America Latina Unida

Mi selecciòn de temas vinculados a Argentina y a la Patria Grande.

El Partido Judicial entró en operaciones – Roberto Caballero


El Partido Judicial entró en operaciones

Luego de la marcha del 18F, se acelera el uso por goteo de causas judiciales para asediar al gobierno nacional y a sus funcionarios. La confesión de Laura Alonso y las comparaciones odiosas del diario La Nación.
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Si el kirchnerismo no hubiera mantenido las mayorías parlamentarias en octubre de 2013, el Parlamento Nacional estaría discutiendo hoy la manera de llevar a juicio político a Cristina Kirchner, como confesó el miércoles 18F la diputada del PRO, Laura Alonso: “Soy de las personas que creen que hay que poner en estudio el pedido de juicio político contra el canciller y hay que poner en estudio la posibilidad de un pedido de juicio político contra la presidenta”, dijo el día de la marcha de los paraguas, quizá envalentonada por la cantidad de gente convocada.

La apertura del proceso destituyente en el Congreso del que habló Alonso, referente local de Vital Voices Global Partnership, ONG financiada por la Fundación Paul Singer, titular del litigante contra Argentina NML Capital Limited en el juzgado de Thomas Griesa, tiene destino de fracaso en el recinto legislativo, pero adquiere trámite sumarísimo en la tapa de los diarios hegemónicos y en los tribunales del Partido Judicial amotinado contra el gobierno.

A nadie escapa que el turbulento escenario abierto con la denuncia de Alberto Nisman, se vio todavía más alterado tras la muerte dudosa del fiscal, el 18 de enero. Desde entonces, tanto Alonso como su socia Patricia Bullrich, trataron de involucrar al gobierno en el hecho, abonando la tesis de un crimen de Estado que, según la evidencia recogida hasta el momento, se aleja un poco más cada día.

“Aunque la muerte de Nisman haya sido trágica y conmovedora, esto no hace más digerible su labor en la causa AMIA, ni exime a sus actos del juicio y la crítica de los muchos que contemplan azorados los capítulos de esta historia dramática”.
La irrupción en escena de una testigo, Natalia Fernández, que dijo en el diario del Grupo Clarín SA lo que después rectificó prolijamente en el expediente que instruye bajo múltiples presiones la fiscal Viviana Fein, no fue obra del azar.

El objetivo, precisamente, fue desautorizar la pesquisa de Fein, que aún hoy está convencida de que no intervinieron terceras personas en el departamento de Le Parc; y en lo posible arrastrar el expediente al fuero federal con otra carátula, que extienda en el tiempo la idea del asesinato y el desgaste institucional que provoca.

Pero el abogado de Fernández, Sebastián Smoler, tocó timbre cuando lo mandaron a espiar: es el apoderado, desde 2012, del partido “Unión por Todos”, el de Bullrich, socia del macrismo.

En su momento, Smoler fue el redactor de la acción de amparo que la propia Bullrich presentó contra el paquete de leyes que el Poder Ejecutivo envió al Congreso para democratizar la justicia, punto de inicio de la rebelión judicial.

La mesera Fernández figura en el padrón con domicilio en Venezuela 628, en Monserrat, donde tiene sede un local del PRO
Smoler, el abogado de Bullrich y de la testigo que se desinfló (y se desinfló en serio, porque Clarín, luego de haber hecho una tapa con sus supuestas revelaciones, no publicó absolutamente nada el viernes 20, cuando se supo que ella las había rectificado, y recién lo hizo ayer en su página13), es el mismo que estampó su firma debajo de aquella presentación. Y el que, desde su Twitter, ataca seguido a la presidenta, a quien llamó “imbécil” cuando se torció el tobillo, “patética” en innumerables ocasiones y calificó de “persona con evidentes problemas psiquiátricos” cada vez que pudo.

Quizá no quiera decir nada. Tal vez, sí. Su representada, la mesera Fernández de fama fugaz en la tapa de Clarín y sus licencias no adecuadas a la ley, figura en el padrón electoral con un domicilio, Venezuela 628, que no es el suyo, el particular, sino que pertenece a un edificio, levantado justo en el cruce con la calle Perú, en el barrio de Monserrat, donde tiene su sede un local del PRO, regenteado por el senador Diego Santilli, del mismo partido que Alonso, la socia de Bullrich en la trama. ¿Causalidad o trampa del destino? Los hechos son fácticos, las interpretaciones son libres.

Bullrich y Alonso son las diputadas opositoras que venían coordinando con Nisman de manera promiscua (el cruce de llamados telefónicos ya admitido entre todos ellos es una extraña versión de la independencia de poderes de la que nadie parece tomar cuenta) la presentación en el Congreso donde se iba a utilizar el dictamen inconsistente del fiscal para lanzar la ofensiva final contra la presidenta. ¿Quizá buscando número para forzar su juicio político? La propia Alonso reconoció ante los medios, después de declarar ante la fiscal Fein: “Nos reunimos a principios del año pasado (2014). Hablamos sobre el Memorándum de Entendimiento con Irán y yo le dije: ‘No me des detalles de la denuncia porque no me quiero enterar.’ Le pregunté si luego de que él presentará la denuncia, yo debía pedirle el juicio político a la presidenta, y ‘Nisman me dijo que sí.'” Siempre según Alonso, Nisman estaba interesado por su rol institucional como vicepresidenta de la Comisión de Juicio Político porque, como le dijo, “Cristina había ordenado todo.”

El cadáver de Nisman podrá haber sido investido de un halo heroico por la multitud antikirchnerista que se movilizó bajo la lluvia del miércoles pasado, pero en vida fue el fiscal que acudía a recibir órdenes de la Embajada de los Estados Unidos, se encontraba a coordinar acciones con Roger Noriega, el ex secretario de George Bush para la región, y proveía letra al fondo buitre de Singer en su pelea con el país para cobrar sus bonos basura.

La catarata de fallos adversos y llamados a indagatoria no es casual. Es una operación por goteo que puede y va a terminar mal.
Todo esto está más acreditado que su denuncia por encubrimiento que, de tan floja en su probanza, no pudo siquiera ser suscripta en su totalidad por Gerardo Pollicita, el fiscal que tomó la posta y ahora rehuyó la invitación de tres comisiones parlamentarias para que explique dónde está el presunto delito que imputa a Cristina Kirchner. La excusación de Pollicita, de todos modos, tiene sentido: como la denuncia presupone que el Memorándum con Irán es parte constitutiva de la ilegalidad reprochada, ¿cómo les explica a los diputados y senadores que la presidenta es imputable y ellos, que lo votaron, no lo son?

Sorprende el pedido que Bullrich hizo para anular la citación de Pollicita. Sobre todo, sus argumentos: “Los jueces y fiscales deben ser libres de cualquier interferencia o apariencia de interferencia por parte de otros poderes.” Cuando ella lo citó a la comisión de Legislación Penal, ¿no interfería?

Aunque la muerte de Nisman haya sido trágica y conmovedora, esto no hace más digerible su labor en la causa AMIA, ni exime a sus actos del juicio y la crítica de los muchos que contemplan azorados los capítulos de esta historia dramática.

La intención de desatar una crisis política con el dictamen, operatoria de la cual Nisman fue protagonista consciente según las charlas que mantenía con Bullrich y Alonso hasta horas antes de su muerte, es tan repudiable como el uso de su cadáver para golpear contra las instituciones de la democracia.

Los protagonistas de la maniobra están claros. Las relaciones entre sí son públicas. La finalidad, conocida ahora por boca de Alonso, era evidente: una presidenta acusada de encubrir el mayor atentado de la historia argentina era pasible de ser juzgada, si encima después se la señala como responsable del asesinato del fiscal que la acusaba, pierde las mayorías parlamentarias y, sin ellas, puede ser removida. Tanto ella como Bullrich trabajaron durante todo este mes para convertir el caso Nisman en una causal de destitución. El aval a la jugada del aparato de agitación y propaganda del Grupo Clarín SA vino por añadidura. Era obvio.

No les salió, es verdad, pero sí lograron generar el clima para una gran marcha que, en vez de ir a pedir “justicia” al Palacio de Tribunales, se plantó en la Plaza de Mayo con exigencias diversas hacia la Casa Rosada.

Encabezada por un grupo de oficiales de segunda jerarquía del Partido Judicial, en guerra solapada contra el gobierno, la movilización tuvo su primer efecto el viernes, cuando la Sala I de la Cámara Federal, integrada por Eduardo Farah, Jorge Ballesteros y Eduardo Freiler, confirmó el procesamiento del vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, por la causa Ciccone. El segundo en la línea de sucesión presidencial.

La legitimación callejera finalmente habilitó a los tres camaristas a ceder al pedido que Jorge Lanata les hizo el año pasado, cuando por Radio Mitre mandó a escrachar a sus hijos en la escuela si no avanzaban contra el vice.

Los mismos camaristas respaldaron al juez Claudio Bonadio por su actuación en la causa Hotesur. Se trata de la empresa familiar de la presidenta. El magistrado ya allanó la AFIP buscando las declaraciones juradas de Cristina y de sus hijos, entre ellas, la de Máximo Kirchner, jefe de La Cámpora; y la Inspección General de Justicia procurándose la carpeta societaria. En tribunales dicen que las indagatorias son inminentes. ¿Acaso es un reaseguro por si Daniel Rafecas, el juez que recibió la denuncia de Nisman-Pollicita por encubrimiento, decide archivarla? ¿O será para mantener un doble acoso sobre la jefa de Estado?

Durante la misma jornada, el juez Luis Rodríguez citó a indagatoria nada menos que a la procuradora del Tesoro, Angelina Abbona, la abogada del Estado nacional, en el marco de un expediente que tiene como rehén a Mariano Recalde, referente de La Cámpora y titular de Aerolíneas Argentinas, acusado por el presunto delito de “administración fraudulenta”. También Rodríguez había llamado antes a indagatoria a José “Pepe” Sbattella, titular de la UIF por informar datos financieros que el Grupo Clarín SA no quería que se divulgaran.

