dónde podrán venir los votos que le hacen falta. Es probable que una parte de quienes votaron por Marina encuentren intolerable canalizar sus preferencias hacia Aécio Neves, pero sólo hay conjeturas. Entre Dilma, Aécio y Marina suman el 96 por ciento de los sufragios, de modo que no existen grandes contingentes de electores que se puedan redistribuir entre los dos finalistas más allá de los votantes de Marina o de una posible disminución del abstencionismo electoral, que llegó al 19,4 por ciento.

Dos. Se complica también porque su contendiente ya no es una voluble y fugaz estrella mediática sino un representante orgánico del establishment conservador brasileño. Miembro del PSDB, el partido del ex presidente Fernando H. Cardoso, Aécio fue un ardoroso crítico de los gobiernos petistas, a quienes acusa de haber ahuyentado la inversión extranjera y creado un clima poco favorable para los negocios, imputaciones éstas que carecen de asidero en la realidad. Neves es de los que creen que Brasil poco o nada tiene que hacer en América latina. Su destino es asociarse a los proyectos imperiales de Estados Unidos y sus cómplices europeos. Como tantos en la derecha latinoamericana, no percibe lo que las mentes más agudas del imperio han alertado hace rato: que Estados Unidos comenzó una lenta pero progresiva e irreversible declinación y que su agonía estará signada por violentos estertores e innumerables guerras. En esa curva descendente no habrá amigos permanentes, como aspira Aécio que Brasil sea de Estados Unidos, sino intereses permanentes. Y para Washington los amigos de ayer (Saddam Hussein, Osama bin Laden o los sunnitas fanáticos que ayudara a crear) pueden convertirse de la noche a la mañana –como hoy ocurre con el Estado Islámico– en los infames enemigos de la libertad y la democracia. Aécio no lo sabe, pero Brasil no será la excepción en esta materia.

Tres. Para prevalecer, Dilma deberá reconquistar una parte de la base social del PT que, desilusionada con su gobierno, manifestó su desencanto votando a Marina. Para ello deberá demostrar que su segundo turno va a ser distinto del primero, al menos en algunas materias sensibles en lo económico y social. Si su propuesta se asemeja a la de su rival, estará perdida, porque los pueblos invariablemente prefieren el original a la copia. Tendrá que diferenciarse por izquierda, profundizando las reformas que pongan fin a la intolerable desigualdad económica y social del Brasil, a los estragos del agronegocio, a la depredación medioambiental, a su vergonzosa regresividad tributaria y a las escandalosas ganancias embolsadas por el capital financiero y los oligopolios durante los gobiernos petistas.

Cuatro y último, será preciso para ello desandar el camino que, desde el 2003, desmovilizó al PT, convirtiendo al otrora vibrante partido socialista de los ochenta y los noventa en un espectro que vegeta en los recintos parlamentarios y los despachos de la burocracia estatal. Ahora Dilma no tiene partido, y se podrá decir que tampoco lo tiene Aécio. Pero éste tiene con qué reemplazar esa falencia: los oligopolios mediáticos, totalmente jugados a su favor. El PT perdió la calle y la pasión de un pueblo porque desde su llegada al gobierno cayó en la vieja trampa de la ideología burguesa y el arte de la política se transfiguró en gestión tecnocrática, mientras que aquella era denostada como politiquería. Fatal error, porque a Dilma sólo la podrá salvar la política y no sus presuntas aptitudes gerenciales. La mayoría electoral que Lula supo construir no logró transformarse en hegemonía política: esto es, en una dirección intelectual y moral que garantizase la irreversibilidad de los importantes avances registrados en algunas áreas de la vida social pero que, a juicio de la ciudadanía, fueron insuficientes.