Y el mismo día, la Cámara Nacional en lo Civil y Comercial Federal (más conocida como la cámara Miami, algunos de cuyos integrantes viajaban a congresos de la fundación CERTAL, de la que el fiscal Ricardo Sáenz es secretario general), confirmó el fallo de primera instancia del juez Horacio Alfonso que suspendió el proceso de adecuación de oficio del Grupo Clarín SA.

No había registro de una corporación que volviera a desafiar el poder democrático y a sus funcionarios con tanta saña y poder de fuego simbólico y material.
A esto se deben sumar el fallo del juez en lo contencioso administrativo Pablo Cayssials, titular del Juzgado 9, que hace dos semanas le concedió al Grupo Clarín SA otra cautelar, por el mismo tema de la adecuación de oficio, en este caso a pedido de Julio Blanck, Nelson Castro, Jorge Fernández Díaz, Jorge Lanata, Alfredo Leuco, Marcelo Longobardi, Joaquín Morales Solá, Magdalena Ruiz Guiñazú y Eduardo van der Kooy, bajo el argumento de que la adecuación del oligopolio, validada por la Corte Suprema en su fallo definitivo por la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, constituye un riesgo para la libertad de expresión. Un contrasentido jurídico. ¿Cómo el funcionamiento de un oligopolio de la comunicación, que acalla voces por definición, va a ser la garantía de la libertad de expresión a preservar? Bueno, eso dice la cautelar.

La catarata de fallos adversos y llamados a indagatoria no es casual. Es una operación por goteo que puede y va a terminar mal. Desde que el gobierno lanzó el paquete de siete leyes para democratizar el Poder Judicial, las distintas corrientes de la judicatura más conservadora se abroquelaron en un frente único cada vez más agresivo y temerario. Son los mismos que amenazan con activar 300 causas que tienen a medio centenar de funcionarios en la mira de sus procedimientos discrecionales. Lo dice Adrián Ventura, en su nota “La Justicia llevó al gobierno a un paso más hacia el abismo”, del viernes 20. ¿Cuáles fueron los factores que cambiaron el escenario? Según él, “son tres: las duras críticas de la presidenta sobre los jueces, el manoseo de los fiscales hecho por la procuradora y los cambios de operadores dentro de la SIDE, que le sacaron al gobierno eficacia en la Justicia”.

Quizá la palabra golpismo remita a otra cosa en la memoria de los argentinos. Pero desde los tiempos en que el Ejército era un “partido de gobierno” que se salteaba la más elemental voluntad popular para imponer dictaduras y mandar a la cárcel, al destierro o a la tumba a los militantes políticos, no había registro de una corporación que volviera a desafiar el poder democrático y a sus funcionarios con tanta saña y poder de fuego simbólico y material. Además, contando con el silencio del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti.

El discurso es el mismo: la República, la libertad, la justicia y el combate contra la corrupción. La defensa de valores tan sagrados siempre justifica en el imaginario la excepcionalidad o el salteo de las reglas. Por eso, aunque algunos quieran devanarse los sesos buscando una nueva palabra, destituyente sigue siendo la mejor calificación para definir el alzamiento del Partido Judicial contra el gobierno kirchnerista que se vive por estas horas. ¿Cómo no pensar que el intento fracasado en el Legislativo prosigue con esta revuelta tribunalicia?

En este contexto, la última operación de sentido que lanzó el diario La Nación mete miedo. Dos de sus columnistas, el mismo jueves 19, asociaron al kirchnerismo –mayoría política del país por voluntad popular, con dominio del Ejecutivo, robustez parlamentaria en ambas Cámaras y más del 60 por ciento de las gobernaciones provinciales–, con el MTP que copó el Regimiento de La Tablada en 1989.

La rusticidad analítica de un columnista puede llevarlo a comparar lo incomparable. Ocurre que, en este caso, los que compartían la misma alucinación eran dos y en la misma edición.

¿Por qué La Nación trató de vincular a los violentos atacantes de un cuartel con un movimiento democrático que llegó al poder por elecciones limpias? ¿En qué se basan los columnistas del diario para sostener que el kirchnerismo tomó por asalto el Estado y debe ser echado de cualquier forma?

El asalto a La Tablada dejó muertos, torturados y desaparecidos a manos del Ejército. Estos últimos, delitos que Alberto Nisman dejó impunes, cosa que se puede verificar en el archivo, obedeciendo las órdenes de los mismos sectores de Inteligencia que fueron desplazados de la SI en diciembre. Tal vez ahora no sea con artillería y fósforo, como ocurrió en 1989. ¿Quizá lo intenten usando expedientes y citaciones judiciales?

El problema lo tienen los que ven en el kirchnerismo al MTP y confunden un gobierno constitucional con un grupo armado a ser reducido por la fuerza. De miradas tan distorsionadas, al estilo fubista de Sabsay, sólo pueden surgir apreciaciones delirantes de la realidad.

Pero, no por eso, menos peligrosas.

Cuidemos a los jóvenes

Máximo Kirchner asomó con su discurso en Argentinos Juniors a la primera plana de la política. Coronó así el lento proceso de construcción de La Cámpora, una de las organizaciones kirchneristas, la de impronta más juvenil en todo el espacio del FPV. El estadio desbordaba cuando el hijo de dos presidentes constitucionales se hizo escuchar. Habló emocionado, no dijo nada violento, no hizo más que agradecer a su militancia y hasta se emocionó recordando a su padre. Fue demasiado para el país conservador. Máximo Kirchner traía una novedad irritante para la vieja política: después de Néstor y Cristina, otro Kirchner llenaba un estadio en la Capital Federal y le hablaba a toda la sociedad.

Desde entonces, el juez Claudio Bonadío, quien ya sonaba como candidato a procurador de un eventual gobierno massista, lo puso en la mira. Bonadío allanó la AFIP en busca de su declaración jurada por la causa Hotesur. Es un secreto a voces en Tribunales y sets televisivos opositores que el juez intentará citarlo a su juzgado en breve. Si así fuera, el proceso de demonización mediática de la juventud kirchnerista entrará en una nueva fase: la del ataque del Partido Judicial, que coseche lo que el oligopolio sembró con odio durante todos estos años. El problema no es el lavado, hay 4040 cuentas en Suiza, entre ellas, la de los dueños y accionistas de Cablevisión, que nadie busca. Tampoco los cargos: la causa Papel Prensa, donde se investigan delitos de lesa humanidad –los más graves que puedan cometerse– y la presunta participación de Héctor Magnetto, Ernestina Herrera de Noble y Bartolomé Mitre en ellos, duerme el sueño eterno en un juzgado federal cuyo titular, Julián Ercolini, fue ubicado por el diario La Nación junto al palco el 18F, a metros de Vicente Massot, director del procesista La Nueva Provincia. La lista de la impunidad garantizada a los poderosos de verdad, los que trascienden todos los gobiernos, es interminable.

El problema es que la derecha no puede con su instinto: siempre devora a los jóvenes. Así, la democracia del futuro vive amenazada. Y la de ahora también.

INFONEWS

22/02/2015 Posted by | General, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

PARADOJAS DE LA MARCHA 18 F – CASO NISMAN – 19-02-15


20/02/2015 Posted by | General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized, Videos | , , | Deja un comentario

¿Una aberración argentina? – Atilio Boron


¿Una aberración argentina?

A propósito de un editorial de The New York Times sobre los suicidios sospechosos de la Argentina, Atilio Boron recuerda célebres crímenes nunca esclarecidos de los Estados Unidos. Mario Rapoport, por su parte, describe diferentes casos históricos de enfrentamientos de gobiernos con el
Poder Judicial.

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Por Atilio A. Boron *
Se ha convertido un lugar común decir, a propósito de la muerte del fiscal Alberto Nisman, que “cosas como éstas sólo ocurren en la Argentina”. Una nota aparecida en la página de opinión de The New York Times del martes 10 de febrero abona la supuesta verdad contenida en esa afirmación que, como era de esperar, fue reproducida y agigantada hasta extremos indecibles por la prensa hegemónica y los intereses del bloque oligárquicoimperialista empeñado en acelerar, también en la Argentina, un “cambio de régimen” sin tener que atenerse a los plazos y nimiedades establecidas por la Constitución y la legislación electoral. Y decimos supuesta porque si hay algo que enseña la historia comparada contemporánea es que casos como el de Nisman: muertes sospechosas, imposibles de certificar si fueron suicidios o asesinatos, no son infrecuentes en las principales democracias del mundo. Casos que, casi invariablemente, se archivaron rápidamente señalando causas y culpables de menos que improbable verosimilitud.

En lugar de sermonear a los argentinos por el caso Nisman, The New York Times podría hacerle un servicio a su país si investigase seriamente el asesinato de John F. Kennedy o el de otros connotados personajes de la política norteamericana que murieron bajo asombrosas circunstancias, para decirlo con benevolencia. La forma en que se investigó y se cerró el caso de JFK con el Informe Warren que dictaminó que Lee H. Oswald actuó en solitario para matar a JFK y herir al gobernador Connally, y que Jacob Rubenstein (a) Jack Ruby, un conocido hampón y narcotraficante de Dallas, hizo lo mismo al matar a Oswald dos días después en la propia comisaría. Pocas cosas contribuyeron tanto al descrédito del sistema judicial de Estados Unidos como ese informe refrendado por la Corte Suprema de ese país. El NYT, que con tanto entusiasmo adhirió a la absurda teoría de que había armas de destrucción masiva en Irak, haría bien en tratar de develar las razones y consecuencias de una mentira que costó millones de vidas, heridos y gentes desplazadas; o de ilustrar a sus lectores qué ocurrió con Osama bin Laden, cuya supuesta muerte en mayo del 2011 quedó sellada en las profundidades del océano Indico mientras un espectro de sospechas corroe hasta el tuétano la credibilidad de la Justicia y el gobierno de Estados Unidos, lo mismo que los macabros misterios –cada vez menos herméticos y más cuestionados– que rodean los sospechosos atentados del 11S.

La lista sería tan extensa que necesitaríamos una página simplemente para enumerar las principales muertes de altos funcionarios o personas muy allegadas al poder político en Estados Unidos. Tomemos el caso de dos ex directores de la CIA. William Colby lo fue entre 1973 y 1976, falleció en 1996 mientras hacía una solitaria excursión en canoa en un río cercano a su domicilio en Maryland. Colby duró poco en su cargo; no era muy bien visto por sus colegas en la Agencia porque sentía que algunos de sus “agentes operativos” (vulgo: killers) gozaban de demasiadas prerrogativas y desconfiaba de los verdaderos propósitos de algunas de sus operaciones secretas. Otro ex director de la CIA, William J. Casey, dirigió la agencia entre 1981 y el año de su muerte, 1987, sirviendo en tal calidad durante casi todo el período presidencial de Ronald Reagan. Casey, un fundamentalista católico, carecía de los escrúpulos que llevaron a su predecesor a sufrir un fatal accidente náutico. Pero tuvo mala suerte también él, porque falleció pocas horas antes de testificar en el Congreso sobre la criminal operación IránContra y también sobre la intervención de la CIA en el reclutamiento y organización de los mujaidines afganos bajo el liderazgo de Osama bin Laden. La versión oficial, apta sólo para ingenuos incurables, es que Casey padecía de un extraño tumor cerebral que de la noche a la mañana se agravó hasta privarlo del habla y, un par de días después, despacharlo al otro mundo. Otro caso interesante es el del senador republicano John Tower, que a mediados de los setenta presidió junto con el demócrata Frank Church un comité que examinó el papel de la CIA en el golpe de Estado de Chile de 1973. En el curso de la investigación se descubrió que la CIA estaba desarrollando una pistola altamente sofisticada que podía eliminar enemigos políticos inoculándoles bacterias o gérmenes letales mediante el disparo de un rayo ultracongelado que penetraba en el organismo de la víctima sin que ésta fuera consciente de ello. Tower murió en un accidente de un pequeño avión de línea regional. Otro desafortunado fue Vincent Foster, un amigo y consejero del presidente Clinton, que supuestamente se suicidó en 1993. La investigación estuvo plagada de irregularidades, incomprensibles en el caso de un sujeto tan cercano a la familia presidencial, nacido y criado en el mismo pueblo en Arkansas. Un informe señala que llamó al celular de Hillary Clinton unas pocas horas antes de su muerte. El caso se catalogó como suicidio y asunto concluido.

Como vemos, el NYT tiene una lista de temas bastante extensa para preocuparse, además del caso Nisman. Si cruzamos el Atlántico las cosas no mejoran. Uno de los incidentes más resonantes de los últimos tiempos es el del notable científico británico y autoridad reconocida en el tema de la guerra bacteriológica: David Christopher Kelly. Había sido inspector de la ONU en Irak en aquella búsqueda absurda de las supuestas armas de destrucción masiva y que todos sabían que no estaban allí. Kelly fue llamado a testimoniar ante el Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento Británico y se produjo un áspero debate en donde refutó inapelablemente la postura de los secuaces parlamentarios del primer ministro Tony Blair, íntimo aliado de las mentiras y crímenes de George W. Bush. Dos días después, y en medio de la conmoción que habían producido sus declaraciones, Kelly apareció muerto. La información oficial dijo que se había suicidado, y a diferencia de lo ocurrido hasta ahora con Nisman, la comisión parlamentaria dirigida por Lord Hutton resolvió, luego de una pericia más que superficial, archivar todos los elementos probatorios del caso (incluyendo la autopsia y las fotografías del cadáver) y resguardarlos como material clasificado por un plazo de 70 años. Este sí es un caso de “encubrimiento” que debería despertar las iras de tantos políticos argentinos que con total irresponsabilidad apelan a esa figura jurídica, aunque demuestran su incoherencia, o mala fe, cuando se cuidan de aplicarla a quienes conspiraron para encubrir “la pista siria” y la “conexión local”, también involucrados en el criminal atentado de la AMIA y, no olvidemos, de la Embajada de Israel, de la cual sorprende lo poco que se habla.

Podríamos seguir con este listado: mencionemos sólo otros dos en suelo europeo. El del papa Juan Pablo I, que entra en esa misma categoría de crímenes irresueltos, aunque un pesado manto de silencio impidió que se investigara tan exhaustivamente como ocurriera con JFK. Otro: Olof Palme, asesinado en las escalinatas de una calle céntrica de una ciudad segura y tranquila como Estocolmo, sin haberse jamás hallado al magnicida cuando en Suecia hasta el ratero más insignificante es aprehendido por las fuerzas policiales en menos que canta un gallo.

De lo anterior se desprende que el discurso que proclama una suerte de aberrante “excepcionalismo” argentino carece de fundamento. Por supuesto, esto no equivale a minimizar la gravedad de la muerte del ex fiscal o a cerrar los ojos ante la impericia con que actualmente se está investigando el caso Nisman; o no investigando la muerte de los 10 bomberos en el harto sospechoso incendio de Iron Mountain en Barracas, entre tantas otras causas que merecerían la minuciosa investigación de nuestros fiscales. Pero, por favor, terminemos con eso de que estas cosas sólo pueden ocurrir en la Argentina.

* Investigador Superior del Conicet y director del PLED.

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17/02/2015 Posted by | Historia, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , , , | Deja un comentario

El lado útil de la marcha – José Massoni


El lado útil de la marcha

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Por José Massoni *
Como el próximo miércoles no estamos ante un homenaje a un funcionario judicial muerto –hasta ahora por desconocidas razones– sino ante un acto político, me permito examinarlo desde uno de los ángulos de su beneficio. Mi perspectiva es la de cuarenta años de trabajo en el Poder Judicial de la Nación, como empleado, secretario de juzgado y de cámara, fiscal, juez y juez de cámara, enriquecida con la que tuviera desde afuera de aquél, al pasar al rol de litigante como abogado del Poder Ejecutivo en mi carácter de titular de la Oficina Anticorrupción desde que se creó, en 1999, hasta 2003. El 23/9/07, una nota de La Nación calificaba como un “diagnóstico extremadamente crítico” el realizado en mi libro La Justicia y sus secretos (Del Puerto, 2007), en el que básicamente postulaba que, mediante el mantenimiento de las formas coloniales, el colectivo judicial había conformando una corporación privilegiada, de cuño ideológico y moral conservador, al servicio de la matriz oligárquica del país y a sus manifestaciones de poder real.

Era una visión fortalecida por la práctica como abogado ante la corrompida, arbitraria, menos que mediocre actividad de jueces federales. En rigor, apuntaba desde varios años antes. En 1997, siendo juez de cámara en un tribunal oral, el cronista de La Nación Revista recogía “…el juez Massoni representa, cabalmente, a decenas de jueces que trabajan en silencio; que han hecho de la honestidad y la austeridad una especie de culto. El, como tantísimos otros hombres de la Justicia, es la imagen de lo que bien podría llamarse los jueces del hartazgo”. Era verdad, una treintena, hastiados de vernos injustamente involucrados en el descrédito social, un día decidimos actuar en defensa propia, y así surgió Encuentro de Jueces, un movimiento de jueces dispuestos revertir esa sensación, o que los hiciera sentir que estábamos haciendo algo para modificarla. Entonces, en 1994, comenzamos a hacer una especie de centro de reflexión, encuentros, por así decir, semanales o quincenales. Hicimos pública nuestra opinión acerca de que era vergonzoso que los jueces no pagaran el Impuesto a las Ganancias, redactamos el primer anteproyecto de ley del Consejo de la Magistratura y nos propusimos modificar las estructuras judiciales. Es patente que no lo logramos y demasiados años han pasado.

Sin embargo, llegaron los tiempos mejores. El sostenido avance de la institucionalización democrática ocurrido en la última década, que en el campo judicial ha tenido como última manifestación el nuevo Código Procesal Penal Nacional y la ley de Inteligencia en camino de sanción, tiene una potencia democratizadora que la corporación judicial no puede tolerar. El avance de la democracia ha demostrado que la corporación no era sólo un quiste de la República, sino un absceso. En estos días reventó y el miércoles 18 derramará su pus, con sustancia de elementos ponzoñosos pero también células muertas y fluido inerte.

No es malo para el campo popular que se muestren tal como son, acompañados no sólo por políticos oportunistas, sino también por las peores escorias de nuestra sociedad.

* Ex juez. Ex titular de la Oficina Anticorrupción.

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17/02/2015 Posted by | General, Historia, Justicia, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , | Deja un comentario

Las falacias de la violencia – Hernan Brienza



Las falacias de la violencia
El caso Nisman, la marcha opositora y un plan de maniobras desestabilizadoras que se multiplica en toda la región.

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En periodismo hay una máxima para saber cuándo algo es noticia, que dice lo siguiente: “Un caso es excepción; dos, casualidad; tres es tendencia.” En política latinoamericana podría reformularse el axioma de la siguiente manera: “Un golpe de Estado en la región responde a política interna de ese país; dos, a la casualidad política; tres, al accionar de las embajadas de Estados Unidos.” En los últimos días, si uno lee las noticias internacionales de los diarios, puede enterarse de que el gobierno de Nicolás Maduro desactivó una intentona golpista planeada por la Marina, que la presidenta de Brasil Dilma Rousseff enfrenta la posibilidad de ser sometida a un juicio político por parte de la oposición –la llaman anglosajonamente “impeachment”– y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner está siendo acosada por una banda de fiscales opositores, que amenazan con hacer trastabillar al gobierno nacional.