Cambios que mejoraron la condición del pueblo brasileño, pero que fueron no hechos con el protagonismo del pueblo sino por un poder filantrópico que desde arriba desmovilizaba, despolitizaba e inducía a la pasividad a cambio de la inédita generosidad oficial. La actividad política era un ruido que alteraba la calma que requerían los mercados para seguir enriqueciendo a los ricos. El PT en el poder no supo contrarrestar esa estrategia, y ahora necesita repolitizar, en tres semanas, a un sector importante del pueblo brasileño. Ojalá que lo consiga, ya que la victoria de Aécio sería un desastre para América latina, porque liquidaría los avances duramente conquistados en el Mercosur, la Unasur y la Celac, y Estados Unidos contaría, al fin, con el Caballo de Troya perfecto para destruir desde adentro el sueño de la Patria Grande latinoamericana.

PÀGINA 12

07/10/2014 Posted by | General, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | | Deja un comentario

Gracias Griesa por abrirnos los ojos – Roberto Cavallero


Martes 30 de Septiembre de 2014

Gracias Griesa por abrirnos los ojos

Mejor dignos y desacatados que de rodillas, sin Patria y sin futuro. El juez y sus amigos nos hacen verificar eso en los hechos.

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El desacato que dictó ayer el juez Thomas Griesa contra la República Argentina admite una lectura judicial y otra política. Sobre la primera, hay que decir que no hay en la legislación estadounidense aval para declarar en desacato a un Estado extranjero, más bien ocurre todo lo contrario. Según la ley de “Inmunidades Soberanas Extranjeras” (FSIA), la propiedad de un Estado extranjero es “inmune de embargo, secuestro y ejecución”. Por eso Griesa no multa, porque una orden de sanciones pecuniarias, que afecta las propiedades soberanas, sería imposible de cumplir sin estar violando, a la vez, la propia ley estadounidense que el juez, en teoría, debe acatar.

Además, el derecho y la práctica legal internacional impiden represalias de este tipo. Países como Canadá, Reino Unido, Israel y Australia lo prohíben en sus legislaciones de modo taxativo, la Carta de la ONU habla de la “igualdad soberana de todos sus Miembros” y la Carta de la OEA expresa, de manera tajante: “Ningún Estado podrá aplicar o estimular medidas coercitivas de carácter económico y político para forzar la voluntad soberana de otro Estado”.

Griesa dice que la recientemente aprobada “Ley de Pago Soberano”, medida autónoma que la República Argentina tomó para seguir cumpliendo sus obligaciones con el 94 % de los bonistas que entraron a sus canjes, desconoce su fallo incumplible que exige pagarle a los holdins y a los buitres –el 1%– al mismo tiempo, y se queja porque eso sería, en la extravagante interpretación de su rol en el pleito, un desacato, desconociendo que un tribunal de los Estados Unidos no puede prohibir que un Estado extranjero debata y apruebe normativa propia. De lo contrario, sus facultades serían las de un juez imperial cuya jurisdicción no reconocería límites planetarios. Una exorbitancia, aún para un magistrado de los Estados Unidos. Al menos hasta hoy, la capital de la Argentina sigue siendo Buenos Aires, y no Washington o Nueva York.

Griesa aplica la ley, o mejor dicho, la interpretación que él hace de la misma, como si la Argentina fuera un particular o una empresa. Desconoce que dictar el desacato contra un país soberano como el nuestro tiene derivaciones que lo exceden en sus atribuciones. La deuda con los holdouts que podrían pedir un tratamiento similar al que reciben los buitres en su fallo dispararía de modo reflejo un reclamo casi inmediato de unos U$S 20 mil millones (las dos terceras partes de las reservas del país) y la activación de la cláusula RUFO por centenares de miles de millones de dólares, que haría caer la exitosa reestructuración de la deuda canjeada en 2005 y 2010, y habilitaría la quiebra del Estado Nacional por varias generaciones.

Anoche, el gobierno repudió la medida del “juez municipal” y pidió que Estados Unidos acepte la demanda que nuestro país presentó en la Corte de La Haya para que responda por la actitud destemplada y avasallante de un representante de su Poder Judicial. “La decisión del Juez Griesa no tiene ningún efecto práctico salvo proveer de nuevos elementos que sirvan a la difamante campaña política y mediática llevada adelante por los fondos buitre contra la Argentina”, sostiene el comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, que lleva la firma de Héctor Timerman. Hasta aquí, la lectura judicial de lo decidido por Griesa.