Ya nada es casualidad, obviamente. Sin embargo, lejos está de ser probada la maniobra de alguna terminal política de la diplomacia estadounidense. Pero hay indicios: la habitualidad con la que el fiscal Alberto Nisman concurría a la “Embajada” a contarles lo bien que estaba haciendo los deberes y a pedir instrucciones –según lo relatado por Santiago O’Donnell, un periodista al que nadie puede reprocharle un supuesto kirchnerismo, en su libro sobre los WikiLeaks de Julian Assange– para continuar imputando a Irán en el atentado a la AMIA; la fiereza con que los fondos buitre, sobre todo el grupo que responde a Paul Singer, un confeso republicano y un militante de cuanta empresa bélica se lleve adelante en Oriente contra el mundo islámico, y el refuerzo de la agenda de Washington respecto de la fantasiosa profecía autocumplidora de la Guerra de Civilizaciones obligan a pensar que Estados Unidos –o al menos un sector importante de su establishment– está intentando recuperar el dominio en Latinoamérica y los gobiernos de la región que pretenden mantener cierta autonomía deben ser borrados del continente o al menos cercenados en su libertad de acción.

Quizás estos dos primeros párrafos resulten demasiado conspirativos, pero como decía Raymond Chandler, “hasta los paranoicos tienen alguien que los persigue”.

De lo que ya no hay dudas es de que la convocatoria para el 18 de febrero se trata no sólo de una marcha opositora sino de un escalón más en la maniobra de desestabilización del gobierno nacional. Miles de personas en las calles legitimarían supuestamente en las portadas de los diarios nacionales e internacionales la intentona judicial desestabilizadora. Y no se descarta tampoco que en esa marcha se generen actos de “autoagresión”, de “autoviolencia” y de “autoinfitramientos” para generar una mayor desestabilización con imágenes de caos que recorran el mundo y que “pongan en alerta a la inocente y bien intencionada comunidad internacional” sobre las consecuencias que tiene mantener políticas contrahegemónicas como las del kirchnerismo. El mensaje es claro: “Cuidado, Grecia y España, con sacar los pies del plato neoliberal y desafiar al capitalismo financiero.”

Las razones de la convocatoria a la marcha son verdaderamente irrisorias más allá de la gravedad institucional que significa la muerte de Nisman. Algunos de ellos aseguran que no se trata de un “asesinato”, pero hablan todo el tiempo de “crimen político”, “ahora matan” y “magnicidio”. En qué quedamos, ¿es o no es un asesinato? Los principales referentes de la intentona desestabilizadora incurren en contradicciones permanentemente: si marchan en reclamo de “justicia” y/o “esclarecimiento”, es porque consideran que se trató de un homicidio, aun cuando la mayoría de los indicios sugiere que se trató de un suicidio. Pero, claro, no pueden afirmar que se trate de un homicidio porque eso sería utilizar políticamente la muerte del fiscal. Pero supongamos que se trató de un suicidio: ¿qué sentido tiene marchar a la Plaza del Congreso para esclarecer un suicidio? ¿No sería más correcto manifestarse contra alguna facultad de Psicología, por ejemplo, que nos permita saber cuáles son las razones que llevan a una persona a quitarse la vida? Perdón por la oscura ironía pero es necesaria para demostrar el absurdo de la convocatoria. Los más inteligentes ya ni siquiera dicen que la convocatoria es por el reclamo de “justicia” sino de homenaje a la figura del fiscal malogrado.

Un párrafo aparte merecen los autores de la convocatoria: los fiscales que han entorpecido durante dos décadas la investigación del atentado a la AMIA son los que llaman a marchar para impedir la impunidad en la causa. Y hombres y mujeres ligados al macrismo: Elisa Carrió, Patricia Bullrich, Laura Alonso, el grupo político acusado de espiar a familiares de la AMIA y de poner como jefe de la Policía Metropolitana a uno de los principales artífices de la impunidad en la causa –el comisario Jorge “Fino” Palacios–. Muchos de los convocados irán inocentes a la manifestación, o lo harán simplemente por su oposición al gobierno. Como fuera, es como si el Lobo llamara a manifestarse por el derecho a la vida de Caperucita Roja; y la niña marchara de la mano de su victimario.

Graves resultaron las palabras del titular de la Auditoría General de la Nación, Leandro Despouy, por ejemplo. No contento con decir que “vivimos en un país como el del ’73”, se despachó con un “ahí se instaló el asesinato político”. Muy grave. Que un ex diputado con menos representatividad que Rodolfo Arruabarrena en una filial de River haga estropicios discursivos y pase vergüenza haciendo comparaciones entre “peras y automóviles” se entiende. Que lo haga un funcionario de la talla del auditor general de la nación y que acuse al gobierno de “instalar el asesinato político” es de una irresponsabilidad institucional profundísima. ¿Qué relación hay entre una muerte dudosa, posiblemente un suicidio, de un fiscal y el mapa político de un peronismo enfrentado en el ’73, luego de haber sido víctima de 18 años de proscripción y represión por parte de la alianza entre militares golpistas y radicales que se conoció como Revolución Libertadora?

Es verdaderamente ridícula la comparación. Típica de la intelectualidad berreta de la derecha argentina como la que integra el flamante titular del Teatro Colón, Darío Lopérfido, quien ha aportado a la cultura argentina –además de la publicidad de la comida japonesa en el marco de un gobierno que asesinó a 40 personas, compró senadores con dinero de la SIDE y condenó a la miseria a la mitad de los argentinos– la genialidad de que “populismo y cultura son contradictorios”, una frase que atrasa aproximadamente medio siglo y que no aporta absolutamente nada a un debate profundo sobre el estado del arte y la cultura en nuestro país. O como Luis Alberto Romero, quien no se ruboriza en seguir utilizando herramientas teóricas de las primeras décadas del siglo XX para analizar el presente y se empeña en hacer el papelón de comparar al kirchnerismo con el fascismo italiano, superando incluso al propio Lopérfido en su nadería.

Pido perdón al lector por el arrebato de estos últimos párrafos. Pero es empujado por la preocupación que me provoca ver cómo se instalan mediáticamente las falacias necesarias para ejercer violencia en la Argentina. Inventando fantasmas discursivos, creando climas políticos ficticios, generando violencia verbal para justificar lo injustificable. Ofusca un poco ver a los “demócratas de siempre” afilando sus armas para hacer daño una vez más a la democracia. ¿Se trata de un golpe? Posiblemente no. Y ni siquiera tengan el poder para generar una crisis institucional. Pero pueden desestabilizar al actual gobierno, para condicionar al próximo.

La sociedad argentina no necesita ni quiere más violencia. El gobierno, sus voceros, sus militantes, no deben caer en ningún tipo de provocación ni contestar a la violencia discursiva con una violencia mayor. Ya lo dijo Perón alguna vez: la fuerza es el derecho de las bestias. Que Dios quiera que los trabajadores, la gente común, las mayorías, los que queremos una vida sencilla y buena no seamos víctimas, una vez más, de una nueva violencia en la Argentina. Ni la queremos ni la merecemos.
INFONEWS

17/02/2015 Posted by | Uncategorized | , , , , , , , , , | Deja un comentario

Los miércoles, catarsis – Horacio Verbitsky


LOS MIERCOLES CATARSIS –

La marcha del miércoles 18 repetirá algunos episodios históricos de las últimas siete décadas, representativos de un clivaje profundo de la sociedad argentina, de ninguna manera exclusivo de estos tiempos. Que todas las fuerzas de la oposición, política, económica, cultural, profesional, interna e internacional se manifiesten en las calles con absoluta libertad es una forma de sinceramiento de profundo valor catártico, un clímax del que habrá que prever el descenso.

Por Horacio Verbitsky
Algunos de los memorables precedentes de la cita convocada para el miércoles son la marcha de la Constitución y la Libertad, del 17 de septiembre de 1945; la procesión del Corpus Christi del 11 de junio de 1955; la recepción del 23 de septiembre de ese mismo año a Eduardo Lonardi, quien dirigió un mensaje trémulo de buenas intenciones a una Plaza de Mayo llena a reventar; las marchas nocturnas convocadas en 2004 por el ex ingeniero Blumberg para una reforma punitivista del Código Penal; la congregación de la Sociedad Rural frente al jardín zoológico de julio de 2008; el gran cacerolazo de noviembre de 2012 y su réplica desteñida de abril de 2013. Pese a las diferencias de época y contexto, los asistentes a todos ellos tienen notorios elementos en común. Expresan a un sector muy significativo en la Ciudad de Buenos Aires y notorio en varias capitales provinciales, dotado de recursos materiales y simbólicos muy por encima de la media. Hoy como ayer defienden grandes principios, abstracciones avasalladas por los duros hechos de una realidad que les resulta hostil y enigmática, hasta que logran reducirla a una fórmula comprensible para su concepción binaria. Su principio básico es la buena conciencia y la generosa disposición a deponer rencillas menores en aras de los grandes valores, a unirse por la salvación de la patria o de la república, de la democracia o de la libertad, que siempre agonizan. Otra cosa es quienes convocan y manipulan. Walsh lo dijo mejor que nadie en la tercera edición de Operación Masacre, publicada en 1969. Allí instó a “no dejarse conmover por las sagradas ideas, los sagrados principios y, en general, las bellas almas de los verdugos”.

Desde conservadores y socialistas hasta comunistas y radicales marcharon el 12 de octubre de 1945 hacia el Círculo Militar para pedir que la Corte Suprema de Justicia asumiera el poder con respaldo de las Fuerzas Armadas. Félix Luna destacó el carácter progresista de la plataforma con que esa Unión Democrática se presentó a las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Pero sobra la experiencia para saber qué hicieron con esas declaraciones de principios los partidos que integraban la UD, cuando la suerte electoral o el golpismo militar les fueron más propicios. Entre ambas fechas se produjo la fiesta del monstruo, según el insuperable título de un cuento tan burdo que hasta se dudó que Borges y Bioy Casares lo hubieran escrito, en el que consignaron el significado que tuvo para ese sector el ascenso del peronismo. La misma unidad ante el mal absoluto explica que en junio de 1955 hasta liberales y marxistas se encolumnaran bajo los pendones eclesiásticos y envueltos por el humo de los incensarios, en contra de la separación de la Iglesia del Estado. Durante la batalla contra las retenciones, el componente de clase fue más ostensible pero aún así la Sociedad Rural celebró su bautismo de masas con las banderas rojas del maoísmo y el trotskysmo. Y en las movilizaciones de 2012 y 2013 coexistieron biblias con calefones y sables sin remache, la beautiful people, indignada por la corrupción, harta de los discursos en cadena con anuncios para los sectores más vulnerables y/o desesperada por comprar dólares.

Un gigantesco oximoron

La convocatoria de esta semana no es menos policroma y escenificará otro oximoron. Los propietarios del edificio demolido por el atentado pedirán que intervenga en la investigación la Corte Suprema de Justicia, que llegó al mismo callejón sin salida en la causa por el aún más antiguo atentado contra la embajada de Israel. Los acompañarán los fiscales que sabotearon el avance de la investigación al no sostener las apelaciones planteadas por las víctimas del estallido y que fueron denunciados por Memoria Activa, entre ellos el jefe de Comodoro Py, Germán Moldes, y el cerebro gris de la movida, Raúl Plee. La Iglesia Católica será representada por la Comisión Justicia y Paz de su Episcopado, cuyo presidente, Gabriel Castelli es un próspero hombre de negocios, director de la cementera Loma Negra, del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) y de la cadena de supermercados Farmacity. Esta filiación del operador obispal ayuda a entender el repudio del Grupo de Sacerdotes en Opción por los Pobres, que denunció “oscuras operaciones contra la justicia y la democracia” por parte de “un grupo del poder judicial, amigos de poderosos y corporaciones”, al que “un grupo del poder eclesiástico hace llegar su bendición”. El anhelado golpe militar fracasó en 1945 por la irrupción de un nuevo actor político en defensa de las conquistas obtenidas en los dos años previos, pero tuvo éxito diez años después. En 2008 fueron ostensibles “el clima destituyente” y “el desprecio por la legitimidad gubernamental”, luminosos aportes a la comprensión de un momento complejo que el grupo Carta Abierta no ha conseguido apagar ni con los diecisiete somníferos posteriores. Ni el clima ni el desprecio contaban ya con un brazo armado que completara la obra, porque la subordinación castrense al poder político es uno de los logros transversales de la democracia argentina, que el kirchnerismo afianzó. Un burdo remedo se intentó con la organización de saqueos y los alzamientos de las fuerzas de seguridad en distintos lugares del país. Ni la economía, ni la política ni el conflicto social han conseguido desmoronar al gobierno, pese a que se aplicaron técnicas de desestabilización probadas en Africa y Asia. De allí la importancia de las posiciones simbólicas desde las que el gobierno es hostigado ahora. Si bien la mayoría de los fiscales nacionales y las entidades que agrupan a los provinciales se manifestaron en contra de la marcha, igual que varias organizaciones sociales, intelectuales y artistas, su número puede ser grande. Si el gobierno no corre a modificar sus políticas como con las leyes Blumberg, si mantiene la calma, como hizo en los últimos cacerolazos y paros sindicales, al apogeo que se alcance el miércoles le seguirá el ocaso que siempre sucede en ausencia de una organización capaz de capitalizar esa energía en una opción política. Lo sucedido con la reforma de la ley de Inteligencia nacional es un indicio acerca de la dificultad de las fuerzas de oposición para construir tal alternativa.

Fiscales y jueces

Sobre la denuncia del fiscal Natalio Alberto Nisman resta poco por agregar: su dependencia de la embajada estadounidense, su identificación con el removido jefe de operaciones de la Secretaría de Inteligencia, Antonio Stiuso, su texto autocontradictorio y las desmentidas que provocó en quienes esperaba que fueran su principal soporte, como el ex secretario general de INTERPOL Ronald K. Noble, ya han sido detalladas en estas páginas, y el viernes en la presentación de la Procuración del Tesoro ante el juez Daniel Rafecas. Las investigaciones de Rafecas sobre el Holocausto se volcaron en su libro de 2012 Historia de la Solución Final. Una indagación de las etapas que llevaron al exterminio de los judíos europeos, que le generó empatía con las víctimas del atentado. Rafecas inscribe su investigación “en un proceso muy saludable que estamos viviendo en nuestro país de memoria, verdad, justicia, de revisión del pasado, de las dictaduras”, como declaró al presentar la obra. Esa opinión está respaldada por su tarea como juez: desde 2004 es el que más y mejor ha trabajado en causas por crímenes de lesa humanidad, lo cual lo coloca en el podio de los indispensables, junto con Leopoldo Schiffrin y Horacio Cattani. En ese sentido, es una garantía para todas las partes interesadas. Por supuesto, desde que se supo que el sorteo arrojó su nombre, la oposición sostiene que el gobierno, que forzó su alejamiento en la causa madre contra el vicepresidente Boudou y que había promovido su juicio político, le perdonó la vida cuando le tocó intervenir en la causa por enriquecimiento ilícito del jefe del Ejército, César Milani, que suponen encajonada. Prefieren desconocer los pronunciamientos a favor de Rafecas que enviaron al Consejo de la Magistratura los organismos de derechos humanos (incluida la abuela Estela Carlotto), la DAIA, el Consejo Nacional Armenio y los trabajadores judiciales, que hicieron ver al oficialismo y a la oposición radical (que lo detesta por su investigación sobre los pagos para la aprobación de la ley de precarización laboral) el desmesurado costo que tendría la remoción de un magistrado impecable, al que sólo podría caberle una sanción menor.

Distinto es el caso del fiscal Gerardo Pollicita, discípulo y admirador de Plee según su biografía autorizada que ayer publicó el matutino La Nación. Su requerimiento de instrucción no merece la misma descalificación que el mamotreto de Nisman. Era impensable que Pollicita desestimara la denuncia in limine. La acusacion de Nisman comprende a muchas personas, que no necesariamente correrán la misma suerte procesal. Una vez descartada la acusación por encubrimiento contra la presidente y su ministro, algunos de los acusados de tercera o cuarta línea podrían ser atrapados por el artículo 172 del Código Penal, por defraudar “con nombre supuesto, calidad simulada, falsos títulos, influencia mentida, abuso de confianza o aparentando bienes, crédito, comisión, empresa o negociación o valiéndose de cualquier otro ardid o engaño”. Desde el comienzo, Pollicita advierte que se basa “pura y exclusivamente” en los elementos aportados en la denuncia y que recién ahora habrá que iniciar la investigación para ver si existe un delito y en ese caso quiénes son sus responsables. No fue él, sino Nisman, quien imputó a la presidente CFK y a su ministro Héctor Timerman. Su relato de los presuntos hechos no es más que una glosa de la denuncia de su difunto colega y ex subordinado, del que encomilla numerosas frases. Cuando no lo hace, usa el tiempo potencial, adjetivos como presunto, participios como supuesto o locuciones del tipo “según la hipótesis desarrollada” o “la denuncia entiende demostrado”. Por el contrario, el fiscal no sostuvo el llamado a indagatoria de la presidente, que sí había pedido Nisman. Esta cautela en las palabras y en los actos no se contagió a los títulos de prensa, que atribuyeron a Pollicita la imputación contra Cristina. Como su única fuente es la denuncia de Nisman, Pollicita también sostiene como columna vertebral de su requerimiento la presunta presión argentina para que INTERPOL levantara las alertas rojas, y no toma en cuenta la desmentida de Noble, porque recién a partir del viernes forma parte del expediente. Además reitera gruesos errores fácticos y conceptuales: le atribuye a la Comisión de la Verdad facultades jurisdiccionales, o potestades de carácter judicial, que el Memorando de Entendimiento no le asignó, y que actuaría en reemplazo del juez y del fiscal; sostiene que estaría integrada por iraníes, cuando el Memorando dice en forma explicita que deberán ser juristas de reconocimiento internacional, ni persas ni argentinos; y afirma que las conclusiones de esa comisión que nunca se formó estaban “arregladas de antemano”. Pollicita no traiciona a Nisman pero, con intención o no, lo pone en evidencia.

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15/02/2015 Posted by | General, Historia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Salud, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El triunfo de Syriza y el espejo de América latina – Julio Burdman


El triunfo de Syriza y el espejo de América latina
Por Julio Burdman

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La Europa del Sur está siendo atravesada por la ola ascendente de la izquierda radical. Denominación tal vez algo imprecisa para denominar a un conjunto heterogéneo de protagonistas, pero que se impone por fuerza de las circunstancias. En Grecia, como en los 70, se produjo el nodo inicial de la ola: el 25 de enero, la coalición de izquierda Syriza ganó por amplio margen las elecciones parlamentarias y su líder, Alexis Tsipras, asumió como primer ministro. Podría seguir España, ya que para fines de este año están previstas las elecciones generales allí y la izquierda radical, representada por el partido Podemos y la Izquierda Unida, tienen posibilidades reales de imponerse y gobernar -sobre todo, si se unen.

Para 2016, año en el que deberían realizarse las elecciones parlamentarias en Irlanda -que podrían adelantarse-, el partido nacionalista de izquierda Sinn Fein -referido en otra época como el “brazo político del IRA”, aunque era algo más que eso- hoy lidera las encuestas. La lista sigue, pero estos son los procesos más significativos de los próximos 12 meses. Y los que pueden impulsar, si son exitosos, las chances de las izquierdas en otras partes de Europa.