En términos políticos, puede decirse que el desacato del juez neoyorquino responde a una pésima evaluación de la realidad interna que atraviesa nuestro país por parte de un sector del Departamento de Estado. El kirchnerismo gobernante será, para los diarios que ya sabemos, y que forman parte de la minuta desinformativa del magistrado y los diplomáticos como Edgar Sullivan, encargado de Negocios de la embajada estadounidense, la corporización de un autocracia de tinte populista sin arraigo efectivo en la sociedad, pero la verdad es que las últimas encuestas, entre ellas una de Consultora Equis que relevó 1200 casos entre junio y julio de este año, revelan que el 66,2 % de los participantes se mostró de acuerdo con la forma en la que el gobierno negocia con los fondos buitre, y que el 70,1 % de esa gente votaría al candidato que postule la presidenta Cristina Kirchner. Esa foto refleja, en términos técnicos, un piso del 40% para las elecciones de 2015. Alto, demasiado alto para un gobierno que, según Joaquín Morales Solá o Carlos Pagni, está más cerca del olor a cala que de la resurrección. ¿Quién de los opositores llegaría hoy al 31% de las adhesiones necesarias para evitar que el Frente Para la Victoria gane en primera vuelta con cualquiera de sus candidatos?

El sector del Departamento de Estado que monitorea el fallo Griesa incurre en equivalencias extravagantes. Supone que un desacato dará aire a la oposición local, que multitudes se podrían volcar a las calles como sucedió en Venezuela para derrocar al gobierno, que las marimbas caraqueñas son equiparables a los cortes de la Panamericana que ensaya la izquierda desopilante, que los sindicalistas antikirchneristas gozan de mejor reputación que el más criticable de los funcionarios kirchneristas, en fin, que la guerra de cuarta generación con la que pretenden esmerilar a un gobierno insumiso necesita, apenas, del síndrome portorriqueño de la política doméstica, de la nostalgia de las “relaciones carnales” de otro tiempo y de los foros de lectores de los diarios Clarín y La Nación que destilan una violencia que sueñan con ver trasladada a las calles.

Se equivocan feo. Griesa con su intromisión descarada en la soberanía nacional le acaba de entregar una mochila de plomo a los opositores que desde el primer día lo pusieron en el lugar de la sensatez y, por default, le entregó al gobierno una distinción patriótica que reconfigura todo el escenario político local, empujando a la marginalidad a los espacios liderados por Mauricio Macri, Sergio Massa y Julio Cobos. Ellos no competían para ser concejales del distrito de Nueva York, querían ser presidentes de la Argentina.

Pero para ser presidentes, primero tendrían que reconocer que la Nación existe y que los fallos de jueces extranjeros que atentan contra la propia soberanía la desconocen en la práctica. Así de simple, así de dramático. Es probable que los cerebros del Departamento de Estado se hayan equivocado porque el insumo noticioso que utilizan está contaminado de una exagerada irrealidad.

Las editoriales de Clarín y La Nación delatan un rechazo visceral al kirchnerismo que nubla la realidad de las cosas, incluso para los legítimamente antikirchneristas. Donde el Pentágono ve marimbas y autos incendiados, hay una sociedad que quiere vivir en paz. No sería extraño que la desestabilización que buscan se traduzca finalmente en multitudes saliendo a las calles, aunque no para pedir que el gobierno democrático se vaya, como soñaban, sino para ratificar que entre los buitres y la Patria no hay elección posible.

Mejor dignos y desacatados, que de rodillas, sin Patria y sin futuro. Hacernos ver esto, verificarlo en los hechos, es lo único que, al fin de cuentas, debemos agradecerle al increíble juez Griesa y sus amigos.

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05/10/2014 Posted by | Economía, General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , | Deja un comentario

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