Con sus historias, tradiciones y estructuras diferentes. Convergen fuerzas jóvenes y movimientos centenarios, nacionalistas y ecosocialistas, partidos y coaliciones sociales, nuevos políticos y dirigentes con medio siglo de militancia. Pero nuevas cosas los unen, como una oposición coordinada a las políticas europeas de “austeridad”. Todos los antes mencionados forman parte, junto a otros 20 partidos del continente, del grupo de la Izquierda Radical o Unitaria (GUE/NGL) en el Parlamento Europeo, donde varias de sus nuevas estrellas, incluido el español Pablo Iglesias, ocupan bancas de eurodiputados. Entre los miembros del grupo predominan los eurocomunistas, pero también hay casos como los del francés Jean-Luc Melenchon o el alemán Oskar Lafontaine, antiguos socialdemócratas que abandonaron los partidos en los que habían militado por décadas para fundar nuevas agrupaciones de izquierda, como son Parti de Gauche y Die Linke respectivamente.

Desde mediados del siglo XX, el discurso de los eurocomunistas y la izquierda se empantanaba en el intento de diferenciarse ideológicamente de los socialdemócratas. Grupo en el que contamos al Partido Socialista Obrero español, el Socialista francés, el Socialdemócrata alemán, el Laborista británico o el PASOK griego, entre otros. Aún cuando a veces formaran alianzas, como en Italia o España, había una competencia por un electorado similar que los eurocomunistas pretendían ganar semánticamente, convenciendo a los votantes de que había una “izquierda”, a secas y sin el prefijo “centro”, que era la “verdadera” izquierda, la que verdaderamente los merecía.

Pero hoy, crisis financiera mediante, los partidos del bloque ascendente plantean una estrategia más clara y eficaz. Para Syriza, Podemos y el resto, los socialdemócratas no existen más. La centroizquierda selló su fin una vez que se alió a la centroderecha para implementar las políticas del ajuste neoliberal, asociado a Alemania, el Banco Central Europeo, los grandes bancos y el FMI. La confusión entre las fuerzas “del sistema” fue la gran oportunidad de la izquierda radical para politizar, subirse al ring y confrontar en igualdad de condiciones con quienes detentan el poder.

Como advertían Fravia Freidenberg y Esperanza Casullo, el dato desequilibrante de la política europea era la incapacidad de la centroizquierda para absorber las nuevas demandas democráticas. La paradójica consecuencia de ello fue que Syriza se convirtió en el nuevo centro. En un extremo quedaron los partidos del sistema, la troika y los memoranda, en el otro los extremistas antieuropeos de derecha -en ese sentido, los nazis de Amanecer Dorado resultaron funcionales a la pronta asimilación de Alexis Tsipras- y en el medio, entre ambos, aquellos que proponen reformular las políticas de ajuste sin renunciar a Europa, nunca gobernaron y merecen la oportunidad. Por esa razón, Tsipras rechaza ser clasificado como un fenómeno de reacción o protesta social, aunque reivindique la política en las calles y las organizaciones de desocupados. El nuevo premier griego atribuye su triunfo electoral a su programa: Syriza hizo el mejor diagnóstico y formuló la mejor propuesta, hablando reiteradamente de renegociación de la deuda, crecimiento económico y estado de bienestar como las claves de la “alternativa al neoliberalismo”.

Sin embargo, más allá de la retórica estructurada de Tsipras, el arma con la que cuenta para gobernar es la política antes que sus ideas económicas neokeynesianas. Lo que propone no es antieuropeísmo ni la salida del euro sino un New Deal desde Europa (léase, siempre, Alemania) y para el Sur de Europa. Desde la campaña electoral planteó la cuestión de las reparaciones de Alemania por la Segunda Guerra Mundial, traducidas en un plan de inversión pública respaldado por el Banco Central Europeo. Y otro punto que forma parte de sus demandas a Europa es que el BCE respalde un bono griego de circulación, lo que recuerda bastante a las cuasimonedas que dieron resultado en Argentina. Y a las propuestas del desdoblamiento gradual y de facto de la zona euro, sobre las que hay un consenso discreto pero creciente.

Tsipras deberá encontrar aquellos puntos, como éste, en los que habla el mismo idioma que Merkel. Alemania no tiene demasiados incentivos políticos para interesarse en un New Deal europeo, electoralmente inviable para sus políticos, aunque algunos líderes de diferentes países europeos sí podrían querer contener el revisionismo de los partidos del GUE/NGL. Tsipras descarta la posibilidad de una Grecia aislacionista cayéndose de Europa, e ilusiona -y asusta- con una nueva ola política en todo el continente, que incluye a diversos separatistas y autonomistas (el triunfo simultáneo de Sinn Fein en las dos Irlandas, por ejemplo). Contener, para los conservadores europeos, podría querer decir que el nuevo gobierno griego asuma solo los costos de crear su propia periferia monetaria.

Kirchner, Lula y el new deal

En un reportaje poco antes de las elecciones, le preguntaron a Tsipras si acaso su pasada gira por América del Sur y sus frecuentes odas a Néstor y Cristina Kirchner, Lula y Chávez no eran parte de una estrategia para “asustar” a Merkel y forzar a “la troika” a negociar mejores condiciones para los griegos. Somos, para el periodista, el cuco de una amenaza estratégica y verosímil. Pero Tsipras insistió en que no, y reiteró que América del Sur es, para él, una fuente de modelos e ideas. Ahora bien, si Tsipras realmente estudió Hay motivos para creerle a Tsipras, ya que en sus palabras y argumentos se trasluce que estamos ante alguien que estudió la historia suramericana del siglo XXI. A nosotros, lo que pasa en Grecia y otros países nos va a servir, y mucho, para entender mejor lo que sucedió y sigue sucediendo por aquí.la política suramericana de la última década, ya debería saber que el New Deal europeo que propone lo irá llevando a una creciente separación de la zona euro, de la que será muy difícil retornar. Kirchner inició su gobierno proponiendo una revisión moderada de las relaciones internacionales argentinas, pero la propia dinámica de su política reformista lo llevó a profundizar la autonomía. La “razonabilidad” mostrada por Tsipras en sus primeros días como premier no lo convierten en un nuevo Felipe González: si su ascenso, y el de los partidos de la izquierda radical europea se inicia de la mano de una confrontación con los partidos del sistema y las políticas de austeridad, tiene por delante un camino de politización.
Diario BAE

07/02/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Uncategorized | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

La polémica carta al presidente de Irán que firmó Fernando “Pino” Solanas en el año 2007


La polémica carta al presidente de Irán que firmó Fernando “Pino” Solanas

Excelentísimo Señor Presidente
De la República Islámica de Irán
Mahmud Ahmadineyad
Presente
Dirigentes políticos, sociales, sindicales, de Derechos Humanos, representaste del universo de la religión, la cultura y las artes de la Argentina, nos solidarizamos con su gobierno y su pueblo ante las amenazas del gobierno belicista del presidente Bush.
Como ciudadanos argentinos, rechazamos enfáticamente el dictamen judicial que insiste en involucrar a la República Islámica de Irán en el atentado a la mutual judía AMIA, ocurrido en Buenos Aires en julio de 1994. Consideramos que dicha resolución no pretende la búsqueda de la verdad sobre este grave hecho, sino que es funcional a los actuales intereses y presiones que los Estados Unidos ejercen sobre su gobierno, pretendiendo justificar así un posible ataque militar. Estimamos que, así como la criminal invasión a Iraq se realizó bajo la excusa de la supuesta presencia de armas químicas en ese país – luego se demostró que era una falacia – hoy este fallo podría servir de argumento para una agresión contra el pueblo iraní.
Estamos convencidos de que lograr la verdad, la justicia y el castigo a los responsables de la muerte de las 84 víctimas por el ataque a la AMIA, debe ser una atribución exclusiva del pueblo argentino y sus instituciones. Rechazamos en términos absolutos el intento de avasallar nuestra soberanía por parte del belicista presidente norteamericano George Bush y del Estado de Israel, que han contamina la investigación judicial en nuestro país. No es serio retomar ahora la acusación formulada por el juez Juan José Galeano – desplazado de la causa “por serias irregularidades” – en tanto ya fuera descartada por Interpol y otros Estados europeos, que la estimaron carente de pruebas. Insistir ahora con la misma hipótesis investigativa es inconsistente, toda vez que los “indicios” que existen para vincular al gobierno iraní con dicho atentado de basan en testimonios indirectos de residentes iraníes y en los aportes del Mossad y la CIA, servicios de Inteligencia de Israel y E.E.U.U. respectivamente, países que no se caracterizan por su apego a la paz mundial y el derecho al respeto internacional. Por el contrario, no dudan en utilizar el terror a fin de lograr sus objetivos expansionistas. Debido a ello consideramos que detrás del reciclado de la acusación judicial se esconde una campaña que apunta a lograr el aislamiento de Irán, conducir a la ruptura de relaciones diplomáticas con la Argentina e ir despejando así el camino para un nuevo ataque criminal a otro pueblo de Medio Oriente.
Como ciudadanos comprometidos históricamente con la defensa de los derechos humanos rechazamos en términos absolutos toda forma de terrorismo y, en especial, el terrorismo de Estado. Por eso no podemos callar ante las masacres cometidas por las fuerzas de ocupaciones contra los pueblos afgano, iraquí, libanés y palestino, que ven avasallados todos sus derechos. Estados Unidos e Israel están moralmente inhabilitados para liberar cualquier lucha contra el terrorismo. Los argentinos no debemos permitir que nos usen como excusa para que ellos sigan arrasando países enteros. Aunque pretenden que temamos a Irán, en realidad a quien tememos es a la política arrogante e imperialista de Estados Unidos que avasalla el derecho internacional y pisotea la soberanía, los recursos y la historia de los pueblos del mundo, en una carrera demencial que pone en peligro la supervivencia de toda la humanidad.
Frente a estas amenazas convocamos a todos los líderes políticos, religiosos y sociales del mundo a salir en defensa de Irán y detener el avance del mayor peligro para la paz mundial que es el actual jefe de Estado norteamericano, George W. Bush.
Como latinoamericanos, vemos con horror cómo detrás de la amenazas contra Irán se quiere ocultar el objetivo de erradicar los avances sociales y políticos de los pueblos de este continente, conquistados gracias a una historia de luchas y por el compromiso y la coherencia de sus actuales gobernantes. Somos consientes de que atacar a Irán es agredir a la Venezuela de Hugo Chávez, generando en América Latina consecuencias absolutamente imprevisibles.
Para lograr la paz en nuestra región, creemos que es esencial que se ponga inmediato fin al Plan Colombia, y que las dos bases militares con las tropas norteamericanas salgan de ese país hermano, lo que redundará en un clima más propicio para llevar a cabo cualquier negociación sobre diferendos pendientes entre países vecinos.
Sin más, le dejamos el afecto de miles de militares sociales que día a día defienden los derechos humanos en las trincheras de la vida y que a pesar de la distancia geográfica, se unen al pueblo iraní bajo las mismas banderas de la dignidad y el coraje.
Fraternalmente.
Padre Luis Farinello
Luis D’Elía
Alejandro Olmos Gaona
Alejandro Fernández Mouján.
Osvaldo Bayer
Eduardo Pavlovsky
Carlos Aznarez
Fernando Solanas
Ricardo Longhini
Nora de Cortiñas
Hebe de Bonafini
Alcira Argumedo
Año 2007

04/02/2015 Posted by | General, Política Argentina, Politica Internacional, Politica Latinoamerica, Uncategorized | , | Deja un comentario

El odio, el miedo y la paciencia cívica – Mempo Giardinelli


El odio, el miedo y la paciencia cívica

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Por Mempo Giardinelli
A lo largo de la semana, y mientras la desdichada muerte del fiscal Nisman se diluía en fuegos artificiales periodísticos y televisivos, más de una conversación argentina giró en torno del odio y del miedo. Por eso últimamente se ve, se siente y se padece cierta polución ambiental, sobre todo en Buenos Aires y en ese apéndice geográfico porteño que se llama “la costa”, donde se amplifica todo lo malo y negativo.

El malhumor parece patrimonio exclusivo de las clases medias porteñas y acaso bonaerenses, y aunque se siente mucho menos en el interior del país, donde las gentes trabajan y progresan arduamente con más afán y menos quejas, la verdad es que tiñe al país todo. Quizá por eso circula el chiste, en provincias, de que si en la capital estallara un movimiento separatista como el de Barcelona, la Argentina toda apoyaría alborozada la independencia porteña.

Bromas aparte, la vida cotidiana de millones de argentinos no es insatisfactoria como publicitan esas usinas, hay muchos indicadores de que el país crece y las mejoras son evidentes, sobre todo si se compara cualquier aspecto actual con los ‘90, 2001 o 2003. Y es un hecho que la gente que brinda servicios en el vasto territorio nacional –choferes, gastronómicos, mineros, bibliotecarios, porteros, domésticas, peones y de mil oficios más– no tiene el gesto amargo, de resentimiento, que se ve en vastos sectores de la clase media porteña. Que curiosamente suelen ser los más acomodados, los que viajan por el mundo y están acostumbrados a ser o sentirse ricos y poderosos.

A ellos no les va mal en la vida, y por eso su furia es desproporcionada. Más aún: les va mejor que nunca en los últimos 30 años, pero su odio y su miedo harían pensar al mundo que aquí se vive en el borde mismo del infierno. Que es quizá lo que buscan, conscientes o no.

Querían las libertades democráticas y votaron masivamente a Alfonsín, e incluso padres y madres de muchos de ellos lucharon por esas libertades. Hoy las tienen a pleno, vigentes y respetadas como nunca antes, y en especial la libertad de expresión, pero hablan de “régimen”, de “dictadura” y gritan que “esto es Cuba, Venezuela, Bolivia o Nigeria”. Gracioso, si no fuese inmoral.

El otro día, después de participar en 6, 7, 8 sentí, por primera vez, ácido y tangible, ese aire enrarecido. Había algo sórdido en el silencio del taxista y en un mozo, y al día siguiente en la mirada de transeúntes o pasajeros del tren y el subte. Pensé que a muchos les habían inoculado odio. No disenso, no discrepancia democrática, tan saludable y creativa. No, odio. Un odio puro que mezcla lo cholulo con la antipatía, que es como decir leche cuajada con acero oxidado. Un enojo cualquiercosista, digamos.

Después, en el Aeroparque, me encontré con un tipo luego de casi 30 años. Eramos jóvenes entonces y él colaboraba en Puro Cuento. Talentoso, un tipazo. Ahora le va muy bien, dijo, alcanzó una posición excelente y llegaba de vacacionar en Buzios. Celebré la alegría del encuentro, pero me cortó: “Lástima que vos sos kirchnerista; eso arruina todo. Hoy no podríamos ser amigos”. Lo miré azorado. “Yo los mataría a todos; me dan asco.” Y subrayó, provocativo: “Eso, asco me dan”. No se daba cuenta de nada; no veía más allá de su odio. Le dije que lo sentía, sincero, y tomé mi vuelo con la pregunta resonando: ¿qué les pasa, cómo llegaron a semejantes niveles de odio?

Tal resentimiento es inexplicable, porque la mayoría ahora tiene trabajo, sueldos al día, leyes sociales, vacaciones. Son empleados, artistas, intelectuales, académicos, profesionales, técnicos. Pero en cuanto pueden ofenden, gritan, insultan, acusan, adjetivan y amenazan. Hasta de muerte, deseo que parece fascinarlos. Quizá para huir del calvario de convivir con sus propias almas desesperadas quién sabe por qué. Porque ideología eso no es.

¿Es conjeturable que los odiadores ignoran cómo ha cambiado el país? ¿Que no les gustan los avances sociales? ¿O que millones de ciudadanos pueden hoy comprar una moto, construir viviendas modestas, estar bancarizados y documentados y recibir beneficios sociales de un Estado que no está distraído? ¿Será que odian que el servicio doméstico esté legislado y bajo control? ¿Los alarmará que “los negros” participen del progreso lento y hoy puedan, por ejemplo, vacacionar?

Como sea, no les interesa entender ni discutir. Sólo quieren tener razón. Se convencen velozmente de lo que vieron y escucharon y era fácil e impactante. No analizan, a lo sumo monologan. Y así impiden incluso el inocuo diálogo de sordos. Prefieren el monólogo de sordos, que ha de ser más duro de soportar.

Pero es peligroso. Sobre todo porque del odio al miedo hay sólo un paso. Y del miedo a la histeria otro, y así los usan. Por eso no tenemos que burlarnos ni enojarnos. Nosotros, llenos de dudas, incluso con vacilaciones, tenemos que esforzarnos por contenerlos con argumentos, hechos y razones, y calmarlos. Predicar la convivencia, el disenso educado y la discusión pasional respetuosa y tolerante. Toda otra actitud agranda el odio, y dispara miedo y violencia. Eso impone ejercitarnos en la paciencia cívica.

Y es claro que muchas cosas se pueden reprochar al kirchnerismo, nadie lo niega. Errores, muchos. Y corrupción –que es lo que más los indigna; ahora todos parecen Cruzados de la Transparencia– es claro que la hay, nadie lo niega después de doce años de gestión. No mayor que en tiempos de Menem y sus pandillas de economistas y empresarios, es obvio que la hay y ninguna persona decente la tolera ni justifica. Pero es ridículo enloquecer gritando apellidos amplificados sólo mediáticamente.

Toda la ciudadanía repudió la corrupción instalada por los militares y luego desatada como estilo político en los ’90. La Argentina sana siempre quiere que vayan en cana los condenados. Pero cuando lo son, si es que lo son. Y por la Justicia, no por medios, periodistas y charlatanes que a tantos argentinos les hacen creer que sus suposiciones son pruebas, y sus opiniones, veredictos. Eso es antidemocrático.

Hay que entender a los odiadores y apaciguarlos. Porque temen la sombra, lo desconocido, lo que ignoran, lo que se mueve y ocupa lugares que ellos consideraban propios e inalterables. Temen lo que les hacen creer que creen; lo que les parece que es mejor creer; lo que quieren creer. Bien decía el Gran Sarmiento: “El que solamente cree, no piensa”.

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04/02/2015 Posted by | General, Justicia, Medios de Comunicaciòn, Política Argentina, Politica Latinoamerica, Reflexiones, Sociedad y Cultura, Uncategorized | , , , , , | Deja un comentario

Un bioético dijo que la edad ideal para morir es de 75 años y abrió el debate


Un bioético dijo que la edad ideal para morir es de 75 años y abrió el debate

Ezekiel Emanuel, de la Universidad de Pensilvania, sostuvo que no hay que prolongar el proceso de morir. El argumento es que, a partir de esa edad, la persona comienza a perder algunas de sus capacidades y se vuelve una carga. Expertos opinan que en este siglo la experiencia de la vejez será muy diferente. La mirada optimista.

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La vejez está a la vuelta de cualquier esquina, allí, donde uno menos se imagina se nos presenta por primera vez”, recitaba el cantautor argentino Facundo Cabral. El envejecimiento y su ligazón con la última etapa de la vida suele ser un tabú, tomado por muchos como parte de un proceso, impensado para otros, encarado con naturalidad por muchos y con gran angustia por otros. Ezekiel Emanuel, profesor de bioética en la Universidad de Pensilvania de los Estados Unidos, aseguró que la mejor edad para morir son los 75 años. En una entrevista que brindó a la revista The Atlantic Magazine, el experto aseguró que existen muchas razones para no prolongar la vida más allá de dicha edad. “En los últimos 50 años la medicina ha logrado grandes avances para prolongar la vida, lo que conlleva la aparición de más enfermedades, en lugar de obtener logros en la lucha contra el envejecimiento. Es decir, se prolongó el proceso de morir”, subrayaba Emanuel. En contraposición, como publicó Tiempo esta semana, la empresa inversora Palo Alto de Silicon Valley, California, acaba de presentar el “premio de la longevidad”, el cuál otorga un millón de dólares para aquellos científicos que lograran “hackear el código de la vida” con el fin de luchar contra el envejecimiento y extender la esperanza de vida más allá de los 120 años y evitar así la “decadencia” como añadidura y componente de la vejez.

Los especialistas acuerdan que se reconoce que una persona pertenece a la tercera edad desde los 65 hasta los 75-80 años, pero “faltaría definir a partir de qué momento se estaría entrando en la cuarta edad y si convendría comenzar a incorporar una quinta edad.
Bernardo Nante, filósofo y presidente de la Fundación Vocación Humana, dijo a este diario que “tanto la muerte como la vejez son aspectos fundamentales de la vida que no tenemos asumidos, por eso no sorprende que se quiera controlar conceptualmente la vejez estableciendo una edad para partir”, explica.

En la actualidad, el país se encuentra en una etapa de envejecimiento avanzada. Según el Censo 2010, un 10,2% de la población tiene 65 años y más; es decir, existe una alta proporción de personas mayores con relación a la población total. Sin embargo, “en el siglo XXI, la experiencia de envejecer será muy distinta de la del pasado siglo. Tenemos que reinventar la vejez”, explica la socióloga Mercedes Jones, Coordinadora de Paradigma XXI, Alianza para la Incidencia Colaborativa en Salud. Para la especialista, existe un choque de dos paradigmas de la vejez: el residual que representa a la vejez como asociada a la decadencia, la soledad y la falta de dignidad y otro que es el de la vejez activa en la que se reconoce la existencia de un proceso de envejecimiento sano y autosuficiente.

“La fuerza del pensamiento negativo ante la idea del paso del tiempo atrasa y provoca temor y rechazo en la población. Hablar de un límite de edad, fijar una edad para morir es una idea absurda”, dijo Mercedes Jones.

Los especialistas acuerdan que se reconoce que una persona pertenece a la tercera edad desde los 65 hasta los 75-80 años, pero “faltaría definir a partir de qué momento se estaría entrando en la cuarta edad y si convendría comenzar a incorporar una quinta edad. Por ejemplo, los adultos mayores-jóvenes (65-80 años) adultos mayores-mayores (80-95) adultos mayores-añosos/nonagenarios y súpercentenarios (95-115). Quizás con el tiempo haya que correr las fronteras y se incorpore una sexta edad”, propuso Jones.

VIVIR HASTA QUE NO PUEDA MÁS. Pablo Sánchez tiene 60 años y grita con mirada desafiante: “pienso vivir hasta los 800 años. Jamás se me ocurriría pensar a qué edad irme de esta vida”, dijo en diálogo con Tiempo. El hombre es pulidor de bronce, está casado hace 30 años y tiene una hija de 18. Hace 25 años se hizo de un grupo de amigos que fue conociendo en varios clubs y que ahora se reúnen a diario en el Bochín Club del barrio de San Cristóbal, ubicado en medio de la plaza Martín Fierro. “Nos juntamos para sacudirnos los problemas y divertirnos. Para mí el día nunca termina, seguiré hasta que no pueda más. Ni de casualidad me he puesto a pensar en la muerte”, repite Pablo. “Si estoy postrado en una cama y estoy molestando a la familia y ya cumplí mi rol, quizás sea mejor morirme”, exclama dejando ver que para él la edad biológica no tiene nada que ver con lo que siente.

Alicia Iriondo prefiere no pensar. “No hay que pensar en el fin. Sé que vendrá, pero prefiero no pensarlo”.. Pero aclaró: “Estoy más que bien, todos halagan mi figura y tengo 86 años, me conservo porque hago actividad física y no pierdo contacto con la naturaleza”. Mientras hace estas declaraciones, baila al ritmo de una murga del barrio.

Por su parte, Mario Rumilla, de 60 años, se declara un eterno enamorado de la vida y de las mujeres. “Todos los fines de semana voy a bailar, y conquisto. No hay edad para el amor. La vejez es una cuestión de actitud, están quienes se proponen una fecha para morir y los que la corremos todos los días para seguir viviendo”.

Con respecto al amor, la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores 2012, arrojó que seis de cada diez personas de 60 años y más, piensa que es posible enamorarse en esta etapa de la vida. Con relación a la actividad sexual, los varones de entre 60 y 74 años son quienes más creen en esta afirmación (un 89%), y las mujeres de 75 años y más quienes menos adhieren a esta idea (un 54%).

Mónica Roqué, directora Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, opinó: “Cuando uno tiene 20 años piensa que los 40 años es una edad muy avanzada, pero al cumplirlos los 75 parecen un límite. La muerte es una parte más de la vida, si bien hablar del tema continúa siendo un tabú, poco a poco el miedo se desarma. Por ejemplo, gracias a la ley de muerte digna se comenzó a charlar en las casas, ahora se puede decidir en la última instancia de la vida”.

La reflexión personal del bioético Emanuel no hizo más que abrir el debate acerca de cuál es la edad digna para despedirse, sino también de cómo se prefiere que sea el final y si vale la pena hacerse la pregunta. Por lo pronto, para el filósofo Nante, sería provechoso “dejar de considerar a la vejez como una situación límite y considerarla un umbral que hay que traspasar, una oportunidad para buscar algo en nosotros, y para que se recupere y reconozca el valor de la ancianidad”.

Buena salud

El 42,5 por ciento de las personas de 60 años y más considera que su salud es buena, según la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores que se realizó en 2012.

“A los 75 años, el cuidado de mi salud cambiará. Dejaré de visitar al doctor. No voy a terminar con mi vida, pero tampoco intentaré prolongarla”: Ezekiel Emanuel (1957), profesor de bioética norteamericano.

“El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad”: Gabriel García Márquez (1927-2014), escritor colombiano.

“Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa, procuro hacerla enseguida”: Pablo Picasso (1881-1973), pintor español.

“La mochila vacía”

El historiador y escritor Mario “Pacho” O’Donell reflexionó –días atrás– sobre los controversiales dichos del bioético Ezekiel Emanuel a través de una columna en el dominical Perfil, titulada “No morirme (todavía)”. “Siempre he admirado a aquellas personas, pocas, que ahorraron al mundo la visión esperpéntica de su deterioro”, escribió y puso como ejemplo a Greta Garbo y tita Merello. En diálogo con Tiempo Argentino, Pacho, de 73 años, relata cuál es su visión sobre la última etapa de la vida.

–¿Piensa en el momento de la muerte?

–Siempre he sido una persona muy atenta al tema de la muerte. El primer recuerdo que tengo es a los cuatro años, no sé por qué tomé conciencia de que todos se iban a morir y eso me provocó mucho llanto. Al llegar a casa dije que tenía dolor de panza porque resultaba complicado explicar lo que había pensado. La muerte siempre ha estado presente contradiciendo el hábito del ser humano de negar el hecho de su finitud. Santo Tomás decía que somos seres murientes. Comenzamos a morir el primer día de nuestras vidas.

–Emanuel planteó una edad límite, los 75 años, ¿usted ha pensado en una edad ideal para partir?

–Sí. También pensé en los 75 años. A esa edad uno comienza a ser una mala réplica de lo que fue en la vida, perdés audición, visión, capacidad sexual, memoria y vitalidad. Ya noto el paso del tiempo y en un par de años habré perdido mucho más. Después de los 75 años creo que uno ya no es lo que era, es otra cosa. Llegar a dicha edad no me preocupa, ya lo he aceptado. Se llama resignación. Todos vamos a morir y debemos estar tranquilos de haber hecho algo digno con nuestras vidas. No pretendo morir, siempre se conserva el deseo de seguir viviendo.

Ahora me considero una especie de socio de la muerte. Es algo que me resulta natural desde siempre. En gran medida el secreto es llevar una mochila vacía. Muchas veces el dolor que invade cuando muere un ser muy querido pasa por todo lo que no se dijo y/o lo que no se hizo con la persona. El pensar que siempre hay tiempo es un error. De ahí el pensar en llevar la mochila vacía, con la tranquilidad de que hicimos y dijimos lo suficiente.

“Hasta ahora, con 64 años, la llevo bastante bien”, dice Georgina María Godoy. “Sólo pienso en mi vida como la estoy viviendo hasta ahora, lo más tranquila posible. Sólo Dios sabe cuándo vamos a morir. Mi mamá falleció hace dos meses a los 92 años y vivió muy bien. Lo único que no quiero es ser una carga para mis hijos, pero lo cierto es que uno siempre quiere vivir un poco más. Tengo tres nietos y vivo por ellos, quiero verlos crecer.”

Federico Pica tiene 80 años y casi todos los días se reúne con sus amigos en el Bochin Club de San Cristóbal. “Mi base son los 200 años de vida porque me siento bien y tengo ganas de seguir viviendo”, aclara. Se pone serio al declarar que “mi principal problema es que no consigo trabajo, eso me haría muy bien”. Federico enviudó dos veces y tiene un hijo de 50 años. Los domingos va a bailar al Club Chicago de Mataderos. “Me encanta el folklore y el tango, pero antes de morir quiero bailar un rock and roll.”

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18/01/2015 Posted by | Uncategorized | , , , , | Deja un comentario

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